Violette Nozière (Claude Chabrol, 1978)
Ayer a la noche vi 'Violette Nozière', que en España tuvo el maravilloso título de 'Prostituta de día, señorita de noche'.
Isabelle Huppert es una actriz absolutamente increíble. Aquí tiene 25 años, y casi ni la reconozco. Realmente casi nunca la reconozco, cuando pasa de la crueldad al llanto, cuando afirma que en vez de amar dice 'te amo', y la gente la cree. Cuando se muestra frágil y cuando corta como una cuchilla y cuando sin apenas mover un sólo músculo de la cara es capaz de expresar el más oscuro de los sentimientos.
Aquí tiene la cara aún dulce, suave, de niña. Sin esos rasgos duros de ahora. Para mí es la Marlene Dietrich contemporánea.

Lo único malo de 'Violette Nozière' es que Violette tiene tanta fuerza que oscurece todo lo demás sobrevolándolo. Su personaje, que no sonríe ni un instante en las dos horas de película, contiene tanto que arrasa con los movimientos de cámara, con los decorados, con todos los demás personajes. Los devora, sin piedad, y ya está. Y vence hasta a Chabrol, que no puede hacer más que callar y observar mientras Isabelle Huppert es Violette Nozière, que pone las piernas sobre la mesa, que se maquilla y desmaquilla según quiera ser prostituta o señorita. Que tiene tantos ángulos, tantos recovecos, que nunca podríamos llegar a alcanzar a entenderla.

Es, en definitiva, un animal salvaje que es capaz de hacerte creer por un momento que es doméstica, justo antes de perderse en el bosque.

Isabelle Huppert es una actriz absolutamente increíble. Aquí tiene 25 años, y casi ni la reconozco. Realmente casi nunca la reconozco, cuando pasa de la crueldad al llanto, cuando afirma que en vez de amar dice 'te amo', y la gente la cree. Cuando se muestra frágil y cuando corta como una cuchilla y cuando sin apenas mover un sólo músculo de la cara es capaz de expresar el más oscuro de los sentimientos.
Aquí tiene la cara aún dulce, suave, de niña. Sin esos rasgos duros de ahora. Para mí es la Marlene Dietrich contemporánea.

Lo único malo de 'Violette Nozière' es que Violette tiene tanta fuerza que oscurece todo lo demás sobrevolándolo. Su personaje, que no sonríe ni un instante en las dos horas de película, contiene tanto que arrasa con los movimientos de cámara, con los decorados, con todos los demás personajes. Los devora, sin piedad, y ya está. Y vence hasta a Chabrol, que no puede hacer más que callar y observar mientras Isabelle Huppert es Violette Nozière, que pone las piernas sobre la mesa, que se maquilla y desmaquilla según quiera ser prostituta o señorita. Que tiene tantos ángulos, tantos recovecos, que nunca podríamos llegar a alcanzar a entenderla.

Es, en definitiva, un animal salvaje que es capaz de hacerte creer por un momento que es doméstica, justo antes de perderse en el bosque.

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