30 de agosto de 2011

An Idiot Abroad (Karl Pilkington, Ricky Gervais, Stephen Merchant, 2010)

'An Idiot Abroad' es una serie que se hizo para Sky1, producto de la mente de los inseparables Ricky Gervais y Stephen Merchant. Se podría resumir fácilmente: Ricky y Stephen envían a Karl Pilkington a ver las siete maravillas del mundo, y mientras él hace comentarios jocosos propios de un imbécil sobre lo ridículo de todo lo que ve (ante la Gran Muralla China: The Great Wall? Let's say the Ok Wall), y quejándose por lo poco que le gusta, Ricky y Stephen se ríen sin parar. Ellos presentan así esta serie, como algo simple y tonto, la broma más cara que Ricky ha gastado.

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Yo no me lo creo. No me creo que sea simplemente eso y es que tras las risas Karl Pilkington es, sí, un auténtico imbécil. No tiene ni idea de nada y se queja por todo. Pero también es capaz de hacerse muchos por qués que nunca nadie se ha hecho, lo cual al menos para mí es síntoma de inteligencia. Nosotros, turistas de compañías de bajo coste que vamos a los sitios, nos ponemos delante del monumento y sonreímos. Sin sentir nada. Sin ver nada. Nosotros para los que el mundo no significa nada más que una postal diferente. Incapaces de tener criterio o preguntarse por qué esto es maravilloso. Tantos kilómetros y seguimos vacíos. Y no sé qué es más estúpido, si ver el Taj Mahal y reconocer no saber por qué es tan maravilloso, o ir a verlo y fingir entender su magnificencia.

Hay un Karl Pilkington en muchos de nosotros. Ese idiota, ese chimpancé, inculto, básico, acomodado en su ciudad natal, llena de comodidades y la seguridad que te proporciona lo ya conocido. No alarms and no surprises. Una cama caliente, un baño con puertas. No todo el mundo tiene el espíritu viajero, las suficientes ganas de ver el mundo como para comer insectos, dormir en el suelo o ver personas con creencias extremas o simplemente diferentes sin quejarse de ello. Y nosotros espectadores nos reímos de Karl Pilkington por ser tan basto, por no estar agradecido porque su ¡trabajo! sea visitar las siete maravillas del mundo y conocer un millón de cosas alucinantes. Pero nos reímos desde nuestro sofá, silla, cama. Quizás comiendo un helado, quizás en pijama. Cómodos, tranquilos. Y nos llevamos las manos a la cabeza gritando ¡qué idiota! cuando nosotros somos los idiotas. Ricky ha conseguido hacer que nos riamos de nosotros mismos, una vez más, sin que ni siquiera nos demos cuenta.

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27 de agosto de 2011

La Trilogía de la Muerte (Nacho Cerdà, 1990-1998)

Resulta que existe este pervertido llamado Nacho Cerdà y que hace unas cosas maravillosas. Estos tres corto y mediometrajes (The Awakening, Aftermath y Génesis) vienen presentados en un dvd precioso, con una portada tan elegante como sangrienta, que te promete un mundo nunca visto, más allá de las entrañas (me he dado cuenta de que "entrañas" es una de las palabras que más digo en el mundo) y del dolor. Un cadáver exquisito, literalmente. Y doy gracias porque el placer visual de la sangre y de los músculos sin piel no sea un pecado y se pueda vender y se pueda comprar y se pueda comer mientra lo degustas con los ojos.

'The Awakening' pase quizás más desapercibido. Me gusta la libertad que te da el mundo onírico a la hora de filmar, y teniendo esa libertad y siendo este hombre tan creativo como es, podría haber hecho algo más llamativo, pero aún así me parece un corto más que digno.

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'Aftermath' es ir demasiado lejos, y eso me gusta. Pero demasiado. Mucho más allá. Estamos en la morgue y un simpático chico tiene como oficio (o hobbie) el destripar minuciosamente a los cadáveres. Abrirlos en canal, sacarle todo, pesar corazón pesar pulmones pesar hígado, revolver tripas, romper los huesos de la cara, de la nariz, uno a uno, oír cómo crujen, crrjrjcrjr, un sonido insoportable en tu cabeza. Y más lejos cuando llega una chica. Desnudarla. Penetrarla salvajemente con un cuchillo, cien puñaladas. Y por supuesto, masturbarse a su lado, mientras mira su vientre dividido en dos, sus vísceras, y trepar sobre su cuerpo inerte, y follarse sus rígidos órganos mientras se saca fotografías. Y robarle el corazón, llevárselo a casa y dárselo de comer a su perro.

