25 de abril de 2014

Fading Gigolo (John Turturro, 2013)

John Turturro escribe, dirige y protagoniza una película 100% Woody Allen.


Le Week-End (Roger Michell, 2013)

-¿Qué clase de personas pasan horas sin tener nada que decirse?

-Los matrimonios.


Tom à la ferme (Xavier Dolan, 2013)

Ayer alrededor de un vaso de vino en una terraza congelada hasta la 1 de la madrugada, porque nunca tengo la valentía de decir que tengo frío, que vamos para adentro, hablábamos sobre el cine excesivo. Ese cine primerizo por ejemplo, en el que tienes ganas de decirle al mundo cómo eres, lo que te gusta, cómo te gusta. Y lo metes todo, presionando con un embudo. A veces funciona y a veces no. La opinión general en la mesa era un no. Contrólate. Sé equilibrado. Pero a mí como que me gusta el todo, el desbordamiento. Y claro, hablamos de Xavier Dolan.

Xavier Dolan siempre fue un poco así. Le gusta Wong Kar-Wai y otros cientos. Y los venera, los copia, los toma, y no pasa nada. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. En Tom à la ferme, a Xavier Dolan le gusta mucho Hitchcock. Le gusta su música, su manera de mover la cámara, de trabajar un ambiente donde no sabes muy bien qué pasa, hacer nacer una intriga de la nada. Tom à la ferme es Rebecca conociendo a Psicosis aderezada con La sombra de una duda. Y funciona, y está bien. No es un pecado imitar a los grandes siempre y cuando guardes un pedazo de ti mismo, tu manera de ver las cosas, de hacerlas, de sentirlas. Eso es lo que tiene que permanecer: una buena historia bien contada. Ya saben. Si he visto más lejos, es porque me he subido a los hombros de gigantes.


18 de abril de 2014

Babysitting (Philippe Lacheau, Nicolas Benamou, 2004)

No exagero si digo que hacía años que no iba sola al cine. Años de verdad. Creo que podría ponerme a buscar en este blog cuál fue la última película que fui a ver sola en el cine y no sería capaz de encontrarla. El caso es que por circunstancias que no vienen a cuento (o sí, en otro episodio que pienso llamar "El final de Viaggio in Italia"), me decidí a ir sola al cine, a ver forzosamente una comedia, forzosamente con palomitas, irremediablemente aislada en las butacas. Y así fue. Y me lo pasé bien. Muy bien. Reí a carcajadas yo sola con toda la sala, igual que todas esas otras personas solas que se encontraban allí, riendo a carcajadas con nosotros, los solos y los acompañados. Y nadie se murió. Y nadie salió herido.

16 de abril de 2014

Festival de Cinéma Espagnol de Nantes

Está siendo en Nantes el festival de cine español y es mi oportunidad para ponerme al día con todo lo que me estoy perdiendo en el exilio. Veo películas de las que no sé nada, no he visto nada, no he leído nada, porque ya sabéis que odio leer sobre cine.

Empecé con Gente en sitios, que aquí tradujeron como gente normal (Des gens normaux). Me hace gracia porque la gente que sale en la película es de todo menos normal, y a la vez, todo transcurre en un halo de rutina que la hace única. Gente en sitios es tan maravillosa que hubiera deseado verla otra vez y luego otra vez más y que ella fuera la única película del festival de cine español. Me hace creer en una realidad paralela, en salvar el día a día, me hace pensar que todo es posible, si quieres que lo sea. Por otra parte me parece terriblemente arriesgada. Me imagino el proceso de creación, miles de ideas absurdas que desfilan una tras otra, y lo imposible de diferenciar cuál es valiosa y cuál no lo es. Andar como un funambulista por una cuerda, a un lado el ridículo más absoluto, al otro la genialidad. E inclinarte sobre la segunda durante hora y media, sin titubear.



¿Sabéis cuando veis una película que os encanta y os entra la valentía y las ganas y decís "venga, vamos a ver otra, y otra, y otra"? Pues no lo hagáis. La mayor parte de las veces solo os encontraréis con una película mucho peor que la anterior que os hará pensar en lo buena que era la primera y decir, ¿por qué no lo habré dejado así?  Hacer eso es como buscar pareja nada más separarse. No lo hagáis. Saboread a la perdida, a la pasada. Quedaos un rato con ella acordándoos de sus cosas buenas. El caso es que vimos Los fenómenos. Le tenía ganas porque 1. Venía el director a presentarla 2. Salía Luis Tosar 3. Es del mismo director que La noche que dejó de llover, que es una película increíble, original, poética y única. Los fenómenos no lo es, solo es una película social más, dramática hasta la médula y con atisbos hippies. 



