31 de enero de 2011

Catfish (Henry Joost & Ariel Schulman, 2010)

Ayer a la noche leí en el maravilloso blog de Arácnido en Tupelo un artículo que presentaba 'Catfish' como el polo opuesto de 'La red social'. Dijo que Catfish muestra la otra cara de Facebook (la del usuario) de una manera que, sin desvelar mucho, podríamos sintetizar así : el sueño de Mark Zukerberg produce monstruos.
Y a mí, que no me gustó nada esa cara nominada a los Oscars, pensé que quizás esta otra me resultara más interesante.
Y así fue.

El formato. Toda esta historia del facebook, y no sólo de la red social en sí, sino de esta nueva manera que tenemos de "conectar" los seres humanos unos con otros, exigía el género documental. Lo pedía a gritos. Y digo documental con todas mis reservas, con todas sus mentiras, con todas sus trampas.
Dejemos de creer y demandar la realidad. Sobre la realidad. Es inevitable que como usuaria de internet desde temprana edad pueda sentirme totalmente ajena a los hechos narrados. Nada más lejos: me veo totalmente representada en pizcas, una de aquí, otra de allá.
Sí, confieso Padre, he pecado, he mentido, he ensalzado, he realzado, he creído pseudoenamorarme de gente que no conocía de nada y resultó ser un terrible fraude (f for fake), viendo fotos en las que salían extrañamente muy favorecidos. Sí, confieso Padre, he mantenido conversaciones eróticas, he llamado por teléfono a esos nombres de la red, que mentían, ensalzaban, realzaban. Sí, confieso, he tenido o tengo un facebook falso para jugar con la gente, reírme de ella amparándome en el bendito y peligroso anonimato. Y que tire la primera piedra quien esté totalmente libre de pecado. Y aún encima, dadme las gracias, porque sin gente como yo, seríais aburridos y apagados, sin alguien que os mantuviese alerta.

La película es un puzzle muy adecuado y, sí, sin duda aquello que llamamos la vida real, es su referente más directo.

Además, encuentro sumamente interesante cómo se desarrolla la historia. De principio a fin. Cómo te sumerge en el relato y cómo avanzas con él, como un pez en un arroyo. Ah. ¡Hermosa metáfora!

Si tengo que encontrarle un Pero, y se lo encuentro, me enzarzaré con el final.
Por una parte me gusta que haya profundizado en ese ser que sólo sabe ser fragmentos de aquello que solía ser, de lo que quiso ser y nunca fue. Más allá del cliché de persona fea, y gorda, y con hijos dismuídos y sin demasiadas aptitudes artísticas (sabed leer esto, dejad la demagogia a un lado) que es una mentirosa y que jugó con un pobre (y guapísimo) hombre. PERO. Por otra parte, oh, por favor, ¿no es todo demasiado sensible y lleno de buenas intenciones?
Hubiera querido un poco más de maldad, de perversión, de retorcimiento, y no un final tan dulce y optimista. No me importa lo que haya pasado de verdad, no necesito moralinas. Y tampoco necesito ningún texto que me informe de qué es real y qué no. Quién me dice que tú, director, no me estás mintiendo. Al fin y al cabo, ¿no es de lo que se trata todo esto?

Tamara Drewe (Stephen Frears, 2010)

Acabo de ver 'Tamara Drewe', una adaptación de un cómic que no he leído.

Photobucket


Intenté ver 'Tamara Drewe' hace unos meses, cuando la echaron en el cine en Avignon. Pero se me pasó. O me olvidé. O no me apeteció. O no sé.
El caso es que ayer, haciendo mi paseo habitual por MEJORENVO, una maravillosa PÁGINA WEB que me facilita las DESCARGAS, encontré que por fin había salido en dvd.

Y la vi corriendo, porque la intuí ligerita. Y tengo el día así. Ligerito. Un baño. Un libro. Una coca-cola y aceitunas en la terraza, al sol de las 12 de la mañana. La brisa y la conversación de los chicos de la mesa de al lado. Se autoconvencen de que la universidad no tiene salidas, sólo los F.P. Supongo que esos muchachos no han ido a la universidad. Hablan como RESENTIDOS. Un poco de música también (seguramente la banda sonora de 'Black Swan', que sigue atascada como un microchip en mi cerebro), pasearé por el río en un par de horas.