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'Génesis' es una historia de amor y muerte, los temas más importantes (y los más interesantes) sobre el planeta tierra. Me ha recordado a un cortometraje que hizo mi amigo David Oliva allá por nuestro primer año en la escuela de cine. Él filmaba a una estatua, y él quería hacer cine de arte y ensayo o abstracto o no sé y había monstruos y un artista frustrado porque su obra no cobraba vida. Yo por aquel entonces no lo entendía, tampoco creo que fuera capaz de entenderlo ahora y seguramente porque es poca amplitud de miras la mía, pero sí recuerdo un día de rodaje bajo la lluvia, muy cansado, y volver a casa empapada en el metro, fue la noche que Jonathan dejó su casa y se vino a la nuestra.
El caso es que en este 'Génesis', el artista pierde a la mujer de su vida y la esculpe en una preciosa y lisa y suave estatua y la limpia con todo el cuidado y el amor del mundo hasta que ésta empieza a sangrar. Se agrieta y se quiebra poco a poco, y él se asuste y corre a limpiarla, limpiar toda la sangre que brota desde la piedra, a lamerle las heridas, pero ella no para de sangrar y sangrar y hacerse vida mientras se la roba a él lentamente. Todo lo que pueda decir sobre esto (la vida por el arte, la vida y la muerte por el amor, robar almas, la obsesión, la devoción, la creación que acaba con el creador) no son más que metáforas de lecturas sencillas, pero lo que transmite 'Génesis' no tiene palabras, sólo tiene piedra y sangre y carne y muerte y hay que verla y acariciarla para llegar hasta ella.

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Joshua (George Ratliff, 2007)

'Joshua' (el hijo del mal) es una película de Antena3 de sobremesa, algo que debería ser un género aparte, como ciencia ficción o melodrama.
Y tiene una escena a lo escaleras de Odessa en 'El acorazado Potemkin', en la que gracias a una maestría inaugural en el montaje, Eisenstein consiguió crear el suspense y la tensión al lanzar escaleras abajo un carrito con un bebé. Yo todavía no la he visto, pero todos conocemos esa escena.
Pues Joshua (el hijo del mal, el hijo del demoño, un maldito sádico) también decidió lanzar a su hermanita recién nacida escaleras abajo, y hay algo que me sorprendió en la manera de montarlo, y es que en ningún momento se nos enseñan las escaleras. Que tú tienes miedo e igual son tres escalones de mierda, algo que no puedes averiguar por el ángulo de inclinación desde el que se enfoca al padre desde arriba. El padre está abajo de todo, y el niño arriba con el carrito, y al contrario que Eisenstein, que se ensaña en mostrarnos estas escaleras, interminables, larguísimas, escalones multiplicados hacia el infinito, una eternidad de bajada, el director de 'Joshua' opta por lo contrario, y en ningún momento te muestra el peligro real, pero yo siento miedo, y me pongo en tensión, y me pregunto qué es más poderoso en esta época que vivimos, días de ver las entrañas, de más es menos, de mirar en los accidentes: si verlo todo, o dejar simplemente que nos imaginemos lo peor.

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Scream 4 (Wes Craven, 2011)

El problema de 'Scream 4' es que no es tan malo lo que es como lo que intenta ser. Que todo ese rollo posmouderno de metacine, de referencias hacia su propio ombligo, de jugar a hacer malabares con los tópicos del cine de terror, y ese aire cinéfilo un poco acogedor no consiguen hacerte olvidar un terrible hecho: si no te dicen el título de la película, no serás capaz de diferenciarla de su paródica 'Scary Movie'.

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24 de agosto de 2011

Bridesmaids (Paul Feig, 2011)

'Bridesmaids', que en español lleva por título 'La boda de mi mejor amiga', podría haber sido una película mínimamente interesante porque su director es también uno de los responsables de 'Freaks and Geeks', de 'Weeds' y de 'Arrested Development'. Y el productor es Judd Apatow. Por mucho que el título te desanime. Y es lo que debería hacer, desalentarte, no confiar una vez más, ingenua.