Al día siguiente fuimos a ver La Herida. Es curioso porque, salvando las enormes distancias, me recordó muchísimo a Camille, un corto que hice cuando estaba en la facultad que hablaba sobre una chica con un dolor o una tristeza incierta, nunca justificada. Ana, la heroína de La Herida, sufre el mismo tipo de dolor de nosequé. Me sorprendió ver que había incluso escenas idénticas, por ejemplo en la que folla con un tipo que acaba de conocer y luego le dice "lárgate" y le echa de su cama, y luego se queda en una especie de punto suspendido, recuperando el aliento. Me pareció curioso que un síntoma se expresara de igual manera en dos cabezas diferentes en un momento diferente. Luego me di cuenta de que eso pasa todos los días, a todas horas. El caso es que La Herida tiene muchas cosas interesantes pero muchas otras que no lo son. Me gusta cómo pivota respecto a su personaje sin hacernos sentir pena ni tampoco odio. Y no es fácil, porque cuando sometes a un personaje tan torturado sin dar ninguna explicación corres el riesgo de que a la gente le resulte irritante. Pero Ana no lo es. Tampoco da pena, no se arrastra, no sientes ni una pizca de piedad ni especiales ganas de ayudarla. Solo la miras. La observas. Y estás con ella en silencio.



Tenía muchas ganas de ver Caníbal. Es de Manuel Martín Cuenca, que hizo La flaqueza del bolchevique, una de mis películas favoritas del mundo en mi adolescencia. Caníbal comparte muchos puntos con La flaqueza del bolchevique, especialmente que ambas son capaces de hablar de un pedófilo y un caníbal sin ponerlos en el punto de mira, sino haciéndonos ellos. Metiéndonos en su cabeza, haciéndonos cazadores, hasta que podamos entenderlos. No se les juzga en ningún momento, y lo mejor, se cuenta aquella parte no morbosa. El día a día de un caníbal, cuando no come. El día a día de un pedófilo, cuando no folla con niños. Y es hermoso poder tener el privilegio de meterse en la cabeza de alguien que me plantea tantas preguntas. Me parece un privilegio, como tener un palco en la ópera. No es fácil, es valiente. Hay otro punto en común en ambas películas y es la gran broma final.

Tanto en La flaqueza del bolchevique como en Caníbal el héroe tiene un oscuro objeto del deseo: bien la adolescente de la que Luis Tosar se enamora, bien la rusa de la que Antonio de la Torre se enamora también. Luis quiere follarse a esta adolescente (aunque sea con amor), quiere tocarla, pero eso supondría sucumbir al pecado, atentar contra las normas de la convivencia social básica que nos dicen que no podemos acostarnos con menores de edad. Antonio de la Torre quiere comerse a Nina. Su deseo sexual se expresa a través de la comida. Es virgen, pero canaliza su deseo a través del acto de engullir estos cuerpos femeninos, perfectos, con olor a carne fresca. En ambos casos, es el oscuro objeto del deseo el que muere, y sin embargo nos quedamos con la sensación de que es el depredador el que es castigado. Frustrados por no haber podido hacer realidad su deseo, les dejamos solos, completamente incapacitados para recuperar su amor, y con el peso de la culpa hundiéndoles poco a poco. Ese es el verdadero castigo.



La última película que vi en el festival de cine español fue Violet. Violet me dio ganas de salir de la sala, algo que no me pasaba desde No es otra estúpida película americana en 2001. Rebobinar. Hasta llegar a ese momento de la noche en el que decides ir al cine a darle una oportunidad a una película solamente porque sale Leticia Dolera que actúa fatal pero es bonita de ver. Como le pasa a muchas películas. Y a veces ni eso.

3 de abril de 2014

La crème de la crème (Kim Chapiron, 2013)



Les rencontres d'après minuit (Yann Gonzalez, 2013)

Creo que esta película no habría tenido sentido en ningún otro momento de mi vida. Pero la vi en este, en ahora, aquí, y la entendí. Fui capaz de meterme en ella de tal manera que si hubiera cerrado los ojos y escuchara las voces de lejos, no sabría si estoy viviendo o viendo.





