Tagebuch einer Verlorenen (Tres páginas de un diario, G.W. Pabst, 1929)
Me encanta cómo el cine mudo diseccionaba los movimientos y parecía hacerlos eternos. Cómo se detenía en todo, sin prisa. Cómo se quedaba con cada mínimo gesto, y lo repitía, y lo reanudaba y lo retorcía. Cómo no temía excederse. Pabst le devuelve la sonrisa a Louise Brooks.