30 de noviembre de 2010

The Unbearable Lightness of Being (Philip Kaufman, 1987)

Hoy he visto 'The Unbearable Lightness of Being'.

No sé si la película de Philip Kaufman es lo mejor que se podría haber hecho como adaptación literaria.
Cinematográficamente se puede decir que no tiene demasiadas maravillas, entre ellos la elección de Juliette Binoche para el papel de Tereza, que si bien pienso que es bastante acertado, es una mujer que no amo en absoluto y que me irrita sobremanera. No puedo hacer nada contra mis psicosis, y es cierto que el director no tiene la culpa de ellas, pero no soporto su debilidad, me parece una actriz muerta, gris, de un solo gesto, y siempre tiene el flequillo abierto.

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Sin embargo la historia es cautivadora, como todos los grandes retratos que se toman su tiempo para contar las cosas bien. El médico que consigue que todas las mujeres se desnuden con tan sólo pedírselo, la débil, y la fuerte, la que no puede/sabe hacer otra cosa que huir.

Los rusos en Praga. La bandera checoslovaca que como gran parte de las banderas, un tercio es del color de la sangre. Revolución, crimen, silencio, tanques. Me gusta cuando me dejan ver cómo la gente en otra época parecía tener más sangre en las venas. Consecuentemente la perdían más a menudo que nosotros, ahora, refugiados tras tantas excusas y tranquilizantes. Demasiados tranquilizantes.

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Me gustan también todas aquellas cosas apuntadas. Me gusta, especialmente, cómo la mujer débil quiere acercarse a todas aquellas mujeres fuertes con las que su marido se acuesta. Para ver si se le contagia algo de esa fuerza, de ese asentimentalismo, ella, que no se siente cómoda desnuda. Creo que la escena de las fotografías en casa de Sabina es absolutamente mágica.

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Dostoevsky, cámaras fotográficas. Un sombrero. ¿Erotismo? quizás.

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Muy a mi pesar, aquí también me encontré.

La vida es muy pesada para mi, y muy leve para ti. No puedo soportar esta levedad, esta libertad. No soy lo bastante fuerte.
En Praga sólo te necesitaba para el amor. En Suiza dependía de ti para todo.
¿Qué pasaría si me abandonaras? Soy débil. Regreso al país de los débiles.

28 de noviembre de 2010

Cineastas contra magnates (Carlos Benpar, 2005)

Hoy he visto 'Cineastas contra magnates'.

Tengo una debilidad (ay qué calamidad, mi vida es un disgusto) por los documentales sobre cine. Películas como 'This Film Is Not Yet Rated' que tratan de cuestiones, problemáticas concretas, y entrevistan a muchos directores, y algunos se enfadan y gritan y te cuentan anécdotas. Son divertidos a la par que interesantísimos.

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'Cineastas contra magnates' es un poco así, pero también es una película muy inteligente, que aprovecha muy bien todo lo que tiene alrededor, sobre todo el montaje. ¡Qué montaje!

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Aquí escuchamos a Woody Allen, a Federico Fellini, a Claude Chabrol, a Milos Forman, a Berlanga, a Arthur Penn, a Vilgot Sjöman o a Liv Ullmann. Quién no querría escuchar lo que tienen que decir acerca de cómo la televisión, los cines, las productoras, en fin, los magnates, maltratan e insultan las obras cinematográficas originales.

Me ha recordado en cierto sentido a las 'Histoire(s) du cinéma' y también, de alguna otra manera, a Joaquim Jordà. Tiene algo cómico, hilarante, irónico, teatralizado que le sienta muy bien al tono general, que lo hace original. A ratos, se mueve entre lo ridículo y la genialidad. Y esto, para mí, es algo que pasa muchas, muchas veces con las películas que tienen algo interesante.

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26 de noviembre de 2010

Yes Man (Peyton Reed, 2008)

Hoy he vuelto a ver 'Yes Man'. Recuerdo que la vi cuando salió, corriendo, en el cine.

Me da igual que sea la misma estructura narrativa que he visto 45.679 veces, que sea plana, previsible, tópica, engañosa. 'Yes Man' es maravillosa por 4 razones.

1. Como dijo una vez Lisa Simpson, Jim Carrey consigue hacerte reír con el mero agitar de sus extremidades.

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2. Zooey Deschanel es La Mujer, todos lo sabemos. Es blanquita, preciosa, graciosa sin quererlo, suave, huele bien, tiene una moto con un casco genial, saca fotos haciendo footing y toca en un grupo llamado Münchausen by proxy con las mejores letras y performances del universo. Además su ropa y su pelo son siempre maravillosos.