Pude estar en esa casa, siendo tres, esperando a más gente. Esperando que vengan a vernos, a tocarnos, a escucharnos, a entendernos, a follarnos. Que llamen a la puerta y nos digan, sin todavía habernos siquiera visto, j'ai déjà envie de vous. Sí. Es ese el tipo de amor que me gustaría experimentar, el amor a ciegas. El amor para todos, por todas partes. Tocar todos los cuerpos y encontrar la particularidad de cada uno. Sus aristas, sus defectos, aquello que los hace únicos. Su belleza, también. Encontrar ese tipo de amor que se desvanece en cuanto sale el sol, como un vampiro asustadizo. Y ese otro que quieres que se quede contigo, que aprenda a vivir también a la luz del día.

Ese tipo de amor en el que le puedes decir a tu amor amuse toi, avec ou sans moi, y no sentir dolor a la mañana siguiente. No sentir arrepentimientos. Besar todas las bocas, acariciar todas las pieles, no dejar ni una. Atraparlo todo, hacerlo efímero, hacerlo intenso, hacerlo real. Y no sentir deseos de huir.


2 de abril de 2014

Les gazelles (Mona Achache, 2014)

Era un sábado noche y tenía ganas de ir al cine, desconectar el cerebro, ver una película de mierda, comer palomitas, hacer ruido con la boca, reír bien alto, bien fuerte, bien molesto, fundirme en la butaca. Resultó que la película era una mierda pero no con todas sus ganas. Tenía un trasfondo triste, un poso depresivo que venía a decir algo como "estar soltera está muy bien en general, cuando eres libre y haces lo que quieres y cuando quieres y con quien quieres, pero los domingos, ay, los domingos vas a querer morirte pequeña, cuando salgas a hacer deporte al aire libre y veas a todas esas parejas, cuando pienses en ellos en sus casas viendo una película juntos, haciendo el amor juntos, cortándose las uñas de los pies juntos, y tú estarás sola, sola, sola". No era necesario.


La gran familia española (Daniel Sánchez Arévalo, 2013)

Advertencia: En este post no vas a encontrar nada sobre La gran familia española.

Nunca creí que podría decir una frase tan horrible, pero ya no tengo tiempo para escribir sobre las películas inmediatamente después de verlas, y por lo tanto siento que ya no escribo con esa fuerza o vivacidad sobre ellas, que es de lo que se trataba. Cuando empecé este blog hace casi 4 años veía películas diariamente en casa, aunque también iba mucho al cine. Y tras ellas, siempre encontraba esos 15 minutos de tranquilidad, de "no tengo otra cosa que hacer", en los que me gustaba pensar en la película y escribir sobre ello. Y me sigue gustando, pero se ha convertido en una especie de tarea pendiente. Ya casi no veo películas en casa, pero voy al cine todas las semanas, todas las veces que puedo. Y luego me pierdo en otra cosa, hablo con la gente que me acompaña, 5 o 10 minutos, y luego la película se va. Sigo necesitando este blog autoimpuesto para quedarme con ellas.

Estaba pensando eso cuando me disponía a escribir sobre La gran familia española porque la vi hace al menos dos semanas, qué sé yo. Y entonces recibí un mensaje de Cibrán hablándome sobre La vie d'Adele. Si no adorara también a 4 ó 5 personas más, podría decir sin miedo que Cibrán es la persona que más adoro del mundo. Espero que no se enfade por invadir su privacidad así con premeditación y maldad y alevosía y sin consentimiento. Pero este mensaje es todo lo que necesitaba para seguir donde estoy, donde siento que debo estar. Y no moverme, al menos todavía.


"[...] A película é marabillosa en toda esa duración e toda esa luz e eses corpos, é tan física, esa pel, tan intensa e tan bonita, esas actrices... é o tipo de película que espero que chegues a facer nalgún momento. Ainda que agora estou pensando en ti e no xenial que escribes no teu blog e en que teño que ver máis películas porque senon fasme spoilers e só te leo moi de vez en cando gardándomo para logo. E encántame lerte porque creo que chegaches ó punto no que non hai apenas distancia entre o que eres e o que escribes, ti eres o teu propio estilo e é fantástico porque é intelixente e profundo pero natural. Teño ganas de que me escribas a min, e teño ganas de ver as próximas cousas que dirixas para ver se consigues algo así. Supoño que é cuestión de que fagas mil cousas ata que xa non teñas que pensar en como dirixir, senon soamente dirixir. [...] E tamén teño ganas de que me contes cousas divertidas porque eres moi divertida e boto de menos o teu humor. Boto moito de menos todas as pelis que vimos xuntos e aprender e falar e non estar de acordo. Cando sexas Godard en chica acórdate de facer cousas graciosas."