24 de agosto de 2013

Silver Tongues (Simon Arthur, 2011)

Silver Tongues es una película diabólica. He conocido a muchos malos a lo largo de la historia del cine: algunos eran malos con razón de ser (un trauma infantil barato o cosas así, que se supone que exime o justifica a estos personajes), otros eran malos por estereotipo (aquellos por los que ni los guionistas se molestan en buscar una raíz para su maldad, solo están ahí para contrarrestar la bondad del héroe), otros eran malos porque eran directamente Satanás o cualquiera de sus siervos (aquellos que no eran terrenales), algunos eran malos sin más pero tenían un motivo/ideal/objetivo concreto detrás contra el que ejercían su maldad (estoy pensando en, por ejemplo, Funny Games y la burguesía, aquellos que odiaban a los pelirrojos en Notre jour viendra o en Hitler).

Sin embargo, no he visto a menudo (fuera de las películas de terror) dos personajes como estos, que juegan sin límites, ni siquiera la muerte, con todo lo que tienen. Todas las cartas sobre la mesa, todo su cuerpo y toda su alma. El juego es la destrucción del prójimo y juegan única y exclusivamente por diversión o, para qué explicarlo, son malos. Es curioso cómo la maldad siempre tiende a necesitar una explicación. Cuando conocemos a un personaje bueno no nos preguntamos nunca por qué es bueno. Por qué quiere hacer el bien. Se nos antoja como algo lógico y obvio. El mal es el renglón torcido. El que necesita un porqué. Y esto no deja de resultarme curioso porque conozco a más gente mala que buena, y a ninguna de esas personas, en la vida real, le pedí nunca una explicación. Les haría más preguntas a las buenas personas. Preguntas como, ¿qué ganas con ello? ¿te compensa? ¿quién te paga? ¿dónde está la trampa?



Silver Tongues es mi prueba de que no soy tan mala persona como a veces quiero creer, porque me ha herido profundamente. He pasado una hora y media terrible agarrada a mis entrañas y con un puño de rabia en la garganta atónita ante esa maldad tan gratuita y tan sin límites que a la vez me cautivaba. Luego me pongo a leer un poco y veo que nadie dijo muchas cosas sobre Silver Tongues, que fue realizada con menos que nada, escrita, dirigida y montada por un tipo que se llama Simon Arthur que apenas tiene 5 fotos del rodaje con sus amigos, y solo me gustaría ir a su casa y decirle: bravo.

Kick-Ass 2 (Jeff Wadlow, 2013)

El dinero debe ser una cosa muy maravillosa como para impulsarte a hacer algo tan terrible como Kick Ass 2. Contar con Jim Carrey en el reparto y no sacarle partido, debería ser considerado un pecado capital.


Jeune et jolie (François Ozon, 2013)

Fue el miércoles por la mañana. Estaba en una piscina vacía, tumbada leyendo La sociedad Juliette mientras el sol me acariciaba la piel de tal manera que era difícil saber si la excitación era producto de ese calor fulminante o de leer escritas palabras como abyección. catarsis. semiótica. sublimación. trianguliación. retórica. El libro cuenta la historia de una chica que se parece demasiado a Sasha Grey, que se cansa del amor sin amor, del sexo sin sexo, y encuentra un camino de salida en la perversión.

Horas después fuimos al cine a ver Jeune et Jolie, y me pareció curioso porque cuenta la historia de una chica que trata de llegar al amor a través de la perversión, recorriendo un camino inverso al de Sasha. Esta chica, tan joven, tan guapa, tiene 17 años y se siente como me pude sentir yo o cualquier otro adolescente o Peggy Lee cuando cantó esa maravillosa canción de Is that all there is?:

Then I fell in love, head over heels in love, with the most wonderful boy in the world. We would take long walks by the river or just sit for hours gazing into each other's eyes. We were so very much in love.
Then one day he went away and I thought I'd die, but I didn't,
and when I didn't I said to myself, "is that all there is to love?"