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3. Eels. Todo el rato Eels.

4. Jim Carrey, Zooey Deschanel & Eels. ¡Juntos! ¡Gloria!

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25 de noviembre de 2010

The Yellow Rolls-Royce (Anthony Asquith, 1964)

Hoy he visto 'The Yellow Rolls-Royce'. Tres historias, una Jeanne Moreau, una Shirley MacLaine, una Ingrid Bergman.

-¿Él te quiere?
-No creo.
-Eloise, por el amor de Dios, ¿por qué?. Supongo que es una pregunta estúpida.
-No, estúpida no. Es imposible de contestar.
-¿Qué debemos hacer?
-Continuar, supongo. Qué otra cosa podemos hacer.
-Dios mío, cómo voy a odiar la vida de ahora en adelante.

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-Es la mujer más estúpida, la más insensible, y la más inconsciente de todo el planeta. Esa es mi novia, mia fidanzata. Y de todas las mujeres que he podido elegir para ser mi esposa, ¿a quién he elegido?. A una ignorante chica del guardarropa que cree que Pisa, la Piazza del Duomo en Pisa, es una parada entre dos hamburguesas.

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-Me voy ya. Las despedidas son tristes, y no deben prolongarse.
-Las despedidas pueden romper el corazón.
-No exageres. Los corazones nunca se rompen. A veces se dañan un poco, eso sí, pero se rehacen.

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Au coeur du mensonge (Claude Chabrol, 1999)

Hoy he visto 'Au coeur du mensonge'.

Al verla, me he preguntado sobre las entretelas, las entrañas, lo oscuro y escondido.
No deja de ser interesante cómo Chabrol hunde las manos en el barro, sin miedo a ensuciarse, cómo hace una autopsia de todas aquellas cosas sucias, y al final de la película todos tenemos las manos manchadas de sangre, a causa de navegar entre vísceras.

Pasa muchas veces con las películas de nuestro querido parisino (y con tantos otros) que en cuanto se nos plantea una incógnita, nos cegamos y sólo queremos obtener una resolución a la misma. Sólo queremos saber quién es la madre del hijo de Bill Murray, y cuando no lo sabemos nos enfadamos, sin darnos cuenta de que son los entresijos que nos han conducido a ese punto los que realmente importan. La búsqueda. Ese mar de psicos.

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Me pregunto sin querer obtener una respuesta por qué la gente quiere tener respuestas. ¿Quién querría saber nada sobre la verdad? La verdad es gilipollas.

24 de noviembre de 2010

Nabbeun namja (Kim Ki-duk, 2001)

Hoy he visto 'Nabbeun namja', que no tiene alma, sólo silencios y llanto y sangre y música inoportuna. Gente que no parece morirse nunca.

Kim Ki-duk es un maestro de la composición y de tantas cosas más, pero 'Bad Guy' fracasa en todas sus buenas intenciones, se pierde en las tonalidades marrones, se pierde en un medio camino entre lo grotesco y lo delicado, entre las calles mojadas, la noche eterna, y no llega a rozar siquiera ningún sentimiento dormido.

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22 de noviembre de 2010

Touchez pas au grisbi (Jacques Becker, 1954)

Hoy he visto 'Touchez pas au grisbi'.

En esta película de gangsters, donde hay más sentimientos que balas, nos encontramos con Jeanne Moreau a sus veinti y tan pocos.

Siempre me fascinó cómo unos ojos que se sitúan tras una cámara pueden cambiar la percepción de la belleza de una persona. Mi conclusión es que tal cosa llamada belleza simplemente no existe, en ninguna de sus formas. Nadie existe si no es a través de los ojos de otra persona.
Creo que quizás, si Godard no hubiera mirado de esa manera a Anna Karina, con esos ojos tan suyos, con toda esa devoción desbordada, ninguno de nosotros la habríamos visto nunca tan insultantemente bonita. Una vez vi un anuncio de jabones que hizo para la televisión a los 18 años y no, esa no era nuestra Anna Karina, esa era una chica, con rasgos en la cara, con partes en el cuerpo.

El problema es que el mundo está lleno de gente sin ojos. Y a los ciegos, suerte.

Aquí Jeanne Moreau está arrebatadora, con ese pelo, con esa luz, a través de esos ojos. Y yo nunca la había visto demasiado guapa, en ninguno de los sentidos.
Y gracias a que Pierre Montazel, el fotógrafo, con toda seguridad nunca fue a una escuela de cine en la que le enseñaron a utilizar filtros y a matizar y suavizar con focos de relleno las sombras, 'Touchez pas au grisbi' nos ofrece maravillas como esta:

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21 de noviembre de 2010

Mystery Train (Jim Jarmusch, 1989)

Ayer volví a ver 'Mystery Train'.