De algún modo, esta quietud conecta con la quietud que 'Tamara Drewe' retrata. Que es como una balsa. Flota en un remanso asombroso, y me dirás que el relato está avanzando, pero yo casi no lo percibo.
Sin embargo hay algo agradable en ese retrato de un pueblo. Aunque nunca me crié en un pueblo, no me hubiera importado. Creo que todo es más intenso. Y todo el mundo se conoce, eso debe ser agradable.

Me gusta, también, ese volver al lugar donde naciste y creciste, como persona completamente distinta (operación quirúrgica incluída), con el pasado ahí y el presente allá. Me recuerda a una película de John Ford que vi una vez, pero no recuerdo el título. O a una canción de Bob Dylan. ¿No es lo mismo? Ai. El pasado. Quien sabe la verdad sobre ti.

Pero bah. Por lo demás, Tamara Drewe. Se ve acabar desde el instante en el que empieza. Es una más. De entre tantas más.

Photobucket

30 de enero de 2011

Six Feet Under (2001-2005)

Hoy acabé una vez más 'Six Feet Under'.

Es la tercera vez en mi vida que acabo de verla, y aún así, todavía no he aprendido a decirle adiós a los Fisher.
No creo que nunca sea capaz de encontrar ninguna obra a la que quiera dedicarle tantísimo tiempo de mi vida, una y otra vez, y cada vez que ésta acaba, sólo elucubro cuánto tiempo será decente que espere para no estar desquiciada por volverla a ver. Y muchas veces mientras la veo, pienso, si alguna vez pierdo a alguien importante, volveré a verla para poder superarlo. Como si ella pudiera solucionar todos los problemas de mi vida, que es real, pobre estúpida.

'Six Feet Under' es, en mi humilde opinión, la obra maestra audiovisual definitiva. No hay ninguna película, ninguna serie, absolutamente nada que sea tan perfecta como ella.
Es el tratado definitivo sobre el sexo y la muerte. Todas las preguntas, todas las respuestas, todos los dolores, todo está ahí, en esa tumba, en esa colina con ese árbol triste y solitario. Somos seres humanos heridos, y eso es todo. Y estamos vivos. ¿Qué es un poco de dolor comparado con eso? Y si alguien dice 'no puede ser tan simple',
¿y si lo es?

Y si hablo sobre el final de 'Six Feet Under'.
Muchos, muchísimos críticos lo han definido como el mejor final para una serie jamás habido y por haber. Pero bueno. Qué saben los críticos. Eso no es garantía de nada. Sin embargo, no hay ni una sola persona de carne y hueso que conozca que no haya llorado con ese final y que no opine exactamente lo mismo. Yo lo opino. Yo veo esa escena final miles, y miles de veces, y lloro y lloro, y ahora mismo escribo esto llorando, y os juro, que viéndola esta noche, después de haberla visto ocho mil veces, el corazón seguía latiéndome como si estuviera completamente loco, y las lágrimas que salen no son de esas banales, son lágrimas fuertes, que salen desde las mismísimas entrañas, desde el mismísimo dolor de estar vivos y el dolor de saber todo lo que tenemos que hacer y el dolor de saber que no vamos a hacerlo.

Siempre que acabo 'Six Feet Under' me siento sola y perdida en el mundo. Totalmente desamparada. Como si no pudiera vivir sin los Fisher un solo día más.

Siento que podría escribir libros y libros sobre 'Six Feet Under', sin embargo me autoimpongo un freno. Porque os he mentido, ahí arriba. He dicho que no conocía a ni una sola persona que no haya llorado con esta serie, y a esa persona la conocí hoy: mi madre.

Convencí a mi señora madre de que la viera y se la vendí con un te cambiará la vida. En los primeros capítulos bromeaba y cada vez que me llamaba a Francia me decía aún no me ha cambiado la vida, ¿a partir de qué capítulo me la cambiará?. Yo, completamente convencida de que no podría existir una persona sobre la faz de la tierra a la que 'Six Feet Under' no le cambiara la existencia. Y que no, por favor, ésa no fuera mi madre.