¿Esto es el amor? ¿Esto es el sexo? ¿Por qué tanto alboroto? Cuando tienes 17 años puedes ser dos tipos de persona. Puedes ser esa que lo siente todo con una intensidad abrumadora, como si el mundo se pudiera acabar aquí y ahora. O puedes ser esa otra que no siente nada mientras ve a los demás sentirlo demasiado, y preguntarte qué estás haciendo mal, por qué no sientes eso que se supone que tienes que sentir. La mayor parte del dolor que he sentido en mi vida ha sido por este sentimiento de ser inadecuada, de desapego hacia todo aquello que se suponía que tenía que ser. Un forajido por el desierto.

Isabelle, de 17 años, es del segundo tipo de personas. Cuando pierde su virginidad, con los ojos clavados en el cielo, el sonido de las olas chocando de fondo contra su cuerpo, se sale de este para contemplarse a sí misma, y lo primero que dice es: ya está hecho. El trabajo sucio. Algo que te quitas de encima. El cuerpo de tu amante cuando (él) ha acabado. Un peso muerto del que solo quieres desembarazarte, sin abrazos.

Lo bonito de esta historia es que Isabelle no es Nana Kleinfrankenheim. No necesita dinero. Isabelle tampoco es Séverine. No necesita dolor, ni placer. Isabelle es única en su especie. Es una adicta a la sensación que le produce el ser inadecuada. A la excitación del antes, pero nunca del durante ni del después. ¿No es así la droga? ¿No es así el amor? Una subida eterna antes de la caída en picado.







Jeune et Jolie nos regala, además, una de las escenas más preciosas que hacía tiempo que el cine no nos daba. Es la escena final, en la que Isabelle se encuentra (o no) con Charlotte Rampling en la habitación del hotel donde la primera solía ir con el marido ya muerto de la segunda. Ambas se tumban en la cama, una al lado de la otra. Una con sus 17 años. Otra con sus 70 y muchos. Estas dos mujeres tienen bastantes cosas en común. Una salta a la vista: una melancolía hiriente y azul en sus ojos. Pero además, es tan palpable el hecho de que una es la continuación de la otra, que te produce ganas de llorar. Es tan palpable que una acabará lo que la otra empezó y que la otra ya acabó lo que la otra está por empezar. Entonces Isabelle se despierta, y de repente está sola en una habitación del hotel, tumbada sobre la cama. Qué más da. No somos serios cuando tenemos 17 años.


On n'est pas sérieux quand on a dix-sept ans.
- Un beau soir, foin des bocks et de la limonade,
Des cafés tapageurs aux lustres éclatants !
- On va sous les tilleuls verts de la promenade.


Les tilleuls sentent bon dans les bons soirs de juin !
L'air est parfois si doux, qu'on ferme la paupière ;
Le vent chargé de bruits - la ville n'est pas loin -
A des parfums de vigne et des parfums de bière...


II


- Voilà qu'on aperçoit un tout petit chiffon
D'azur sombre, encadré d'une petite branche,
Piqué d'une mauvaise étoile, qui se fond
Avec de doux frissons, petite et toute blanche...


Nuit de juin ! Dix-sept ans ! - On se laisse griser.
La sève est du champagne et vous monte à la tête...
On divague ; on se sent aux lèvres un baiser
Qui palpite là, comme une petite bête...


III


Le coeur fou Robinsonne à travers les romans,
Lorsque, dans la clarté d'un pâle réverbère,
Passe une demoiselle aux petits airs charmants,
Sous l'ombre du faux col effrayant de son père...


Et, comme elle vous trouve immensément naïf,
Tout en faisant trotter ses petites bottines,
Elle se tourne, alerte et d'un mouvement vif...
- Sur vos lèvres alors meurent les cavatines...


IV


Vous êtes amoureux. Loué jusqu'au mois d'août.
Vous êtes amoureux. - Vos sonnets La font rire.
Tous vos amis s'en vont, vous êtes mauvais goût.
- Puis l'adorée, un soir, a daigné vous écrire... !