Recuerdo que descubrí a Jim Jarmusch hace 5 ó 6 años, de la mano de Jonathan.
Ese mismo año, fui viendo una a una fui todas sus películas. Descubrir esa manera de sostener la cámara, esa manera de crear personajes tan vivos, esos (sí) silencios inestimables.

Es como si aquel año que empezamos a estudiar cine, cada uno se hubiera apropiado de un director. El mío era Godard, lo es desde hace tanto. Y Jim Jarmusch pertenecía a Jonathan, de tal manera, que le daba las gracias en los títulos de crédito de los cortos que grabábamos. Yo me puse celosa y empecé a darle las gracias a Godard. Agradecerle a Godard es pretencioso, agradecerle a Jim Jarmusch es algo maravilloso e irónico.

Es por eso, que hoy por hoy no me atrevería a hablar de Jim Jarmusch. Porque no es mío, aunque me encantaría que lo fuera, también.
Apoderarme de la incomunicación, de sus encuadres certeros, pasear por sus escenarios, desoladores, esa luz, por Memphis, buscar a Elvis, atreverme a hablar de los fantasmas y a hablar de esa soledad intrínseca, estar desterrado, ser desarraigado, caminar, pequeña maleta, encontrando historias en cada esquina.
Saber que sí, it's a sad and beautiful world.

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18 de noviembre de 2010

16 de noviembre de 2010

Double Indemnity (Billy Wilder, 1944)

Hoy he vuelto a ver 'Double Indemnity'.

Por 'Assurance sur la mort' la conocen los franceses. Yo toda la vida la llamé 'Perdición', que es una palabra encantadora y que me tendría pensando en ella durante horas. Puedes decir me llevó por el camino de la perdición, y es seguro que ese es un camino que yo querré recorrer. Perdición, es mucho más que perderlo todo, es llegar a un punto de no retorno. Estar perdida y ser una pérdida, como me dijo Laura el otro día. Perdición, que también es una pasión desenfrenada de amor, o simplemente la condenación eterna. Por una vez, creo que el título traducido es perfecto.

No voy a ponerme a hablar de lo impecable que es 'Perdición' técnica y narrativamente, porque mucha gente lo ha hecho ya, y creo que es una de esas películas de cine clásico que son accesibles a todo el mundo, porque todas sus virtudes están escritas con letras mayúsculas, irreprochables, rotundas. Es una película que enamoraría hasta al más cínico.

Sólo puedo pensar en 'Perdición' sentimentalmente, pues la primera vez que la vi fue hace, por lo menos, 6 ó 7 años, y recuerdo la sensación de entender por primera vez el cine mucho más allá del cine. El cine mucho más retorcido, la Inteligencia, los dobles sentidos, el humo, la ironía, las femmes fatales, la lluvia, los rincones oscuros. Todo por primera vez. Y rendirme a los pies de Billy Wilder, enamorarme del despotismo, aceptar mi maldad, y querer ser femeninamente machista.

14 de noviembre de 2010

A Woman's Vengeance (Zoltan Korda, 1948)

Hoy he visto 'A Woman's Vengeance'.

-Es dificil creer que eres realmente tú. Nada tiene aspecto de realidad. Ese reloj. Cuando uno piensa en el tiempo, escurriéndose como la sangre de una herida. Y no lo puedes detener. Gota a gota, va deslizándose y fluyendo hasta dejarte muerto.

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84 Charing Cross Road (David Hugh Jones, 1987)

Hoy he visto '84 Charing Cross Road'.

Es una película bastante tradicional en muchos sentidos, pero tiene ese algo londinense, esa bruma, ese grano de la película, esa tristeza existencial e inexplicable, un discretísimo encanto.

Tenía muchas reservas a la hora de verla, porque no soporto las historias cursis de amor (cosa que al final no encontré), no soporto las historias de cartas, y no soporto Londres. Sin embargo, he acabado llorando, quién sabe si la película fue el motivo o una excusa. Antes lloraba constantemente con todas películas, incluso con las más estúpidas, con el detalle más nimio. Ahora soy más fuerte por fuera.

El personaje de Anne Bancroft tiene una fuerza increíble, y Anthony Hopkins es un actor maravilloso, pero siempre será un caníbal para mí.

