29 de marzo de 2012

Vampyr - Der Traum des Allan Grey (Carl Theodor Dreyer, 1932)

Me doy mucha rabia. No sé hace cuánto tiempo había visto 'Vampyr' y me paseaba por ahí repitiendo que no me había gustado nada. Peor todavía, no es que me paseara por ahí, es que simplemente no volví a pensar en ella hasta esta semana. Porque tienes la cabeza en otro sitio, porque estás desconcentrado, porque te sientes demasiado feliz, por la razón que sea, ves una película un día que no te llega. Y ya está, la olvidas. Y cada vez que vuelvas a pensar en ella, tu recuerdo será ese "no me gustó. era mala". Este último comentario es un poco arrogante, sólo en mis días más estúpidos tengo la valentía de afirmar que una película es mala, quién soy yo para decir nada, y sin embargo lo digo como quien dice cualquier otra cosa, porque hablar es muy fácil.

Hitchcock dijo: "Vampyr es la única película que merece ser vista varias veces". No le voy a quitar la razón al maestro salvo por el "la única". Recuerdo que cuando Chema la vio por primera vez, se obsesionó tanto con ella que esa misma semana la vio tres o cuatro veces más. Así fue, 'Vampyr' me encandiló con su segundo visionado. Es difícil no rendirse a sus sombras y a su pasión por crear una fuerza que se sobreponga a la imagen.

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Block Party (Dave Chappelle's Block Party) (Michel Gondry, 2005)

Qué maravilla. Nos parece muy mal que no existan todavía más películas hechas para bailar e imposibles de ser vistas sentados.

Human Nature (Michel Gondry, 2001)

Debido a un trabajo, estamos haciendo un ciclo Gondry por orden cronológico. Había visto 'Human Nature' hace tiempo y tenía un recuerdo peor de ella, aunque de todos modos sigue sin encantarme. No sé por qué no me gusta demasiado, creo que es quizás demasiado explícita y literal en sus ideas, y me gustan más las sutilezas y la elegancia. Creo también que quizás es demasiado extrema, aunque eso me gusta, y mucho. Sin embargo hay algo que no me gusta de tanta animalidad descontrolada, y es que me avergüenza. A todos nos avergüenza no ser capaces de dominar todo eso que hacemos cuando estamos a solas, de ser, en definitiva, más animales. Aunque como estoy perdiendo mi fé en la humanidad a pasos agigantados, realmente ya no sé qué es lo que debería darnos más vergüenza.

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27 de marzo de 2012

Martha Marcy May Marlene (Sean Durkin, 2011)

'Martha Marcy May Marlene' toma muchas decisiones inteligentes, especialmente la de no aclararse. Me gustan mucho los finales abruptos, las preguntas no resueltas, esa manera que tienen algunas películas de jugar contigo y crisparte la cabeza. También me gustó, contra todo pronóstico, Elizabeth Olsen. Es como una versión mejoradísima de las famosas gemelas, con curvas, pechos, voz grave, y capaz de llevar el protagonismo de una actuación sorprendetemente buena. Además, es preciosa.

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En un momento el líder de la secta, después de haber asesinado a un hombre en uno de sus asaltos, le dice a Martha Marcy: ¿Sabes que la muerte es la parte más bonita de la vida?
Esto me recuerda a lo que nos dijo hoy Cibrán sobre algo precioso que había dicho Pasolini. Que un plano secuencia no tiene sentido hasta que no se acaba, y que es por eso que la muerte es tan importante. La vida no tiene sentido hasta que no se acaba.
En palabras del autor:
"Por lo tanto, es absolutamente necesario morir, porque, mientras estamos vivos, carecemos de sentido y el lenguaje de nuestra vida (con el que nos expresarnos, y al que, por lo tanto, atribuimos la máxima importancia) es intraducible: un caso de posibilidades, una búsqueda de relaciones y de significados sin solución de continuidad. La muerte realiza un rapidísimo montaje de nuestra vida: o sea selecciona sus momentos verdaderamente significativos (inmodificables ya por otros posibles momentos contrarios o incoherentes), y los ordena sucesivamente, haciendo de nuestro presente, infinito, inestable e incierto, y por lo tanto lingüísticamente no descriptible, un pasado claro, estable, cierto y, por lo tanto, lingüísticamente bien descriptible. Sólo gracias a la muerte, nuestra vida sirve para explicarnos."