Me parece terrible que los actores hagan más de una película. Un actor debería ser un personaje, para siempre jamás. Odiaría encontrarme con Claire Fisher en otra película, igual que odiaba que Clementine Kruczynski se hubiera ahogado en el Titanic. Especialemente cuando se trata de esos personajes únicos, no cortados por el mismo patrón. Como es el caso de Don Draper. Pero qué has hecho, Don. Dios mio, qué has hecho.

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The Virginity Hit (Huck Botko, Andrew Gurland, 2010)

Vimos esta película en la fiesta de pijamas, y no es que haya abandonado mi actividad fílmica, es simplemente que me he enganchado a 'True Blood' y eso me aleja del cine temporalmente.
'The Virginity Hit' me ha recordado mucho a 'A Complete History of my Sexual Failures', sólo que bastante peor. Investigar sobre el formato y hacer de la torpeza a la hora de filmar un pretendido realismo no deja de ser interesante, pero cuando el riesgo es tan mínimo y la trama tan insulsa y prededible, no queda nada. Ni siquiera las ganas de esforzarme en escribir sobre ella.

Los ojos de Julia (Guillem Morales, 2010)

Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista. Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista. Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista. Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista. Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista. Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista. Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista. Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista. Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista. Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista. Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista. Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista. Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista. Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista. Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista. Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista. Nunca jamás volveré a ver una película con Belén Rueda de protagonista.

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14 de agosto de 2011

Secuestrados (Miguel Ángel Vivas, 2010)

Creo que es inevitable pensar constantemente en 'Funny Games' mientras ves 'Secuestrados'. Entonces me pregunto qué tendría que decir el gran Nacho Vigalondo al respecto, recordando el texto que escribió sobre el ridículo concepto de plagio.
Sin embargo las comparaciones son tan odiosas como inevitables, y si la hacemos en este caso, 'Funny Games', que es una de las películas que más me encantan sobre el universo todavía por expandir, hace que 'Secuestrados' parezca una mala broma.

¿Por qué se parecen? Una familia de burgueses es atacada por un grupo de violentos (albanos, en el caso de 'Secuestrados', creo que NO era necesario) y por motivos económicos en el caso de la española, y puramente violentos en el caso de la obra maestra de Haneke, y ambas tramas se centran en la tensión de esta violencia en un mismo y único escenario con apenas una vía de escape al exterior hasta el final de la película.

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¿En qué se diferencian? Yo siempre estuve de parte de mis amigos de 'Funny Games', que le dan su merecido a unos insoportables y repelentes burgueses que van a jugar al golf el fin de semana a su casa del lago. Y me regocijo en esa violencia, en el placer del dolor ejercido y quiero más y quiero sangre y quiero que continúe. Y aún a pesar de esta empatía hacia los psicópatas, sufro, no quiero que les ocurra nada, y participo de todos los mecanismos impecables con los que consigue la más pura y absoluta tensión, sin importar a quién temer o a quién salvar, simplemente tensión.
'Secuestrados' no consigue nada de eso. Los protagonistas también me caen mal (desde la niña alternativa que escucha Wild Honey hasta el matrimonio que instala su tele plasma en una mansión con piscina), y francamente, querida, me importa un bledo lo que les ocurra. Pero tampoco empatizo con esos albanos enmascarados y vacíos de los que no sé absolutamente nada, y no me importa que mueran o que maten. Y qué hay peor que una película que no te provoque ni la más mínima emoción.

11 de agosto de 2011

Sigur Rós - Heima (Dean DeBlois, 2007)