Los dos personajes no se llegan a ver nunca. 'Yo nunca llegué a ir. Soñé con ello durante tantos años. Solía ir a ver películas inglesas sólo para ver las calles', dice ella tirada en la alfombra roja rodeada de libros. Sin embargo, ambos se encuentran en una escena preciosa, en la que se miran cara a cara y mantienen su última conversación en plano/contraplano, traspasando todas las fronteras temporales y espaciales. Diferentes países, diferentes cielos. Tan lejos, tan cerca.
Ya se sabe, lo que no se puede conseguir en la vida, se consigue en el cine.

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13 de noviembre de 2010

La Soledad (Jaime Rosales, 2007)

Hoy he vuelto a ver 'La Soledad', porque la elegí para hacer un trabajo para clase y abordar la cuestión de cine social. Transcribo algunas cuestiones.

Se podría decir que Jaime Rosales se interesa por retratar esas irrupciones, esas explosiones que sacuden los cimientos de la vida humana. En todas sus obras el giro narrativo que cambia la existencia viene de la mano de otro ser humano (ya sea un individuo o una organización). Los personajes que padecen las consecuencias se convierten automáticamente en víctimas, ajenas a las causas originales de su propia tragedia, y por lo tanto inocentes.

Basándose en estas constantes, se suele definir a Jaime Rosales como un director de cine social, y él mismo afirmó en más de una ocasión que la intención de su cine es ‘despertar conciencias’ (que se suponen dormidas), un concepto muy interesante que alude a la dimensión didáctica del género.

En la emergencia de este posible género llamado social, podríamos definirlo como una serie de constantes que aluden a determinados conflictos o tensiones que subyacen en el panorama actual.
Este terreno es muy propicio a ser narrativizado, pues se trata de materia novelable donde los personajes acostumbran a ser víctimas de su contemporaneidad y las circunstancias que les rodean, y como los grandes héroes de las tragedias griegas, son sufridores del fatum o destino trágico.

La cuestión planteada sería, ¿en qué medida ‘La Soledad’ puede ser considerado cine social?

Si algo diferencia a esta película de los otros filmes de temática social, es la desdramatización absoluta.
Este es un punto de gran interés. Se podría considerar que tomar una situación de la realidad y tratar de representarla en su faceta más dramática, explotando con los recursos que ofrece el cine todos aquellos problemas que las personas reales sufren, es tramposo e irrespetuoso. Es tramposo porque el drama extremo es un arma de identificación emocional infalible, a la que el espectador no se puede resistir. Y es irrespetuoso porque a base de distorsionar y/o exagerar este conflicto humano real (partimos de la base de que el cine social si bien no está siempre basado en hechos reales, siempre lidia con un problema real de la sociedad), el resultado es más un producto con beneficios que una cuestión humana.

Es por esto que es un acierto que el drama en ‘La Soledad’ esté reducido y sea observado desde una perspectiva fría, alejada y aséptica, que es la única forma de objetivizar un problema y poder analizarlo.

Sin embargo ‘La Soledad’ no es propiamente un análisis, sino una exposición. El resultado obtenido a través de los encuadres siempre enmarcados, de la polivisión y de todos los artificios cinematográficos de los que echa mano es acusar o darle el status de voyeurista al espectador. Convertirlo en un ciudadano que observa desde una distancia prudencial a esos personajes que podrían ser sus amigos o vecinos, y todos esos problemas que podrían o no atañerle.

Ciñiéndonos a la temática, se podría decir que ‘La Soledad’ no habla de terrorismo, pues no presenta ninguna argumentación ni posición al respecto más que mostrar una acción que ocupa apenas cinco minutos de todo el metraje. Se limita a exponer la vida en un antes y un después de una explosión que sacudió los cimientos de la vida de una persona, y sus secuelas emocionales.

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Sin embargo, sí habla a grandes rasgos de personajes que son víctimas de la sociedad: la incomunicación, el problema de la vivienda, de pequeñas tiendas que cierran, de conflictos familiares, incluso de la soledad. Cabe preguntarse si la soledad puede ser considerada un problema social, y no deja de ser irónico, pues no se puede estar solo socialmente, ya que la soledad te convierte en un individuo y te aísla de este contexto.

Se podría decir que el tema tratado es la fragilidad del estado de bienestar, una felicidad que peligra en la medida en la que no somos capaces de controlar las acciones de esa sociedad aún cuando formamos parte de ella.
El conflicto reside en estos Sujetos de los cuales seguimos su trayectoria, pero que entre ellos no llegan siquiera a rozarse, que desean algo que no tienen (ya sea vivir en la ciudad, comprarse un piso en la playa, superar un cáncer, evitar que su madre venda el piso de toda la vida, o en el caso de Adela simplemente poder volver atrás), que carecen del saber para obtener estos deseos, y sólo encuentran opositores en su camino.