Un couple parfait (Nobuhiro Suwa, 2005)

'Un couple parfait' me ha dolido extremadamente. Quiero decir demasiado. He tenido que poner una barrera entre ella y yo para no deprimirme irremediablemente. Porque es, quizás, demasiado real. Y no real como esas estupideces que se dicen de los documentales, del cinéma vérité, del neorrealismo. Real de verdad, demasiado inspirado en la vida. Ataca demasiado a nuestro fondo común, a nuestro corazón común. Demasiado presente esa sensación de haber sufrido ese dolor antes, de haberlo sobre todo sobrevivido.

Nunca me habría imaginado que un primer plano pudiera alcanzar esas cuotas de dolor. 'Un couple parfait' está filmada en planos muy lejanos y muy estáticos, desde una distancia prudencial. Sin embargo, creo que durante sólo tres instantes de perturbación, la cámara se pone nerviosa, es cogida por las manos y se acerca tanto, tantísimo a los personajes, que sientes que no podrías estar más cerca de ellos, más con ellos, ser más ellos. Ser tan insoportable, presenciar la ruptura, el alejamiento, lo irremediable, la angustia, la agonía.

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Siento que podría estar hablando durante horas de esta película, y sin embargo últimamente siempre escojo la opción de callar.

25 de marzo de 2012

Arrugas (Ignacio Ferreras, 2011)

Creo que hay muchas cosas que decir sobre 'Arrugas' que no me apetece hoy decir. Sobre su sensibilidad o sentimentalismo, sobre las adaptaciones de comics (¿y por qué a animación?), sobre lo fácil, lo entrañable, o lo difícil que es todo, que qué asco de mundo, qué vida de mierda, un día eres alguien y al día siguiente ya no recuerdas quién eras porque la memoria es veloz, joder si lo es, a veces queda algo entre los dedos que no ha conseguido escaparse, cómo atrapar una nube por ejemplo, pero otras veces, y dios mío yo lo sé, otras veces sólo queda de lo malo lo peor, de la vida una incapacidad, del pensamiento una brisa, de la creatividad la apatía, del amor la desidia, de la nostalgia el dolor. Y la vida, la vida da igual, porque de la vida, sólo queda la muerte.


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24 de marzo de 2012

L'avventura (Michelangelo Antonioni, 1960)

"Examinando a los hombres y a las mujeres a mi alrededor he constatado la inestabilidad y la fragilidad de sus relaciones. Hoy vivimos en un periodo de extrema inestabilidad. Inestabilidad política, moral, social, hasta física, donde la física se convierte de algún modo en metafísica. El mundo es inestable fuera y dentro de nosotros. Esta inestabilidad influencia nuestra psicología, nuestros sentimientos (...). Los personajes de la película son hombres y mujeres que sin ser normales tratan de conducir su vida y sus amores con toda normalidad. Pero encuentran tales dificultades que no pueden evitar la catástrofe (...). Mi película no es una denuncia o una prédica, es un relato mediante imágenes, donde yo espero que sea posible captar el modo en que hoy yerran los sentimientos. El erotismo hoy imperante es un síntoma de la enfermedad de los sentimientos. No seríamos eróticos, es decir, no estaríamos enfermos de Eros, su Eros fuese sano, es decir, justo, adecuado a la naturaleza y a la condición del hombre. La catástrofe de L'avventura es un impulso erótico de esta clase: infeliz, mezquino, inútil. No es a la anarquía sentimental a la conclusión que llegan mis personajes; si acaso, llegan a una forma de piedad recíproca. ¿Qué podemos hacer si no conseguimos ser de otro modo?"

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Viridiana (Luis Buñuel, 1961)

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22 de marzo de 2012

Vivre sa vie: Film en douze tableaux (Jean-Luc Godard, 1962)

'Vivre sa vie' es una de las películas que más veces he visto en mi vida, una y otra vez. Cuando tenía 19 años era mi favorita de todas ellas, sin embargo, poco a poco la fui relegando a una zona más oscura, más triste. Esta zona es, sin duda, carne de mi carne. Ha dejado de ser una película para convertirse en una parte de mí, y supongo que es por ello que tantas veces vista, tantas veces hablada, escrita y descrita por mí, que ya no puedo hacerlo más. Hablar de ella, hoy, se convertiría en un ejercicio egocéntrico, carente de amor hacia el cine, y poseído sólo por cierto tipo de amor hacia mí misma, el poco que todavía soy capaz de conservar. No sabría despegarme de esta película y ser capaz de mirarla a los ojos.