- Ce soir là,... - vous rentrez aux cafés éclatants,
Vous demandez des bocks ou de la limonade...
- On n'est pas sérieux, quand on a dix-sept ans
Et qu'on a des tilleuls verts sur la promenade.

20 de agosto de 2013

The Conjuring (The Warren Files) (James Wan, 2013)

Ha llegado un punto en el que el cine de terror defiende su calidad más por lo que no hace que por lo que hace. Por lo que no muestra que por lo que muestra. Y eso no quiere decir que el cine de terror que muestra carezca de calidad. The Shining no sería lo mismo sin su cascada de sangre.




Sin embargo y pese a ser una gran defensora de las vísceras, no puedo negar la manera torpe y barata en la que se ha perdido el arte de la sutileza y el elemento más importante del cine de terror: la creación de la atmósfera.
En ese sentido, The Conjuring gana todos sus puntos en todos esos sustos que resiste la tentación de hacer. Esos silencios que nada ni nadie interrumpe. Esos fantasmas que se resiste a mostrar. Yo tuve pesadillas toda la noche con todo aquello que no vi y me dejaron imaginar.


Super (James Gunn, 2010)

Super no es, como pretende hacernos creer, eso que pasa entre las viñetas. Ese leer entrelíneas. Esos momentos muertos. Las tardes en el sofá con el silencio como música en las que ninguna cámara fotografía o filma esos minutos que no pasan.

Super son las viñetas mismas, los BOOM y los PAM en todo su esplendor, con toda la fuerza de su sangre, de su gore, de su violencia sin sentido, tan divertida, tan Kick Ass, tan, mejor aún, la bendita God Bless America, tan Leon el Profesional. El viejo y la niña.




Sin embargo, Super compensa esta línea que a día de hoy se podría considerar ya tradicional con tres puntos fuertes: el cambio constante de tono, entre lo negro y el humor y el dolor; el protagonista (el hombre mayor) no desea en absoluto a la sexy Lolita, es más, es cuasi violado por esta sin ningún ápice de deseo ni interés; y el final inesperado. Esos finales melancólicos en los que el protagonista no consigue a la chica y sin embargo es feliz con el hecho de que esta sea feliz con otro. Y eso, amigos, debe ser un tipo de amor que ninguno de nosotros conoce.




14 de agosto de 2013

La carrière de Suzanne (Éric Rohmer, 1963)








Ginger & Rosa (Sally Potter, 2012)

A veces las películas fabrican nuestros recuerdos. Tengo la sensación de haber vivido tal o cual situación y entonces de repente siento que es ajeno a mí, porque no lo he vivido yo sino la protagonista de una película o un libro que leí hace tiempo y creí olvidar. También fabrican lugares en los que nunca hemos estado, y son tan certeras, ponen tanto empeño en fabricarlo, que hasta recordamos un olor que nunca hemos olido o el tacto de una hierba que nunca hemos tocado. Y pienso que, al fin y al cabo, mis verdaderos recuerdos no son más reales que estos de las películas, pues ninguno de los dos existe. Uno existió pero de él no queda nada. El otro no existió pero al menos permanece grabado a fuego en el celuloide. Así que si nos ponemos exigentes con la realidad, al menos uno es corpóreo. Al menos de uno tienes constancia de su paso por tu vida. Y todavía hay gente por el mundo que dice la vida no es como una película. No. Pero lo intenta.

Viendo Ginger & Rosa tengo la sensación de haber vivido ese tipo de amistad con una persona parecida a Rosa. Una de esas amistades que pensabas que serían para siempre, que cuando vivías tenían esa dureza de las cosas que nunca se acaban. Y al final de la película te ves a ti misma leyendo una carta que dice así:

"Soñamos que siempre seríamos las mejores amigas. Cuando nacimos para algunos fue el final. Ahora parece que no habrá mañana. Pero a pesar del horror y el dolor, amo nuestro mundo. Quiero que todos vivamos. Bien, Rosa, me pediste que te perdonara. Algún día, si mamá sobrevive a esta noche amarga, nos volveremos a ver, y te diré que te quise, Rosa. ¿No entiendes? Pero somos diferentes. Tú sueñas con el amor eterno. Yo, no. Porque lo único que importa en realidad, es vivir. Y si vivimos... no habrá nada que perdonar. Pero de todas formas, te perdonaré."