Curiosamente la única persona que consigue aquello que quería es Helena. Sin embargo tras alcanzar aquello que deseaba, el personaje nunca llega a estar satisfecho ni feliz, pues en cuanto consigue algo, pasa a desear aquello que ahora ha perdido. Esta es un representación perfecta de la mente humana, una constante pérdida y consecución de deseos que nunca conducen a ninguna parte.

etc, etc, etc.

11 de noviembre de 2010

La mujer sin piano (Javier Rebollo, 2009)

Hoy he visto 'La mujer sin piano'.

Después de ver en la Filmoteca de Barcelona 'Lo que sé de Lola', llevaba ya un año tras esta película, y me parece realmente triste que fuera imposible verla en España y que la proyecten en un cine de Francia. Pero no voy a empezar a quejarme de cómo maltratamos nuestro propio cine, ni de distribución, ni de exhibición, ni de todas esas cosas que me cabrean tanto. Al menos tuve la suerte de poder escuchar al director en el coloquio posterior a la película.

Tras los títulos de crédito con Schubert y su fantasía para piano a cuatro manos, dijo que si queríamos podíamos permanecer en silencio mirando la pantalla en blanco, que eso también es bello, a su manera. Es cierto que a veces sólo se puede responder con silencio a todas esas cosas que nos encantan.
Y él mismo, que padece también una enfermedad del oído, nos cuenta que hizo la película porque, como decía siempre Woody Allen, 'aquello que no he podido arreglar en la vida, lo he intentado arreglar en el cine'. Me parece maravilloso poder saldar las cuentas con todos tus diablos y proyectarlos para alejarlos de ti.

La película habla de una mujer que pertenece a una generación que se ha olvidado de ser mujer. Que cuando se casa, cambia en su cartilla el nombre de 'Mujer' por el de 'Casada'. Y todo lo que la rodea son puntos suspensivos, suspensivos... suspendidos.

No deja de ser curioso que esté catalogada como Drama. Comedia., y es que mis partes preferidas de la vida son aquellas en las que realmente no sabes si reir o llorar. El ridículo estirado acaba convirtiéndose en poesía.

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También habló Javier Rebollo de que él reconoce a un buen actor por cómo escucha y por cómo camina. Que se puede reconstruir la historia del cine según la forma de caminar de los actores, desde Chaplin, pasando por Gary Cooper y hasta Marilyn Monroe. Y ahora Carmen Machi, que incluso Fanny Ardant dijo al ver esta película ¡cómo camina, es increíble!. Realmente lo es. Con el ruido de los tacones, por las calles empinadas de Madrid, con tanta tristeza y fortaleza, sin miedo, increíble.

Un espectador le dijo: 'Todo es feo. Los lugares son feos. Las personas son feas'. Él aseguró 'Me gusta lo bello de lo feo'. Puede sonar tremendamente típico, pero es de las pocas veces que creo a alguien cuando dice eso.

Realmente me cautivó cómo la película atrapa el tiempo. La mayoría de las películas que veo me dejan una sensación de rapidez, de agobio, de que todo se escapa de entre las manos, porque hay saltos temporales por todas las esquinas, elipsis, aceleraciones. La mujer sin piano se detiene, suave, está llena de relojes en casi todos los encuadres. Podemos apreciar como, después de acabarse su copa de coñac y volver a la barra, el reloj ha avanzado sólo 4 minutos. Y así, lentamente, la noche no se escurre, sino que la noche es nuestra.

También me cautivó cómo cada encuadre es realmente en cuadro, un hombre, tres lobos y dos flechas. Y qué va a hacer el hombre, con sólo dos flechas y rodeado de tres lobos. Como si el ojo hubiera decidido pararse en un sitio, y simplemente observar algo fijamente, sin seguir con panorámicas ni travellings prácticamente ningún movimiento. Como quien mira algo ensimismado. Todo el metraje es un negociar con el instante.

A todos y a todas nos falta un piano, unas zapatillas de ballet. Algo que hemos perdido y nunca hemos recuperado, algo que hemos deseado y perdido. Un trineo llamado Rosebud.

9 de noviembre de 2010

4:30 (Royston Tan, 2005)

Ayer vi '4:30'.

Como todas las películas sobre la soledad, reina la quietud, el silencio y la oscuridad, como si no se pudiera sentir entre coches y entre gritos y entre velocidad y entre calles y entre luces.