Estoy segura de que 'Heima' es un documental magnífico, con unas imágenes que rozan la belleza más helada, el frío más hiriente y dulce, el mundo salvaje e indomable. Un precioso videoclip de Sigur Rós muy largo. Estoy segura de que no es el típico documental de un grupo de música de somos así de geniales y estamos así de cerca de la gente , y que no hay ni una sola imagen vacía, gratuita. Estoy segura de que es poesía, o arte, y si juntas imágenes de Islandia con música de Sigur Rós, francamente veo difícil que pueda resultar algo malo, o mediocre, o indiferente.
Vimos 'Heima' proyectada al aire libre y el viento de la noche ourensana movía la tela blanca que hacía de pantalla, agitando las imágenes como si fueran olas, haciendo que el océano, los glaciares se moviesen a pesar de la quietud de las imágenes. Que el viento agitase a sus pájaros, que los sacudiera más allá de los límites del encuadre, que la música sobrevolara por las cabezas de un público nada concentrado (entre ellos, yo, lo que me obligará a darle un segundo visionado).
Hacía bastantes años que no escuchaba Sigur Rós y al volver a sentir esas notas, esos sonidos tan tristemente tristes (con su cabeza triste y un triste bikini de piel de triste tigre) con un atisbo de la más absoluta felicidad, de esas bellezas que te quiebran los ojos y los oídos y son capaces de desarmarte y arrojarte al suelo y que no seas capaz de levantarte nunca más, y entonces, entonces recuerdo por qué dejé de escucharlos y me digo que si ya no soy triste es porque tengo tanto miedo a la tristeza que jamás me permitiría más torturas, más instantes, más momentos, más noches árticas con Sigur Rós.

1 de agosto de 2011

Louis C.K.: Hilarious (Louis C.K., 2010)

Louis C. K. es uno de los pocos cómicos que me gustan, junto con Ricky Gervais. A Ricky le conocí por 'Extras' y a Louis le conocí por 'Louie', una de las pocas series que veo actualmente. Creo que ambos tienen muchas cosas en común, pero el rasgo diferencial y que ambos comparten es sin duda alguna el patetismo. Pero no es que sean patéticamente falsos en la ficción, ambos son real y abiertamente perdedores. Viejos, gordos y feos, que simplemente ven el mundo tal y como es, y, Ricky más que Louis, colaboran en volverlo aún más feo con sus acciones. Quiero decir que hacen cosas malas y son cabrones y se equivocan y tienen prejuicios y todo eso es tan honesto que en cierto sentido, me enamora. Es tan difícil encontrar un resquicio de honestidad hoy en día.

Pues me puse ayer a ver esta cinta (qué extraño llamar cinta a un ripeo descargado de internet) que recoge un monólogo de Louis. Y me pasó algo curioso. Cuando iba por la mitad, escuché en el salón a mi madre viendo en la tele El Club de la Comedia, y yo, que para pasar tiempo con ella me acerco al salón cada vez que tiene algo que pueda medianamente soportar, no perdí la oportunidad e interrumpiendo los monólogos de Louis (niños, no hagáis esto en vuestras casas, ¡las pelis se ven enteras y sin pausas!) me tiré un rato a escuchar a Luis Piedrahita, Ernesto Sevilla o Eva Hache entre otros. Y empecé a reírme de todas las tonterías absurdas que decían y fui consciente de que no me estaba riendo hace un rato mientras veía los monólogos de Louis.

Pienso que la comedia es una forma de evasión y eso a priori es algo negativo, porque el cine es arte y el arte no debería ayudarte a evadirte, sino todo lo contrario. Sin embargo hay mil comedias inteligentes como cualquiera de Billy Wilder que me hacen reír y no en un sentido evasivo, sino en un sentido un poco culpable. Me hacen consciente del ridículo del mundo y me hacen gracia en la superficie pero en otro nivel me hacen pensar. Lo que me ocurre con los monólogos de El Club de la Comedia es lo contrario. Yo, que minutos antes estaba casi deprimida, me estoy riendo porque me estoy olvidando de esas preocupaciones que tenía minutos atrás. Lo que escucho me resulta gracioso y me concentro en el humor. Pero eso no me sirve de nada, porque cuando el programa se acabe volveré a sentirme triste, o simplemente decaída. Esa energía cómica que me ha atontado ha desaparecido y no ha dejado ni el más mínimo poso en mí. Nada. No recordaré ninguno de esos chistes.

Y entonces vuelvo a mi habitación para acabar de ver a Louis y me doy cuenta de que Louis me pone increíblemente triste. Louis es un cómico que me deprime porque le veo ahí de pie y me cuenta cosas terribles que son ciertas, y que yo hago y que él hace y las cuenta de un modo tan gracioso que puede que por ello sea un poco menos cabrón. Tanto Louis como Ricky son dos artistas del humor triste, de la gracia deprimente, de la cruda realidad servida en el más feo de los platos, sin adornos, sin engaños. Directo al corazón, que es donde más duele.

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