El otro día, en uno de esos momentos trágicos en los que yo lloraba desconsolada a su lado, me dijo
pero Paula, es una serie, son personajes, no es gente real. yo si veo algo es para entretenerme no para sufrir CÁLLATE, le grité yo, pues esto me resultaba inconcebible.
Me resulta muy inconcebible que alguien sea capaz de observar algo y permanecer con la cabeza tan fría, tan ajena. Quizás porque yo he perdido la capacidad de hacer eso hace muchosmuchos, muchos años. La línea entre el cine y mi vida me parece ya tan diluída, que creo que en algún punto olvidé que puede que no sea así para todo el mundo.
Y eso es algo que me duele, porque a veces, quizás, Six Feet Under, sea la mejor manera que tenga de mostrarme.
Quizás, Six Feet Under es todo lo que puedo abrirme, sobre la mesa de autopsias, todos mis órganos al descubierto.

You can't take a picture, it's already gone.

Photobucket

27 de enero de 2011

Comédie de l'innocence (Raoul Ruiz, 2000)

La materia prima de 'Comédie de l'innocence' es lo extraño, lo inquietante, lo siniestro, aquello impronunciable.
El resultado, es ese mismo.

26 de enero de 2011

Black Swan (Darren Aronofsky, 2010)

Acabo de ver 'Black Swan'.

Cuando abrí este blog, la condición que me autoimpuse fue escribir nada más acabar la película. Con las escenas aún en la sangre, la música aún latiendo fuerte. Porque las películas cuando las reposas y las meditas, tienen otro sabor. Como cuando degustas un plato exquisito, sólo puedes apreciarlo como es debido cuando lo tienes aún en la boca. El resto, es digestión y memoria.

Yo no quiero digerir 'Black Swan', quiero comerla una y otra vez, disfrutar de este éxtasis, de esa delicia en celuloide. La mejor palabra que se me ocurre para definirla es hermosa, y la borro porque es demasiado cursi.

Y con las plumas aún en la boca puedo escupir intentos torpes de por qué me ha maravillado tanto:

1. El ballet: es uno de los universos más atrayentes que existen. Todas las historias que puedes construir alrededor. La delicadeza, la silueta sobre el escenario. El tutú, las zapatillas de baile, la sangre en los pies destrozados. La competitividad, lo femenino. Tan blanco.

Photobucket


2. La fagotización: otro de los temas que más me obsesionan. Cómo la obra puede engullir a un artista, robarle la vida. Meterse en la piel de un cisne, mientras éste quiebra tus huesos para poder estirar sus alas a través de ti. Más allá del dolor, está la perfección.

Photobucket


3. La bondad, el cisne blanco: esa criatura perfecta, alma perfecta, cuerpo perfecto, un pomelo precioso de desayuno. Suavidad, técnica idónea. Pero que nunca se pierde. Sólo llora y vomita a puerta cerrada.

Photobucket


3. La maldad, el cisne negro: ese que puja por salir, que te rompe los omoplatos, te llena de plumas. El equilibrio es imposible, nadie puede ser los dos cisnes al mismo tiempo. Uno asesinará al otro. Perderse a uno mismo en lo más oscuro de nuestro interior.

Photobucket


4. Los sonidos, la música: ¿es Natalie Portman deslizándose por el escenario o eso que se oye es un cisne que aletea violenta y seductoramente sus alas? Y Tchaikovsky, ese hombre con el que Chema solía reirse de mí.

Photobucket


5. Los personajes: la madre fracasada que intenta reconstruir su sueño perdido presionando a su pequeña hija. Winona Ryder siendo la bailarina demasiado mayor para el escenario que está llena de odio y de muerte. Bendita Norma Desmond.

Photobucket


6. El sexo: el sexo.

Photobucket


7. La espiral de locura: el descenso a los infiernos de uno mismo, pura Repulsión.

Photobucket


8. La cámara: qué bien saben bailar ballet las cámaras.

Photobucket


9. Natalie Portman: la criatura más bella sobre la faz de la tierra. La actriz perfecta para el papel.

Photobucket

The Kids Are All Right (Lisa Cholodenko, 2010)

Supongo que este año, por pasarla acompañada de Enar y Pachi, seguiré la gala de los Oscars.
No es necesario que diga mi opinión sobre dichos premios, o los premios en general, literarios, musicales, cinematográficos. Pensadme como cliché en vez de como persona, y lo que ese cliché diría sobre los Oscars, lo secundo. Corrupción blabla absurdidad blabla basura para complacer blabla escaparate hipócrita blabla falta total y absoluta de criterio artístico blabla.
No obstante, sé fingir por un rato que no pienso así, y para darle un poco de emoción a esa noche con mi bienamada compañía, me hice con alguno de los títulos nominados.

