30 de marzo de 2011

The Public Enemy (William A. Wellman, 1931)

'The Public Enemy' bien podría ser cine de actor. Estamos en 1931, cuando todavía se hacían las películas para los actores y no se buscaban los actores para las películas.

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Y ahí estaba James Cagney, uno de los mejores actores de toda la historia del cine, que además luchó contra y trabajó para Warner Bros y consiguió cambiar el abusivo contrato que por aquella época sufría cualquier integrante del star system hollywoodiense. Que eran como objetos, eres mía, cara bonita, piernas largas, y puedo venderte, venderte por piezas, y si rechistas te hundiré.

Hay que ver cine clásico. Cuando veo películas con tanta fuerza a nivel de composición como ésta, se me puede oír murmurar como un viejo cascarrabias (que nunca fue joven) ya no se hace cine como el de antes, mientras alzo mi bastón. Y es que es verdad. A veces creo que el cine, sobre todo de los años 30, ése que venía de tener la boca sellada, que empezaba a asimilar qué es eso de hablar y de caminar, se mueve entre lo obvio y lo sutil. Y no me decido. No sé si es tremendamente obvio, o descaradamente sutil.

Por ejemplo. Estamos en la época de la ley seca, y una señora tiene dos hijos. Mientras uno es un maravilloso soldado y legal, el otro es un gangster que maneja todo el contrabando de alcohol de la ciudad. Los barriles de cerveza ahora a un precio de oro hacen correr la sangre por las calles, y los hermanos se enfrentan por su discrepancia sobre la moralidad. Tenemos esta escena, y recordamos la mítica historia que contaba Hitchcock de la bomba bajo la mesa. William A. Wellman coloca esa bomba sobre la mesa. A la vista de todos. Estorbando en el encuadre. Un enorme barril de cerveza para beber durante la cena que lo ocupa todo, y separa a la familia no sólo visualmente, sino también a nivel práctico. Es algo tan obvio y sin embargo, se hace sutil al no tener que utilizar las palabras, las redundancias, simplemente esperar a que esa bomba explote.

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O por ejemplo. Esa manera de explicar con un sólo encuadre tan (¡tan!) bien compuesto todo lo que está pasando. Sin necesidad de más. Simple y directo, pero exacto, preciso, riguroso.
Y sin nada más que un encuadre sabemos qué se interpone entre estos dos.

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Y sin nada más que un encuadre sabemos qué ocurrirá a continuación.

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Pero James Cagney está muerto y probablemente su cine se fue con él.

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L'Amore in città (Michelangelo Antonioni, Federico Fellini, Alberto Lattuada, Carlo Lizzani, Francesco Maselli, Dino Risi, Cesare Zavattini, 1953)

L'amore che si paga (Carlo Lizzani)

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Tentato suicidio (Michelangelo Antonioni)

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Paradiso per quattro ore (Dino Risi)

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Un' agenzia matrimoniale (Federico Fellini)

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Storia di Caterina (Francesco Maselli y Cesare Zavattini)

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Gli Italiani si voltano (Alberto Lattuada)

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29 de marzo de 2011

Shijie (El mundo) (Jia Zhangke, 2004)

Lo único que recordaré en un mes de 'El mundo' es precisamente ese terreno en el que los personajes están atrapados y del que nunca son capaces de salir.
Recorra el mundo sin moverse de Beijing. Una foto en la Fontana di Trevi. Nosotros todavía tenemos las Torres Gemelas en pie. La maldita Torre Eiffel. Y esa sensación de no haberse movido de casa, de no haberse movido de uno mismo. De no avanzar, nunca. Atrapados en un anuncio, en una vida de cartón, un decorado para ingenuos. Y ser turistas de nuestra propia existencia. Ver los aviones pasar. Preguntarse quién va en ellos. Y responder: no nosotros.

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26 de marzo de 2011

7 vírgenes (Alberto Rodríguez, 2005)

He visto en tres días consecutivos '7 vírgenes' con mi madre, que vino a visitarme y que tiene mucha tendencia a quedarse dormida enseguida con las películas (creo que ayer se quedó dormida también en el final, pero me hice la loca porque verla en cuatro días ya me parecía excesivo).