Sobre este no tener ya palabras, escribió Godard:
"Los grandes autores son probablemente aquellos cuyos nombres nos vienen a los labios cuando resulta imposible explicar de otro modo las sensaciones y múltiples sentimientos que nos asaltan en ciertas circunstancias excepcionales, ante un paisaje sorprendente, por ejemplo, o un suceso inesperado: Beethoven, bajo las estrellas, en lo alto de un acantilado azotado por las olas; Balzac cuando, visto desde Montmartre, diríase que París nos pertenece; pero en lo sucesivo, si el pasado juega al escondite con el presente en el rostro de aquella o aquel que amamos; si la muerte, cuando humillados y ofendidos logramos por fin formularle la pregunta suprema, nos responde con una ironía completamente valeryana, que hay que tratar de vivir."

19 de marzo de 2012

Hunger (Steven Hentges, 2009)

Es una película terrible pero me he acordado de aquella interesantísima entrevista al caníbal Issei Sagawa donde recordaba aquella maravillosa frase de Georges Bataille: "El canibalismo empieza en el beso".

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Dead End (Jean-Baptiste Andrea, Fabrice Canepa, 2003)

TE QUIERO, LELAND PALMER.

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18 de marzo de 2012

Monsieur Verdoux (Charles Chaplin, 1947)

Al final de la película, Monsieur Verdoux es condenado a la guillotina por haber cometido una infinidad de crímenes que nosotros no hemos visto pero sabemos que han pasado. Entonces recuerdo 'Dishonored', una película absolutamente perfecta hecha por Josef von Sternberg en 1931. En ella Marlene Dietrich, también conocida como X27, es una espía que es condenada a ser fusilada.
Tanto Marlene Dietrich como Chaplin interpretan a dos tipos de criminales muy distintos. Él mata a mujeres ricas para ganarse la vida, porque según dicen, la sociedad se cansó de su cerebro y no pudo seguir viviendo de él. Ella, sin embargo, no ha cometido crímenes, pero ha enfadado a los malos de la película, que lamentablemente, también eran los poderosos. Pero por muy criminal que fuera uno, y muy moralmente discutible que lo fuera la otra, ambos tienen un transfondo absolutamente humano, una salvación, algo que hace que el espectador se pregunte si quiere que, a pesar de todo, se haga la justicia y estos mueran. Esto mismo pasaba con el asesino de niños de 'M', y eso que encarnaba lo más atroz. ¿Pero quién puede culparlos cuando ellos culpan inteligentemente a la sociedad?
Ambas películas tienen en común además ese final. El momento en el corredor de la muerte, donde se muestran fuertes. No lloran, se mantienen en pie, son consecuentes con ellos mismos, Chaplin igual de cínico bromeando, Dietrich igual de soberbia tocando el piano. Ese momento que impide que su dignidad sea arrebatada, pese a la guillotina, pese a los fusiles, la victoria es suya.

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The Myth of the American Sleepover (David Robert Mitchell, 2010)

El otro día en clase nos hablaron de los críticos de cine, que tanto en los años 50 como en los años 70 como ahora, siempre piensan que algo estaba cambiando, que algo grande estaba a punto de eclosionar. Ese algo nunca pasaba porque no existen explosiones en el cine sino cambios graduales y apenas imperceptibles sin la distancia adecuada.
Algo parecido ocurre con 'The Myth of the American Sleepover', que retrata la vida de unos adolescentes, pero lo importande es cuándo. Es el final del verano y es para muchos, el final de la infancia, y para otros, el final de la adolescencia, o el final del dolor o del rencor o del miedo o de las dudas. El caso es que todos comparten esta sensación de "algo está a punto de cambiar", algo grande va a pasar, algo que seguramente nunca pase. Esto se refuerza también con el hecho de que todo ocurra en una sola noche, y lo poco que vemos del día, es una preparación también de esa noche, una sala de espera, un no saber cómo afrontar el otoño, la madurez, la mañana siguiente.

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12 de marzo de 2012

Correspondencia Jonas Mekas - J.L. Guerin (José Luis Guerín, Jonas Mekas, 2011)

No se me ocurre mejor manera de hablar de las letras audiovisuales entre Jonas Mekas y José Luis Guerín que un correo que envié a propósito de ellas.