'The kids are all right' es una chorrada. No es que tenga nada terriblemente horrible y estúpido, es simplemente que no tiene nada. De nada. Ni siquiera me ha cabreado sobremanera, no ha producido en mí la más mínima emoción. Es gris, lineal, aburrida, convencional, típico y tópica. Así que sí, supongo que es una película más que digna de los Oscars.

Photobucket

24 de enero de 2011

Je, tu, il, elle (Chantal Akerman, 1974)

A los 20 años vi una película de Chantal Akerman que se llamaba 'La Captive'. Me quedé de piedra. Tras acabar los títulos de crédito, la puse una vez más, sin poder esperar ni un segundo, y la volví a devorar. Entonces me hice con todas las películas de Chantal Akerman, ¿quién sería esa misteriosa mujer que la wikipedia define como: Cineasta residente en París, es reconocida por su estilo destructivo y de humor pesimista. Sus películas están basadas en observaciones sobre la sexualidad, la identidad y lo político?

Por alguna razón olvidé a Akerman en un cajón. Leí cosas suyas, pero no volví a ver ninguna película más. Hoy vi 'Je, tu, il, elle'.
Llevaba bastante tiempo posponiéndola. Soy creyente de que hay un momento para cada película, y ésta exige un Tiempo muy concreto, idóneo. Me pregunto si la película no era adecuada para mí el resto de los días, o si era yo la que no era adecuada para la película.

'Je, tu, il, elle' es una película brillante, un magnífico ensayo sobre el ser, y el espacio, y el tiempo, y la sexualidad, y los demás que no somos nosotros. Y corre todos los riesgos que tiene que correr.
Y eres tú, que también soy yo, espectadora, tirada en tu cama, observándola a ella, personaje, tirada en la suya, durante horas, días.
La película demanda un je, no puedes verla de un modo ajeno, como si fueran cosas que le ocurren a ils. Tienes que participar, del hastío, de la voracidad, de la espera a la nada, del sexo. Tienes que jugar con la película, con su particular ritmo, con sus escenarios y sus silencios.

Photobucket


La sinopsis me parece lo suficientemente maravillosa y explícita como para hacerme callar:
Basado en una historia que la propia cineasta escribió en París en 1968, el filme se divide en tres secciones de análisis: Tiempo de Subjetividad, Tiempo del Otro y Tiempo de la Relación. Los tres tiempos son actuados por la propia cineasta en el personaje de Julie, una solitaria que ejecuta actividades repetidas hasta culminar en una escena lésbica provocativa y voyeurista.

¡Bien!

Photobucket

Photobucket

Photobucket

23 de enero de 2011

Heaven Can Wait (Ernst Lubitsch, 1943)

Hoy he visto 'Heaven Can Wait'. Me he acordado de esto...

Short Cuts (Robert Altman, 1993)

Hoy he visto 'Short Cuts', y me di cuenta de que ya la había visto probablemente hace 8 años, aunque me hubiera olvidado de votarla en Filmaffinity.

Filmaffinity, sí, qué estupidez. Empecé por curiosidad. Proseguí por ego, y aunque no se me ocurre una cosa más absurda que ésta, no me importa reconocerla. Qué sé yo, a los 19 ó 20 años, podía pensar que tenía que ganarles a todos, y pasé mucho tiempo votando esas series o películas infantiles que probablemente ya ni recordaba. Pensaba que ver muchas películas era guay. Ahora creo que hasta me avergüenza, como reflejar en una página cuántas rayas esnifas al día. Ponerles nota, a cada una de ellas, por cantidad, calidad, longitud. La cara al descubierto.
El cine es una cuestión de calidad, yo ya lo sé. Ver en repeat una película de King Vidor me aportaría más que ver 800 películas banales. La razón de ser de Filmaffinity a día de hoy, es la memoria. La misma razón de ser que la de este blog. Pararme 10 minutos sobre las películas, no echarlas en un saco vacío.