Algunos apuntes aleatorios y ligeros:

-Los canis me dan muchísimo asco. Pero Juan José Ballesta me inspira ternura y simpatía, así que me dio un poco menos de mal ambiente.

-No es tan mala como siempre pensé que sería. Sólo un poquito mala, pero un poquito buena a ratos también.

-Escuchar a Julio de la Rosa siempre es un placer. Un mucho placer.

-Subtítulos para las películas con andaluces YA.

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20 de marzo de 2011

Silk Stockings (Rouben Mamoulian, 1957)

¡Un remake musical de Ninotchka en cinemascope, technicolor y con Fred Astaire y Cyd Charisse!

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The Fighter (David O. Russell, 2010)

Me encanta, de vez en cuando, el cine que es capaz de hacerme olvidar que estoy viendo cine. Una película. Encuadrada, totalmente planeada, un decorado detrás, maquilladores para los actores. Nada de eso.
Y sumergirme en la butaca y olvidar a toda esa gente a mi alrededor, y centrar mis ojos en las imágenes, y escuchar los golpes, escuchar el atronador ruido de la sangre al caer en el rin, el ruido del sudor al resbalar, su tacto, pegajoso. Ver una historia y sentirla gracias a todas esas maravillosas trampas. Creérmela. Tragármela, de principio a fin. Ver personas, no personajes. Sufrir por ellos. Esquivar los golpes dirigidos a ellos. Sobresaltarme en la butaca, morderme las manos, emitir acalladas onomatopeyas de emoción, de intensidad.
Eso es 'The Fighter' en la gran pantalla.

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P.D. Y vale, por mucho que me duela estar de acuerdo con los Oscars, lo de Christian Bale y Melissa Leo es sobrenatural.

P.D. II ¡Me sorprendo a mí misma al descubrir lo mucho que me gusta ver boxeo!

Mata Hari (George Fitzmaurice, 1931)

La Garbo baila y traiciona.

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El Verdugo (Luis García Berlanga, 1963)

Ayer volví a ver 'El Verdugo'. La vi demasiado "pequeña" y recuerdo que me había gustado mucho. Al reverla me di cuenta de que en realidad no recordaba casi nada. Excepto. Ese plano final. Increíble. En el que el yerno del verdugo original tiene que aplicar su primer garrote vil, y se resiste como un cerdo ante la matanza, le colocan su corbata bien apretada aplicándole su propia sentencia y le conducen por el espacio más desangelado del universo. La sala más vacía, más perdida en medio de la nada, la más gris y terrorífica de todas. Donde nosotros no somos nada, y la muerte lo es todo.

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El registro de 'El Verdugo' me perturba muchísimo. Porque no es comedia, ni es drama, ni es enteramente negro, ni totalmente cine social. Se mueve entre todos esos registros y no de puntillas, sino con pies de plomo (si ahora voy a ser negro, voy a ser negro, si ahora voy a ser duro, lo seré bien fuerte). Y me perturba muchísimo porque 'El Verdugo' juega con lo indecible, lo impronunciable, lo siniestro. Y con los prejuicios de una sociedad que en vez de rebelarse contra la pena de muerte, se rebela contra aquel que aplica la ley, y le adoptan como su cabeza de turco.
Y es así, deslizándose entre todos estos tonos, cuando al final de la película, tras un dramatismo extremo y ver al verdugo que ha finalizado su primera tarea, completamente traumatizado y destrozado, mirándose espantado las manos y jurando que no lo hará nunca más, el maravilloso Pepe Isbert se ríe diciéndole a su nieta que eso mismo dijo él en primera ejecución, el plano se abre, y una gente bien vestida, contenta y fiestera se sube a un barco y baila al ritmo de una música desenfrenada. Ése es Berlanga.