Aunque parezca imposible no empatizar con una película sobre este sentimiento, 4:30 me deja fría y perdida. Quizás ahí resida precisamente el absurdo de intentar retratar la soledad. Que aunque sea capaz de verla reflejada frente a mis ojos, como un espejo, ésta no me va a acompañar. Yo seguiré en mi habitación, sola, cara a cara con ella.
Y no, nunca podré deterner el tiempo, sola.

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7 de noviembre de 2010

La petite Lili (Claude Miller, 2003)

Hoy he visto 'La petite Lili'. Nada nuevo bajo el sol.

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Dr. Jekyll and Mr. Hyde (Rouben Mamoulian, 1931)

Hoy he visto 'Dr. Jekyll and Mr. Hyde' y es magnífica.
Es la 4º adaptación que veo de la novela de Stevenson, y sin duda alguna, la mejor. (Aunque 'El profesor chiflado' con Eddie Murphy es muy ejem maravillosa ejem).

Hay un sinfín de aciertos técnicos que los efectos especiales de la actualidad no podrían lograr. Mamoulian demuestra una vez más que menos es más.

Recuerdo la canción de Nixon y Ricardo Vicente 'Lo que Jekyll le dijo a Hyde'.

Te quiero decir la verdad
nos vamos a separar.
Lo estuve pensando,
qué es lo que has hecho por mí
nos vamos a separar, nos vamos a separar.

Yo ya no sé si me estoy equivocando
estoy cansado.
Ya me dirás qué sentido tiene hacernos daño.
Pienso que es lo mejor.

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Fear, Anxiety & Depression (Todd Solondz, 1989)

Hoy he visto 'Fear, Anxiety & Depression'.

Es un poco extraño ver la ópera prima de un director después de haber visto el resto de su filmografía, y observar sus primeras tendencias y cuáles desarrolló finalmente.

Su primera película es Woody Allen con personajes Freaks and Geeks y mucho de John Waters.
Este tipo de asociaciones pueden ser buenas por una parte, porque es como una mezcla explosiva que piensas que no puede salir mal, pero luego te acuerdas de la historia del bocadillo de queso y chocolate. Te preguntas por qué si el queso es exquisito y el chocolate es una delicia, juntos no saben bien.

Todos los puntos fuertes de Todd Solondz están aquí apuntados tímidamente, pero no es una obra absolutamente personal, con todos esos elementos que lo hacen absolutamente único. Es como esa primera película que todo cineasta quiere hacer, cuando intenta plasmar en la gran pantalla todos sus gustos y rendir homenaje a sus maestros. A veces sale bien, a veces no.


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Life During Wartime (Todd Solondz, 2009)

Hoy he visto 'Life During Wartime'.
Tengo mucho miedo de que Todd Solondz se esté curando, que empiece a tener miedo, a limitarse, que deje de ser un pervertido, perverso y retorcido y tan brillante e indigesto como lo fue en 'Happiness'.
Me gusta que viole a niños tras hacerles sandwichs, que humille a personas extremadamente feas, que niñas obesas de doce años intenten quedarse embarazadas, que esté tan triste y resignado y que hable de todas esas facetas tabú del ser humano.
No te contengas, eres mejor enfermo que vulgar.

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6 de noviembre de 2010

Prima della rivoluzione (Bernardo Bertolucci, 1964)

Hoy he visto 'Prima della rivoluzione' y necesito que todo el mundo la vea.
La película abre con una sentencia: "Aquellos que no han vivido los años antes de la revolución, no pueden entender la dulzura de la vida".

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Todo se desarrolla entre humo y niebla y vaho en los espejos, en los cristales. Todo es gris, nunca insultantemente blanco o negro: como la revolución. La película es una gran pregunta sobre la revolución, y como todas las buenas preguntas, no alcanza a encontrar una verdadera y unívoca respuesta, sino algo difuso, hermoso, sutil, gris.

Si hay algo mejor que una historia sobre la revolución, es una historia sobre el amor y la revolución, si es que hay algo que los diferencie. Pues aquí nos encontramos ante un amor amor-al (que me ha recordado a 'Le souffle au coeur'), fuera de los límites aceptables por la iglesia, por la burguesía, que debe emerger de entre las sombras para hacerse real, al igual que las ideologías han de saltar desde las páginas de los libros y salir a la calle buscando la luz para tener una verdadera existencia.

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Se habla de amor y se habla de revolución, pero siempre en habitaciones perfectamente decoradas, donde casi se puede percibir los tonos dorados aunque la película esté filmada en blanco y negro. Hasta que por fin salimos a la calle y nos encontramos con la bruma, con que no habrá más verano, más invierno, hasta que no estalle esa revolución interior que empuja por salir, que es palpable en el celuloide.