Tengo una memoria terrible, para bien o para mal. Lo olvido todo. 'Short Cuts' dura poco más de 3 horas y en ningún momento pude poner la mano en el fuego y decir ésta ya la he visto. Pensaba que quizás esa constante sensación de déjà vu era por Raymond Carver, con ese Tom Waits, ese jazz. El terremoto final, juicio final, sacudirlos a todos, ¿Magnolia?. No estuve segura hasta que apareció un plano, este exacto plano:

Photobucket


Calculo que vi esta película a los 16 años, y ya era fanática de hacer capturas a todos aquellos momentos que me "marcaban". Recuerdo esta misma captura a la perfección, sé que la tuve en una carpeta durante años. Recuerdo esta imagen, la sangre, la cocina, el pelo largo y rubio, el lavavajillas.

Me gustaría poder determinar en qué grado las películas que vamos viendo a lo largo de nuestra vida nos influyen. Estoy segura de que hay algo de esa sangre en mí, de ese jazz desenfrenado, de los gritos, de los helicópteros, de esas casas sucias y destrozadas. Sin embargo, hasta hoy, estaba olvidado.
Qué enorme responsabilidad la del cine, la de construirnos.

22 de enero de 2011

Film Socialisme (Jean-Luc Godard, 2010)

Hoy he visto la última película de Godard.

Leo cosas, y leo Inaccesible e incomprensible para todo el mundo (...) Es una obra realmente bella, llena de sugestivas imágenes, pero la belleza carente de significado no es arte.
Pienso cosas, y pienso, cómo puede caber tanta estupidez dentro de un solo crítico.

¿Qué es el significado? Digo, mi casa es azul. Sabéis que me estoy refiriendo a mí, mía, casa, construcción, hogar, de color, azul, mar, cielo. Si eso es la significación, y me consta que para algunos lo es, no, 'Film Socialisme' no significa nada.

¿Y la sugestión, la evocación de una imagen, no es significado? Veo a una chica bonita, veo cómo su boca se abre, y maúlla, y es dulce, y gira la cabeza. Y gira la cabeza, hacia la derecha, y eso significa algo. Y la imagen de un gato significa algo. Y la poesía significa algo. Y el ruido digitalizado significa algo. El mar, lo significa todo.

Photobucket


Prefiero pensar en lo que dijo Cibrán, que dijo, A cuestión do pasado neste filme está bastante presente. [...] Volve sobre a historia, sobre os enfrontamentos e as guerras, coa perspectiva que ten el de intelectual de oitenta anos tan listo, tan listo, tan listo, que se pode permitir unha visión completamente sarcástica e desgarradora. E nesa ironía pode haber cinismo, pero case todo o que se di é dunha lucidez que asusta.

Photobucket


Nunca pensé que ver una película de Godard fuera una tarea difícil, ni siquiera las cuatro horas y media de 'Histoire(s) du cinéma', que no se me pudieron hacer más suaves. Hay quien opina que el arte tiene que doler.
Sin embargo, la palabra exacta de lo que él ejerce en mí, es hipnosis. Cada vez que veo una película de Godard de más allá de los años 70, es como si meciera un péndulo, duerme, delante de mis ojos. Y sólo oigo el mar, y veo las olas, y puedo estar haciendo esto durante horas, completamente anestesiada, escuchándole hablar de Vietnam, de Palestina, qué me importa el significado de ese caos. Nosotros descubrimos la guerra sólo una vez, pero la vida la descubrimos muchas veces. Y la vida está en la propia existencia de cada una de esas imágenes, más que en la búsqueda de su significado. Yo pronuncio la palabra A r g e l i a, y la acompaño de una imagen, y no te atrevas a negarme que eso no crea significado en tu mente.

De todos modos, a veces no encuentro tantas diferencias entre aquel Jean-Luc y éste de ahora. Une femme est une femme y una obsesión es una obsesión.

Photobucket

Photobucket

Bluebeard's Eighth Wife (Ernst Lubitsch, 1938)

Hoy he visto 'La octava mujer de Barba Azul'. Arte.

Photobucket

Photobucket

Photobucket

Photobucket

Photobucket

Photobucket

Photobucket

21 de enero de 2011

Grand Hotel (Edmund Goulding, 1932)

Hoy he visto 'Grand Hotel', que ganó el Oscar a Mejor Película en 1931.

La verdad es que hay algo increíblemente triste en los hoteles. La gente viene, y se va, y viene, y se va. Cien puertas que dan a un vestíbulo. Nadie sabe nada sobre la persona de al lado. Y cuando te vas, alguien ocupa tu habitación, se acuesta en tu cama.