"Hola Vítor,

Te escribo para compartir algo contigo. Resulta que hace un año o así empecé a escribir un algún que otro texto para Détour. Es muy curioso porque el primero que les envié fue una versión del trabajo que había hecho para tu asignatura. Escribí poquitas cosas e ilustré otras, este invierno me quedé atragantada con uno de Godard/Anna Karina que finalmente pude sacar y verá la luz dentro de poco. Esta introducción te la hago porque quizás te guste la página. Su filosofía es un poco Cahiers, no creen en el análisis objetivo del cine por lo que hablan más bien desde la emoción, y la verdad es que hay textos preciosos y muy interesantes.

El caso es que van a salir algunos textos sobre las Correspondencias, ése proyecto que seguro conoces de cineastas que se envían cartas audiovisuales. El concepto en sí mismo me parece maravilloso. Hace años pude ver en Barcelona las correspondencias entre Kiarostami y Erice, y pedí ilustrar las de José Luis Guerín y Jonas Mekas. Acabé de verlas ahora y me he quedado un poco sin palabras, pero a la vez necesito compartirlo. Quizás este correo no sirva nada porque ya las has visto o quizás ni siquiera te gusten Guerín y Mekas.

Cada "carta" que se envían es una obra de arte en sí misma. Guerín, filma sombras sin parar, y muchos árboles. Algunas cartas son en diciembre y están llenas de nieve, otras son enviadas en abril y se estretiene filmando los árboles que "se vuelven locos" o simplemente rostros por la calle, siempre en blanco y negro y un poco demasiado triste para un domingo. Mekas sin embargo es mucho más feliz, y también filma la nieve, o viejas imágenes de 1960 que tiene guardadas y planea reunir en la que llama su última película. Esto es triste. Es curioso porque estas pequeñas cartas son lo más parecido a la mirada que he visto nunca en el cine, el director y sus ojos son exactamente uno. De Guerín vemos eso, sus sombras casi siempre tumbadas al sol, y de Mekas esos giros furtivos de su cámara autograbándose, y por otro lado, hay tanto y tantas cosas tan personales de ellos mismos en esas cartas que son estremecedoras, demasiado reales.

Hay dos cartas que me han impresionado en concreto, las que pertenecen al número 3 y hablan sobre la muerte. En la de Guerín, se nos presentan las imágenes furtivas de una chica joven y preciosa, una cinéfila eslovena que se encuentra en Portugal para hacer unas entrevistas. De repente, nos dice que hoy esa chica está muerta. Las imágenes, de repente, se vuelven insoportables, rotundamente tristes y dolorosas al ser dotadas de esa certeza. Las imágenes cobran un valor incalculable porque son poseedoras de la vida donde ahora sólo hay muerte. Ella tiene una mirada muy triste, como si sospechara algo. Como si pudiera escuchar la voz en off del presente enunciada por Guerín que nos dice que ella, hoy, está muerta porque ha sido asesinada en su casa en un caso de violencia común. Violencia común, qué terrible expresión. Es como si acabara de descubrir gracias a esas imágenes futuras que va a morir, y su rostro se torna sombrío y afectado. Como haber grabado un diálogo entre la vida y la muerte. Lo que vemos es la mirada de Nika. Una de esas miradas que nos ayudan a hacer cine, a hacer películas, dice Guerín.

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Jonas Mekas, inevitablemente, contestó con "A Letter to José Luis" sobre la muerte. Una muerte muy distinta, la que pudo grabar en su viaje a Cracovia, todo los resquicios que allí encontró. Imágenes horribles, tan opuestas a las de Guerín. En color, sonido en directo, encuadres descuidados. ¿Cómo hacer bellos espacios de tortura?

Si no las has visto, por favor, tienes que verlas.

Un abrazo,

Paula."

9 de marzo de 2012

The Lady From Shanghai (Orson Welles, 1947)

Ya se ha dicho casi todo sobre 'The Lady From Shanghai'. De ésta guardaba un recuerdo concreto (no, no era la escena de los espejos), la escena en la que Rita y Orson se reúnen en el acuario. No sé por qué, pero recordaba esos peces gigantes tras sus cabezas, y la luz intermitente en su casa, y ese sonido seco, duro, con eco, al lado del ruido constante del agua calma en movimiento.

