30 de mayo de 2014

Maps to the Stars (David Cronenberg, 2014)

Hace unos años que una expresión se popularizó entre mis amigas y yo: mal ambiente. El mal ambiente no es fácil de describir, pues puede incluir bien algo obvio como un padre que se folla a su hija, o bien cosas más sutiles, como un festival lleno de hippies. El mal ambiente es, pues, subjetivo. La subjetividad nace de un mutuo acuerdo entre mis amigas y yo. Somos 4 y aún así, a veces es tarea imposible ponerse de acuerdo. Por ejemplo para una de ellas, la más nazi de todas y amante de las prendas de vestir que se limiten al espectro cromático negro o gris, un vestido de colores vivos pasa a ser mal ambiente. El mal ambiente nació como algo rotundamente negativo, sin embargo hay una concepción positiva del mal ambiente,  por ejemplo David Lynch. La escena de Blue Velvet en la que Dennis Hopper porta una máscara de oxígeno gimiendo: Baby wants to fuck. Get ready to fuck. Daddy's coming. Daddy's coming home. Pues ESO es mal ambiente, pero en plan bien.

Maps to the Stars es exactamente ese mal ambiente bien. Crea un mundo que se mueve entre lo ordinario y lo extraordinario como la seda. Esos personajes un poco creepys. Un poco tarados pero humanos, inteligentes a su manera. Te enreda en esta tela de araña de perversión, sádica, pero lo suficientemente normal como para que te perturbe aún más. Porque puedes hacer una película muy jodida, llena de sangre y semen y wtf's por doquier, pero tan poco terrenal, tan surrealista, que el resultado no sea más que puro divertimento, un festival de carcajadas. Maps to the Stars no leva el ancla y eso me hace sentir incómoda en mi butaca. Te hace salir de la sala preguntándote qué acabas de ver y si eso es bueno o malo. Y ante esta pregunta, ya solo por el mero hecho de despertarte esa incomodidad tan dormida hoy en día, la respuesta siempre es: bueno.


21 de mayo de 2014

Crystal Fairy & the Magical Cactus (Sebastián Silva, 2013)

Quisiera hacer este viaje con mis amigos. Adentrarnos en el bosque, perdernos en la playa. Acostarnos drogados, despertarnos drogados. Sumergirnos en la danza descoordinada que no se acaba cuando sale el sol. Abrazarles, decirles que les quiero, y que esto sea efímero. Un te quiero hoy y te quiero ahora. Que la droga nos revele que esto es lo único que debería contar. Porque mañana no queda nada, mañana todos se van, se pierden, se cambian, se mueren. Te olvidan. Pasan a otra cosa, porque tú estás de paso para ellos y tú eres el paso, también, que se va. Mañana no habrá nada, dinos, droga cómo poseer lo que se presenta hoy a nuestro lado. Gracias a la droga, la vida se antoja como una cuesta abajo, en la que a la vez cada momento que vivimos es el más alto del camino. Gracias por eso. Gracias por la vista nublada, la pérdida de mí, de mis circunstancias, el vaivén hipnótico. Gracias por fomentar el olvido, por hacerlo todo más fácil. Por darle significado a las caricias, a los roces, a las bocas que se abren, que emiten un suspiro de placer, a las manos que nos recorren, que nos aprietan fuerte, intentando transmitirnos esta sensación sin saber que tenemos la misma en nuestro interior. A hacernos uno a todos. Quisiera hacer este viaje con mis amigos. A Chili o a Portugal. A un lugar donde no entienda la lengua, para poder probar todas las lenguas. Aprenderlas todas. Adiós al lenguaje. Hacer este viaje con mis nuevos amigos, a los que quiero solo de pasada, durante un tiempo limitado pero precioso y preciado. Quisiera perderme con ellos, en un agujero negro en caída libre, y si posible, no volver de este viaje. No volver nunca jamás.


4 de mayo de 2014

Wrong Cops (Quentin Dupieux, 2013)



3x3D (Peter Greenaway, Jean-Luc Godard, Edgar Pêra, 2013)

Fui al cine a ver una película en 3D de Godard. También de Peter Greenaway y de Edgar Pêra, sí, pero esta sensación de "me estoy poniendo las gafas 3D para ver la última de Godard" me parecía absolutamente surrealista.

Me aburrí con la película de Peter Greenaway. Me recordó a Encarta, aquella enciclopedia interactiva que tenía instalada en mi primer ordenador, donde navegabas literalmente en un mar de conocimientos, en una época en la que navegar era un sueño utópico, toda esta tecnología abrumadora. Pero no aprendías nada, solo te fascinabas, que no es poco.



Me encantó la película de Edgar Pêra. Es kitsch, divertida, sabia e inteligente.


Me puso triste la película de Godard. Escuchar su voz, tan anciana, tan desgastada. Un Godard cansado, rendido. Godard hablaba del cine, y de la realidad, como siempre. Y de todas esas cosas que no entendemos en su primer término, pero las sentimos en el segundo, y con las que nos fusionamos en el tercero.