Sus vidas se desvanecen en cuanto abandonan el frío del edificio. A veces, viéndolas brillar de esa manera en el celuloide, me cuesta creer que Greta Garbo y Joan Crawford pudieran apagarse.
Pero incluso el tiempo del ballet se murió. Ahora sólo se escucha jazz.

Photobucket

Igby Goes Down (Burr Steers, 2002)

Pobre niño rico, niños monos de Hollywood, de pelo rubio y liso. Sonrisa con hoyuelos.
Los hermanos Culkin, pequeñas supernovas, destellos de luz extremadamente intensos que pueden durar semanas, meses. Desaparecen paulatinamente, desaparecen completamente. Y ninguno de nosotros que rió con vosotros es capaz de deletrar vuestro nombre. Sois lo que los franceses llaman 'les incompetents'. Tenéis ojeras crónicas.
Niños que se drogan, que entrecierran los ojos, que consumen su vida antes de los 15. Autocompasión, refugio y excusa de este horrible, horrible e hipócrita mundo. Querréis ahogar a vuestros padres, suministrarles veneno, meterles la cabeza en una bolsa mientras el pintalabios rojo de mamá queda marcado en el plástico.
Vive deprisa si se te antoja, pero no sé si tu cadáver será muy bonito.

Photobucket

20 de enero de 2011

Happy Times Hotel (Xingfu shiguang) (Zhang Yimou, 2000)

Hoy he visto 'Happy Times Hotel', una comedia china.

El humor tiene un problema, y es que va de la mano de un sentido, que es algo que no todo el mundo comparte.
Existe el humor absurdo, el español, el inglés, el americano, el humor negro, el verde, el amarillo, y para gustos colores.
Y existe también el humor Ricky Gervais, un tipo que los hollywoodienses no comprenden.

Ninguno es mejor que otro, cada persona tiene su sentido del humor, y a mí por lo poco que he visto, el "humor chino" nunca me hizo la más mínima gracia. Lina Morgan me hace reír mucho, y los Monty Python también.

Photobucket


¿Y qué queda cuando le quitas lo cómico a una comedia? A veces, nada. Otras veces, queda el esqueleto de lo humano, la tragedia más cotidiana, porque lo mejor de la buena comedia, es que siempre hay algo tras ella que no podría hacer reír a nadie.

The Long Night (Anatole Litvak, 1947)

Hoy he visto 'The Long Night', que estaba en mi dvd de cine negro de la RKO.

Pasa con todas las películas de cine negro de la RKO que ninguna te sorprende demasiado porque ya sabes de qué va todo (historia, personajes, iluminación, final), pero en mayor o menor medida, encuentras muchísimos aciertos a todos esos mismos niveles.

Y si no los encuentras, tienes a Henry Fonda (mmmm) y a Vincent Price. Canela en rama.

Photobucket

Photobucket

19 de enero de 2011

No controles (Borja Cobeaga, 2010)

Hoy he ido al cine a ver la última película de Borja Cobeaga, 'No controles', que en un principio se iba a llamar 'Retrasado', un título infinitamente mejor.

Borja Cobeaga tiene dos cortos muy divertidos y 'Pagafantas', película que vi ¡dos veces! sin entusiasmarme locamente, pero que tiene sin duda algo interesante. Y ese algo es que me hace reír, cosa bastante complicada.

Si hiciera una película más del estilo, podríamos hablar de una 'Trilogía de la estupidez humana'. Ver 'No controles' me ha hecho constatar el as que Cobeaga se guarda en la manga: sus personajes son absolutamente patéticos, algunos más explícitamente estúpidos que otro, y todos nos vamos a ver reflejados en cualquiera de sus debilidades porque no somos héroes, somos tristes y perdemos constantemente.
No es compasión, es comprensión.

'No controles' es muy humana en el ¿peor? sentido de la palabra. Cuenta con una recopilación de desgracias que sufrimos en cuanto intentamos relacionarnos con otros seres humanos.
Una, en concreto, me ha tocado muy de cerca. La protagonista está con su nuevo novio tocando en el piano canciones que le tocaba a su ex y que éste conocía muy bien, y le hace una broma que solía hacer con ese mismo ex, y que el nuevo no comprende. Y hace esa mueca triste, resultado de la inevitable confirmación de que esa persona no es aquella otra que perdiste, sino una copia defectuosa, sin color. Es el terrible e inevitable sentimiento de la comparación que siempre sale perdiendo, y ya lo decía Julio de la Rosa: todo puede ser, pero no como antes.