Pero volviendo a verla hoy me di cuenta de otra cosa. Me di cuenta de que, hay una escena increíble en el que ambos están en el barco y es un poco como el momento de la declaración de amor, donde todo se hace más explícito por primera vez y las cosas son llamadas por su nombre. En esta escena hay unas pausas larguísimas entre cada réplica y su contraréplica, hay un silencio sostenido, una tecla en suspensión. Y resulta lo más natural del mundo, aunque ahora lo que se lleve es siempre recortar hasta el mínimo segundo de silencio que queda en el aire, contestar antes de que haya finalizado la pregunta, no perder el tiempo, que el espectador se aburre.
De algún modo esto choca contra la rapidez de los sentimientos en los personajes de cine negro y del cine clásico en general. Hombres que aterrizan en el callejón y caen perdidamente enamorados de la primera gata que pasa en cuestión de segundos.
Sí, los personajes de 'The Lady From Shanghai' se aman o se odian o se casan o se quieren escapar al fin del mundo o asesinarse en cuestión de un par de escenas, pero estas escenas sabían tomarse su tiempo, deslizar las palabras como si la lengua estuviera llena de altibajos, dilatar el silencio.

7 de marzo de 2012

Finis Terrae (Jean Epstein, 1929)

"Creo que si se quiere comprender cómo un animal, una planta, una piedra pueden inspirar el respeto, el temor, el horror, tres sentimientos fundamentalmente sagrados, hay que verlos vivir en la pantalla sus vidas misteriosas, mudas, ajenas a la sensibilidad humana. El cine da así a las apariencias más glaciales de las cosas y de los seres su bien más preciado antes de morir: la vida. Y esta vida, la confiere a través de su aspecto más importante: la personalidad.

La personalidad sobrepasa a la inteligencia. La personalidad es el alma visible de las cosas y de las personas, su herencia aparente, su pasado convertido en inolvidable, su futuro ya presente. Todos los aspectos del mundo, llamados a la vida por el cine, sólo son elegidos a condición de tener una personalidad propia."

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3 de marzo de 2012

Hugo Cabret (Martin Scorsese, 2011)

'La invención de Hugo' viene precedida por una calurosa y entusiasta acogida en Caimán de la que no he leído ni una sola línea. Después de verla, sólo cruza mi mente un pensamiento: los integrantes originales y fundadores de Cahiers du cinéma, jamás en la vida habrían aprobado una película como ésta.

Estamos ante una película absolutamente preciosa, de una perfección estilística digna de admiración, y creo que estas dos características dañan irremediablemente la película. Es demasiado preciosista, demasiado impecable. Me recuerda a cien mil millones de otras películas actuales con una dirección de arte y con unos efectos especiales apabullantes, pero que no conducen a ninguna parte más que a un choque visual que te deja boquiabierto durante dos horas. Pero si profundizamos en 'Hugo', si dejamos a un lado las incontables referencias y homenajes al cine, estamos ante una historia de lo más tradicional y nada arriesgada. El héroe que encuentra a su compañera de aventuras (niños redichos aún encima, por dios) víctimas ambos de historias lacrimógenas, un enemigo cogido por los pelos, un supuesto misterio por resolver, y un clímax final, también homenaje a 'El hombre mosca', por supuesto. Pero al fin y al cabo, nada nuevo bajo el sol.

Es cierto que 'Hugo' es una declaración de amor al cine, un intento de poesía sobre el inicio del mundo de las sombras y los sueños. Esto no deja de ser precioso por sí solo, al margen de la película. Pero considero más loables y sentimentales (sentimentales en el sentido de que sepan despertar la emoción y retratar amor hacia el cine, de un cinéfilo a otro, no en el sentido de SENTIMENTALOIDE en el que cae 'Hugo') algunas películas con mucho menos presupuesto detrás y que se han esforzado menos en gritar a los cuatro vientos ese amor hacia el cine, pues el amor se palpa en ellas sin ningún tipo de intencionalidad impuesta y sin diálogos demasiado explicativos que toman forma de lección. Estoy pensando en películas como 'Los 400 golpes' que lejos de ser una película sobre cine, contiene escenas de apenas cinco minutos donde vemos a Antoine Doinel escaparse del colegio para ir a ver una película al cine (escena parecida a la de 'Hugo') y a mis ojos, esa simple escena transmite infinitamente más amor por el cine que 126 minutos de la película de Scorsese. O en cualquier película de Tarantino. Sin olvidarnos de que la carta de amor más perfecta que ha dado el cine ya está escrita: Histoire(s) du cinéma.