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Es ardiente, como todas las películas de Bertolucci. Tiene fuego y juventud. Es caótica y libre. Grita y camina descontrolada. Y desde luego, está empapada de nouvelle vague.

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5 de noviembre de 2010

Sweet Bird of Youth (Richard Brooks, 1962)

Hoy he visto 'Sweet Bird of Youth'.

Siempre me encantó cómo Tennessee Williams habla sobre el pesado peso del pasado, y 'Dulce pájaro de juventud' está construída sobre todas esas cosas que no llegamos a ver en la pantalla porque han ocurrido antes, que se encuentran en el historial de los personajes, que podemos sentir en sus grilletes, en sus ojeras, en lo cansados que están de la vida. En que sólo quieren olvidar. Todo lo que han hecho, y la certeza de todo lo que son capaces de hacer.

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Está la reencarnación de Norma Desmond, un personaje maravilloso, que algún día fue alguien y que ya no lo es más. Es dura, cruel, directa, es capaz de decirle a su joven amante a la cara que le utilizará durante años, y que después, cuando deje de ser joven y bello, le dejará tirado. Y aún se atreve a preguntarle si es capaz de soportar esa verdad, si es capaz de soportar la vida, tal y como ella ha tenido que enfrentarse a su declive, a fundirse de la noche a la mañana.

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También me pareció un gran acierto cómo el personaje de Paul Newman está estancado en una dimensión temporal que no pertenece al pasado ni tampoco al futuro, y mucho menos al presente. Siempre habla de una próxima vez, que nunca acaba por llegar. No puede vencer a su ayer, es un fracaso en su hoy, y no es capaz de construir un mañana. Es todos nosotros, los sinsueños.

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Tennessee Williams y Richard Brooks lo sabían muy bien. La guerra, como vivir, o te hace envejecer o te hace morir deprisa, y sólo hay una cosa contra la que no se puede luchar: contra el tiempo.

4 de noviembre de 2010

The Reckless Moment (Max Ophüls, 1949)

Hoy he visto 'The Reckless Moment'.

Si hay algo que me ha interesado, más allá de algunas constantes del melodrama de la época que me suelen atrapar, como no tener que explicar nunca los no-límites de los sentimientos, o la encantadora libertad de no tener que explicar la absurdidad.
Decía que si algo me ha encantado es el personaje de Joan Bennett, que interpreta a una Madre.

Lucía se presenta como una de esas personas que parecen dispuestas a degollar a un pequeño gatito con tal de mantener a salvo a su familia (familia que apenas vemos, que es más un símbolo que personas que hablan, sienten o padecen).
Es apasionante la forma que tiene de contener esa parte de maldad y de bondad en su interior, su naturaleza es incierta, es fría y calculadora en su faceta social, y cálida y amorosa en su hogar.

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Creo que si conocemos a esta mujer, si la hemos visto tantas veces en tantas películas es porque todas tenemos esta mezcla de bien y de mal, que no deja de arañarse a sí misma, que nos hace dulcemente crueles, que nos obliga a cometer error tras error tras error y también nos obliga a, de tanto en tanto, hacer las cosas bien. Que Joan Bennett no interpreta aquí a una mujer, sino a La Mujer.

The Social Network (David Fincher, 2010)

Hoy he visto 'The Social Network', y pese a que me moría de ganas de verla (por amor hacia David Fincher y como usuaria recurrente de Facebook) y tenía todas mis espectativas depositadas en ella, The Social Network me pareció una película increíblemente mediocre, insulsa y vacía.

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No me interesa lo más mínimo lo que me cuenta. Y no creo ser la culpable. Quiero decir, Agnès Varda es capaz de hacer que me resulte interesante ver cómo gente que recoge basura, o Gus Van Sant es capaz de hacer que me resulte interesante mirar durante casi 2 horas cómo dos hombres caminan por el desierto. No se trata del qué, se trata del cómo.

Y el cómo es soporífero, David Fincher tenía una historia con mucho potencial delante, con muchos aspectos especialmente sociológicos la mar de interesantes, y se dedica a filmar en la dirección equivocada, y a pasar por encima casi sin rozar los aspectos más relevantes. ¿Por qué centrarse en una serie de acciones legales, de peleas, de abogados, de cifras, de triquiñuelas informáticas que no aportan absolutamente nada? ¿Por qué esta reconstrucción facilona de unos hechos de los que ni siquiera importa su veracidad?