No puedo negar que mi corazón late más fuerte cuando sobre el título empieza a sonar Segundo premio de Los Planetas, y te embarga esa irracional e infantil sensación de euforia, de complicidad. Y todo cobra sentido cuando escuchas que es imposible que hayas olvidado lo que los dos podíamos hacer.

Por otra parte, me pregunto cuánto queda de esta película si le arrebatamos a Julián López. Cientos de veces un actor es capaz de levantar un guión, pero creo que en este caso es algo extremo, tanto que colapsa todo lo demás. El humor del chanante es la estrella principal.

Photobucket


Claro que tampoco tiene demasiada competencia, teniendo en cuenta el mal casting de los protagonistas, porque, ¿en qué clase de universo paralelo podríamos creernos que el perro pachón que salía en Los Serrano podría tener la osadía de rechazar al hermoso de Unax Ugalde?

Trouble in Paradise (Ernst Lubitsch, 1932)

Hoy he visto 'Trouble in Paradise', una película de Lubitsch, que como bien dijo Truffaut, era un príncipe.

Lubitsch utiliza siempre en sus películas entornos y personajes que pertenecen a la aristocracia. Eso le permitía hablar de eso que le interesaba tanto: las apariencias, la falsedad. Y sobre todo, le permitía crear una distancia entre el público y sus personajes. A lo Brecht: la identificación es peligrosa, sin una distancia prudencial no somos capaces de ser críticos respecto a aquello que vemos, ni somos capaces de encontrar la problemática ni desenvolver nuestra propia conciencia, sino que somos manipulables.
Claro que Lubitsch trabajaba en Hollywood, donde utilizar mecanismos de identificación era casi como un mandamiento.

A veces me pregunto por qué estas películas, especialmente de la década de los 20 y los 30, no podrían tener un hueco verosímil en el panorama cinematográfico actual. Creo que es porque son tan potentes, tan certeras, que asentaron absolutamente todas las bases de lo que es Cine (el poder de la relación de las imágenes).
Esas bases hoy en día, gracias a él y a tantos otros, están asentadas, por lo que podrían resultar ridículas para un espectador nutrido única y exclusivamente con cine contemporáneo.

Lubitsch rara vez hacía sus propios guiones, siempre trabajó con diferentes guionistas (aunque algunos más recurrentes que otros), y sin embargo todas sus películas cuentan con un guión magistral. Frases retorcidas, tan elegantes, con tanto transfondo.

Photobucket


Pero no se puede hacer una buena película con una buena frase. En el guión está escrito: Los dos personajes se besan mientras dicen "Semanas, meses, años".
Y eso no significa nada y hay mil maneras de filmar esa escena. Pero lo que vemos en la pantalla es esto. Y supongo que eso es lo que suelen llamar y por lo que se preguntaba Cibrán, el toque Lubitsch.

Photobucket

Photobucket

Photobucket


O el toque Lubitsch es tener el valor y la inteligencia de filmar un periodo temporal y de acciones que abarcan 9 horas utilizando única y exclusivamente planos de relojes y la voz en off de los personajes, acompañada por diversos sonidos y sombras. Y resolverlo todo en 2 minutos de película, y transmitir con esto todo lo que queremos transmitir, pero con toda su fuerza y riqueza expresiva.

Photobucket

Photobucket

Photobucket

Photobucket


Pienso en otra historia de carteristas filmada años después a la francesa por Bresson, 'Pickpocket' y en cómo son absolutamente opuestas y me doy cuenta de que aunque no lo menosprecie en absoluto, no es el guión, es ese famoso toque el que realmente hace la diferencia.

18 de enero de 2011

Comprar, tirar, comprar (Cosima Dannoritzer, 2010)

Acabo de ver 'Comprar, tirar, comprar', un documental sobre la obsolescencia programada tan interesante como necesario.