Hubo un pequeño detalle que sí me gusto y es toda esta historia de los sueños que se hacen realidad. El cine supuso eso, sí, "es como ver mis sueños a la luz del día". Es por eso que el sueño que tiene Hugo en el que un tren va a arrollarle y que acaba colapsando en la estación, cobra todo su sentido cuando al final de la película ese sueño (o pesadilla, de las que también se ocupó el cine) se vuelve realidad. Irónica y paralelamente, sabemos de la famosísima historia del primer visionado de 'Llegada del tren a la estación de La Ciotat', donde la gente de la sala huyó despavorida por el efecto de realidad inminente que se les echaba encima. La realidad es, sin embargo, algo muy relativo en esta película. Que se esfuerza con miles de dólares en ser fiel hasta el último milímetro, cada cartel del decorado, y sin embargo, nos presenta un París años 30 donde absolutamente ni una sola persona habla francés. Todo tiene ese aire impostado del que hablaba antes, demasiado limpio, pero tan irreal. Esto me parece una contradicción demasiado imperdonable, volcar todos los esfuerzos hacia un sentido de fidelidad y deshacerlos por el otro lado de una manera tan tonta.

También creo que hay un choque entre lo viejo y lo nuevo que no acaba de funcionar. Se intenta retratar lo primero que tenemos del cine, lo más viejo, lo más roído, sucio y destrozado. Lo más naïve y mágico, y para ello se utiliza la última tecnología digital, lo más nuevo, lo más brillante del mercado. Estamos ante un despliegue de efectos especiales, que no dejan de ser la magia del S.XXI. Sin embargo hay una diferencia de tejido tan grande (un siglo, nada menos), en las texturas, en los colores, en la resolución de la imagen, que a causa de esta estilización, se traza un puente imposible de atravesar, que nos situa a millones de años luz de Méliès y sus películas, y la magia desaparece.

Me gustaría recordar una frase de Jean Cocteau que decía: "El arte produce cosas feas que frecuentemente se vuelven más bonitas con el tiempo. La moda, por otra parte, produce cosas bonitas que siempre se vuelven feas con el tiempo". Méliès era un artista que con sombras, luces, magia e imaginación puso el cine a caminar, le dio un corazón y una emoción y un pistoletazo de salida. 'Hugo' es caduca, y desde luego, no nos llevará a ninguna otra parte en la que no hayamos estado ya antes.

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2 de marzo de 2012

Young Adult (Jason Reitman, 2011)

'Juno' no era la película más mala del mundo a pesar de ser tan indie, así que 'Young Adult', escrita por Diablo Cody, no sonaba como la peor de las opciones para distenderse.

'Young Adult' es el prototipo de película indie (que no independiente), con todas sus consecuencias negativas. Me pregunto si es algo estrictamente generacional esto del cine indie, igual que lo fue el de estética punk o el londinense años 60. Si estas películas son síntomas de una moda pasajera que siente amor por lo retro, la comida basura, la coca-cola light, los helados del Ben & Jerry's, bandas de música compuestas íntegramente por chicas, los casettes, la nostalgia y el sexo vacío.

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Algunas, como 'Juno', se quedan en algo superficial y carente de alma de las que sólo salvas una B.S.O. para el iTunes que escucharás de vez en cuando, pero otras como 'Young Adult' apuntan ligeramente más alto, y a veces eres capaz de encontrar en ellas el resquicio de algo interesante. Sin ir más lejos, el tema principal es uno de mis preferidos: el regreso al más puro estilo Ulises al lugar donde se creció y del que se huyó. Este lugar es generalmente un pueblo, o The Suburbs, que nunca fueron retratados a la perfección con tanto amor y asco como por Arcade Fire. Es un lugar doloroso porque te conoce. Quizás tú hayas huído a la Gran Ciudad donde nadie sabe nada de ti, y te hayas hecho un nombre, y te hayas comprado vestidos de seda y cambiado el peinado y fingido no haber estado allí nunca. Por eso el regreso siempre es un reencuentro con el tú que has querido olvidar, un encuentro que muchos intentan evitar a toda costa y que los que no lo hacen, es porque nunca han salido de ahí.

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