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16 de marzo de 2011

La città delle donne (Federico Fellini, 1979)

No encuentra una via de salida. No se da, se abandona, no se fía. No puede ofrecer un perfecto placer sexual a la mujer. No distingue. No reconoce su componente femenina. Siempre repite lo mismo. Lleva calcetines en la cama. No se los quita por nada. Culpable de no mirar. Culpable de apartarse. De autocomplacencia. No sabe salir de esta historia. Teme concluirla. Está siempre callado. Habla poco. Culpable de sentirse culpable. Siempre se toma a sí mismo muy en serio. Es peludo. No sabe lo que significa ocuparse de una sola mujer. Continua engañándose, persiguiendo a una mujer única e ideal. Cree en la inferioridad mental de la mujer. Considera a la mujer un ser superior. Prefiere la cara oculta de la luna. Continúa escapando. No se resigna. Su agresividad, su vulgaridad, su arrogancia hacia las mujeres es típica del macho. Se siente solo. Ninguna es su tipo. Se cree el protagonista, continúa escapando, no se resigna.

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Leí a una chica muy ignorante que decía sentirse ofendida porque esta película era machista y dejaba quedar a la mujer como algo horrible. Es ése el feminismo que encuentro estúpido. Paranoico. Como una caza de brujas.

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Qué machismo, cuando nadie ama y desprecia tanto a las mujeres como Fellini, nadie más que él ha dedicado tanto su vida a ellas. Si alguna vez podemos ver un cierto odio no es más que un rencor que viene del amor desmesurado que siente hacia ellas, hacia nosotras. De no poder comprendernos. De no poder atraparnos. De querernos tener a todas, y no querer a ninguna.
Si Fellini se ahoga entre todas las mujeres de esta ciudad, que más que sueño es pesadilla, es porque busca a una que no es capaz de encontrar. Busca a la Mujer. Y el gran Marcello se pregunta en un momento si de verdad existes, ¿eres un premio o un castigo?.

'La città delle donne' es reconocer tener miedo. Al tiempo, que no se detiene, y a las mujeres, que no cesan de venir. Fellini y Marcello se hacen mayores. No dejan de autodenominarse así. Viejo Snàporaz, ¿es demasiado tarde y todavía no la has encontrado?

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15 de marzo de 2011

Mean Girls 2 (Melanie Mayron, 2011)

Semanalmente mi cuerpo demanda una dosis justa de pecado. De exceso. De basura. De vacío. Descerebración. Grasa. No me importa la fuente. El tipo. Debe ser mi tercer día de dieta y de buen comportamiento, mis películas largas de géneros que a priori no me encantan, mi litro y medio de agua al día los que me han pedido esto. Mi lechuga y crema hidratante todas las mañanas. Que llegados a este punto crítico, el punto de dejarlo todo o proseguir un poco más, ese punto crítico en el que mi cuerpo, mi boca, mi cerebro me dice ¡dame algo barato! Dame algo sucio. Dame algo asqueroso, insultantemente estúpido. Dame algo por lo que sentir un poco de culpa.

El cine es como la comida. Me encantan los restaurantes caros y el steak tartar y el sushi y me encantan las películas de Josef von Sternberg. Pero eh. Si un pedazo de lomo de lubina salvaje con balsámico de canela y hierbaluisa y Bergman y me saben tan, tan, tan bien, es porque consumo un capítulo de Gossip Girl a la semana y porque como también queso derretido en mantequilla. Dame un poquito de Nutella. Un enorme plato de pasta. Dame 'Chicas Malas 2'. Y no me obligues a pedir perdón.

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Topaz (Alfred Hitchcock, 1969)

El telón de fondo de 'Topaz' es la crisis de los misiles de Cuba (mi crisis política favorita) y una telaraña de espionaje montada entre rusos, franceses, norteamericanos y cubanos con todos los (maravillosos) ingredientes con los que cuentan las películas de intriga.
Y si eso no es convincente, se encuentra aquí la conocidísima muerte de Juanita de Córdoba a manos de su amante y jefe de una delegación castrista, traicionado de cuerpo y de país. La muerte hecha poesía. La sangre violeta que se expande por el suelo, que explota y emana desde sus entrañas, que inunda los ojos hasta el mareo. Sólo Hitchcock puede.

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