Ese tipo no inventó la penicilina. Sólo es un nerd inteligente que creó una red social cuando Myspace y los journals ya existían, y le añadió las aplicaciones adecuadas. ¿Hay que construirle una estatua y rendirse a los pies de todas y cada una de las personas que hicieron algo exitoso? Porque aún no he visto en cartelera 'Amancio Ortega: ascensión del imperio textil'.
¿No es absolutamente obvio y desaprovechado mostrarnos de una manera tan plana la ambición, el éxito, la traición? Ya me conozco esta historia. Ahora, David, cuéntamela de una manera original e inteligente.

La película es absolutamente caduca e irrelevante. En 10 años será estúpida y prescindible, porque no tiene ningún mensaje que valga la pena retener.

Esto me desconcierta porque le ha gustado a alguna gente cuya opinión respeto mucho, y por más que me he esforzado durante todo el metraje, no he encontrado NADA. Incluso he leído barbaries muy dolorosas como compararla con Rashomon o con Ciudadano Kane. Así que si a alguien que lee esto le ha parecido una buena película, por favor, ¿por qué? ¿POR QUÉ?

Ah. Y Justin Timberlake fue novio de Britney Spears. Yo no digo nada.

2 de noviembre de 2010

Le fabuleux destin d'Amelie Poulain (Jean-Pierre Jeunet, 2001)

Hoy, por alguna razón, he visto ‘Le fabuleux destin d'Amelie Poulain’ con Joy. Creo que hacía por lo menos 5 años que no la veía, y creo que como muchas personas, a mis 15 años la vi incontables veces, hasta poder recitar de memoria cada instante.
Antes de volver a verla tenía un poco de miedo, porque no estás a punto de comprobar si la película era tan perfecta como te lo parecía hace tantos años, sino que estás a punto de comprobar cuánto queda de ti en ti.

Sé que ya no se puede hablar de Amelie con la boca abierta, que sólo se puede hacer con el corazón cerrado y los dedos llenos de prejuicios y maldiciones, y todo el mundo odia esa película porque durante un tiempo todo el mundo la amó, y a la gente no le gusta sentir que es exactamente igual que el resto de la gente.

Yo no puedo más que rendirme ante los instantes y los colores de las calles, del aire, el ruido de los coches, los pájaros, los ojos excesivamente negros y los zapatos demasiado grandes.
Nunca podré darle la espalda a una chica que busca lo mismo que yo en el mundo, por muy obvia y compartida que sea esa búsqueda. A alguien que, al igual que yo, al igual que tantos, prefiere imaginar una relación con alguien ausente antes que crear lazos con los presentes. Y eso no tiene que hacer sentir especial a nadie, a nadie debería importarle, es un pacto entre la película y tú, que estás solo en tu butaca, que estás solo en tu cabeza, que te sientes solo cuando duermes.

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La soledad no entiende de multitudes. El optimismo no entiende de realidad, no entiende de pies sobre la tierra. Y las cosas pequeñas no pueden ser entendidas desde la distancia, asépticamente, solamente pueden ser tocadas sin miedo a ensuciarse las manos con la fruta roja.

No me importa reconocer que Amelie nos hizo dulces y suaves, una vez, y que quizás nos hizo sentir menos solos dentro de nuestra soledad. Y al fin y al cabo, eso es lo que lleva haciendo el buen cine desde el principio de los tiempos.

No me importa nada sobre el mundo, esta noche vuelvo a ser pequeña.

1 de noviembre de 2010

J'ai toujours rêvé d'être un gangster (Samuel Benchetrit, 2007)

Hoy he visto 'J'ai toujours rêvé d'être un gangster'.



He pensado en Jim Jarmusch y he pensado en Tarantino, y también, de alguna manera, he pensado en Chaplin.
He pensado en las chicas bonitas con pistolas, porque tiene bastante de las dos cosas, y me pregunto si eso basta (realmente, de verdad) para hacer una buena película. Me pregunto si el cine es un engranaje complejo o si los libros mienten y nunca ha sido más que un símbolo, una imagen bella. Una chica bonita con un arma en la mano, que hace todas esas cosas que a todos nos gustaría hacer, que vive todas esas cosas que a todos nos gustaría vivir, allá, tan lejos y tan cerca, tras la pantalla. Por y para complacernos.



En 'J'ai toujours rêvé d'être un gangster' aparece una chica muy bonita con los ojos pintados que sólo quiere morir hasta que alguien le haga cambiar de opinión.



Y definitivamente no, a veces, no hace falta nada más que eso.