Como me suele ocurrir con casi todos los documentales que no son de Joaquim Jordà o de Agnès Varda, me olvido de que estoy viendo una película porque el mensaje y la información absorben toda mi atención.
Supongo que esa es una de las razones por las que los ignorantes suelen decir que los documentales no son cine, y viendo estos formatos tan tradicionales, entiendo que a veces el género pueda ser confundido con una noticia de telediario extendida. Imágenes que apoyen lo narrado, música prescindible, voz en off.

Sin embargo 'Comprar, tirar, comprar' es una película que aporta algo desde el punto de vista informativo. Me cuenta cosas interesantes, me ofrece diversos puntos de vista (aunque a veces pierda el norte pecando de acoso y derribo a alguna empresa en concreto) y hace un breve repaso por el funcionamiento de la economía y el consumismo, desde que se inventó la primera bombilla con fecha de caducidad programada hasta los fallos de las baterías de los iPods actualmente.

Y me ha hecho sentir mal, al pasarme la mitad del documental asintiendo con la cabeza o viéndome reflejada en casi todos los actos derrochadores de lo más estúpidos e innecesarios, siendo víctima y causante de este mal llamado consumismo.

A Dog's Life (Charles Chaplin, 1918)

Hoy he visto 'A Dog's Life' porque escribí un artículo para el fanzine de Chema sobre los perros en el cine, y me encontré con esta película.

Nunca me llegan las palabras para hablar de Chaplin, que es más poesía que prosa.

Esta película, como todas las suyas, me hace pensar en qué bueno era el cine social cuando no consistía en esas absurdidades de Ken Loach. En lo maravilloso que es reírse de lo triste.

Con él es como si lo viéramos todo por primera vez, nosotras, floristas ciegas.

Photobucket

Mumford (Lawrence Kasdan, 1999)

Hoy vi 'Mumford'.

Lo cierto es que el guión, aunque absolutamente clásico (¿cuándo la palabra clásico es negativa y cuándo positiva? ¿qué diferencia a clásico de manido o tópico?), funciona a la perfección. No es más que la fórmula hollywoodiense tradicional, ¿por qué no iba a funcionar?
Sin embargo, ¿por qué una película de Frank Capra puede utilizar esa fórmula impunemente y salir airosa y una película actual comete un crimen si lo hace?
No lo sé. Quizás porque ya deberíamos estar a otra cosa. Avanzar. Ser creativos. Aportar algo más. Renovarnos. Hacer que el cine camine, no condenarlo a una silla de ruedas y lanzarlo por una colina. Todos sabemos dónde y cómo acabará.

Sin embargo, siendo honestos, hay bastantes películas actuales que siguen esa fórmula que incluso adoro. Supongo que la clave está en todo lo demás que no es guión y que también es cine.
'Mumford' cuenta con unos personajes amables, nos habla de un universo que todos podemos comprender (el de las perversiones, el de las mentiras, el de la soledad), y parece que no le hace falta más que eso.

Lamentablemente, tiene demasiadas buenas y dulces intenciones como para acabar de convencerme.

Eso sí.
¡Zooey Deschanel en su primera película con 19 añitos!

Photobucket


¡Y Peggy Olson con 17!

Photobucket

12 de enero de 2011

Sweet Charity (Bob Fosse, 1969)

Hoy he visto 'Sweet Charity'.

Bob Fosse es mi coreógrafo favorito junto con Busby Berkeley.

Su ópera prima tiene muchos errores perdonables. Encuadres que no vienen mucho a cuento, una indefinición de géneros un poco extraña, zooms caóticos, pausas innecesarias.
Sin embargo, oye, es Bob Fosse. En cuanto se pone a coreografiar, le salen maravillas.

Photobucket


Sus coreografías siempre me dejan boquiabierta (especialmente las de 'All that jazz', la niña de mis ojos), y no por un despliegue de medios, de colores y de luces como suele pasar con estos musicales de mucho dinero de Cyd Charisse y Gene Kelly, sino por ese increíble sentido del ritmo que tiene. Nadie maneja las pausas como él, nadie es capaz de sacar el ritmo del interior de los cuerpos de esa manera. Esos chasquidos tan característicos, esos movimientos, y sobre todo, lo bien que compagina el medio cinematográfico con el baile, cómo se responde con los encuadres, dialoga con ellos, y lo convierte en algo absolutamente expresivo.

Éste es el mejor número musical de 'Sweet Charity'.



Además, tiene momentos muy divertidos.

Photobucket