7 de agosto de 2013

It Felt Like Love (Eliza Hittman, 2013)

Siempre me gustó/perturbó la desconexión que se establece con la figura del adolescente cuando tú dejas de serlo. Cuando lees un libro o ves una serie o una película donde el protagonista es un adolescente y está sintiendo las cosas de una manera concreta que tú eres incapaz de descifrar o empatizar. Entonces te sales de la película, de alguna manera, y la ves como lo que es. Y entonces es fácil encontrar muchos defectos, todo lo que reside más allá de la emoción.

Algo así me pasó con It felt like love. Se suponía que debía sentirse como el amor pero para mí se sintió como sexo. Se sintió como miedo, y complejo de inferioridad, e inadecuación. Pero en ningún caso se sintió como amor. Y claro que me acuerdo de eso. De sentirlo todo menos el amor, y también de sentir amor y nada más. Pero eso es breve y es fugaz y es mentira.

De ahí el "como" amor. Algo parecido, un alien que toma su forma y su olor y nos hace creer que estamos ante esa realidad, cuando en realidad es una ilusión. Algo que sentíamos ahí y entonces, con tanta fuera que casi cobraba un cuerpo.  Y así, el amor suena a algo así. Suena al mar de fondo, suena a sal y pájaros de las 20h. Se siente como un disparo ahogado contra una almohada. Se siente como una caricia fría en la espalda caliente, que sabes donde empieza pero nunca tendrás la certeza de donde acaba. Y cuando la película te regala su plano final, se siente como el fin de la fiesta. Se siente como el aquí acaba y empieza todo.


Monsters University (Dan Scanlon, 2013)

¿No hay más mensajes que transmitir más allá del "ama al diferente"? Disney, yo te invoco, sal del cuerpo de Pixar que has poseído. Menos moral y más sangre.




Sinister (Scott Derrickson, 2012)

No deja de parecerme gracioso que la figura del niño se haya convertido en uno de los tantos temores recurrentes en las películas de terror. El miedo es subjetivo, hay gente a la que le asusta la posibilidad de un apocalipsis zombie (¿en serio?), a otros los fantasmas, a otros los monstruos más grandes y fuertes, a otros los insectos, los animales con fauces, a otros los asesinos de carne y hueso que no tienen siquiera la posibilidad de atravesar paredes pero sí tienen un hacha. Y a otros le dan miedo los niños.

No sabría decir cuál fue el primer niño que dio muchísimo miedo, aunque seguramente los niños den miedo al público mucho antes que los zombis, pero en mi cabeza tengo dos historias muy presentes: ¿Quién puede matar a un niño? (yo), y Los chicos del maíz. No me puedo olvidar de El buen hijo, que aunque no sea una película de terror al uso, creo que fue la responsable de hacerme decidir ya a los 9 años que jamás (jamás) tendré descendencia, la única decisión de mi vida a la que he sido fiel.




A veces estos niños están poseídos por el diablo y otras veces tienen simplemente el gen del mal supremo en su interior. Los niños no están domesticados todavía, muchos de ellos no distinguen qué es el bien y qué es el mal, no se amoldan a las reglas de la sociedad/religión que nos dicen no matarás, no dañarás al prójimo. Carecen de fuerza física y de rapidez, pero tienen destreza y lo más importante, ni el más mínimo escrúpulo. Se mueven más rápido que los zombis, son corpóreos al contrario que los fantasmas, su tamaño reducido les permite esconderse en cualquier parte al contrario que los monstruos de dimensiones épicas. Resultado: la combinación perfecta para el terror.

Sinister no es ni de lejos una buena película, pero tiene niños, a Ethan Hawke, y si a eso le sumas la luz apagada, las 4 de la madrugada, y la compañía de unas amigas que se quedan mirando fijamente la cocina diciendo ahí hay alguien, puede que te lleves algún sustito.