26 de septiembre de 2012

To Rome With Love (Woody Allen, 2012)

Desde que fui pequeñita y hasta ahora vi las 40 y pico películas de Woody Allen y es por ello que nunca me atrevería a decir ni una sola mala palabra sobre él o su obra, y que incluso estas malas palabras que pudieran surgir, nacen de mi más profundo cariño y admiración. Porque Woody Allen es un poco ese Hitchcock que nos hace a todos felices: público y crítica, que se suele decir, como dos continentes divergentes, papá e hijo, pues Woody los tienen a ambos contentos, la mayor parte de las veces. Y cuando se dice que "fracasa" (qué verbo tan feo), público y crítica, papá e hijo, también se suelen poner de acuerdo. De esto extraigo que parece ser que todo el mundo entiende a Woody Allen porque es un director que trabaja sobre la superficie, de la que todo el mundo puede opinar sin riesgo a quemarse. ¿En serio?

Lo que hace a Woody Allen un autor es que incluso cuando una película no le sale demasiado bien, falla siendo Woody Allen, falla con su estilo único. ¿Acaso no es eso bello? Woody Allen tiene que fallar. El error lo lleva en la sangre, durante tantos años fue ese personaje perdedor (saber y perder, lo tiene por costumbre) y sin embargo sus películas eran obras maestras por las que tendrías que arrancarte la piel para encontrarles un solo pero. Todos sentimos conocerlo a la perfección porque hemos visto cada pedacito de sus entrañas volcados en todas y cada una de sus películas. Su modo de hablar, su ironía, su cinismo, sus creencias políticas y cómo estas han ido evolucionando, su forma de mirar y pensar a las mujeres, sus delitos y sus faltas, sus obsesiones. Nos las sabemos de memoria y nadie en su sano juicio debería pedirle a Woody Allen que deje de rodar porque es un animal de cine y nos gusta como es. Woody Allen es ese amigo que conocemos como la palma de nuestra mano y que nos gusta visitar una vez al año, pero es mejor aún cuando es ese amigo que conocimos en los años 70, sus años dorados, y (gracias cine por ser perenne) podemos revisitar cuantas veces queramos. Me di cuenta de esto ayer, habré visto cientos de veces 'Annie Hall' o 'Manhattan' pero no he repetido ni una sola de las películas que ha hecho durante los últimos 10 años y que he ido a ver a medida que han ido saliendo. ¿Se podría decir que Woody ha perdido la chispa? No creo que sea justo. De hecho creo que es imposible afirmarlo cuando acaba de hacer 'Midnight in Paris'. Yo creo que lo que le está perdiendo a Woody es, paradójicamente, su miedo a la muerte. Ese miedo y esa hipocondría que tanto nos ha hecho reír años atrás. Nadie quiere desaparecer, Woody no quiere dejar de trabajar, y por lo tanto se ha vuelto rápido y poco certero. Mecánico.

Me hace gracia porque por muy mediocre o insulsa que pueda llegar a ser 'To Rome With Love', nos demos cuenta o no, Woody Allen sigue haciendo lo mismo que hizo siempre y que tanto nos ha gustado: hablarnos de sí mismo. Woody Allen es ahora mismo un turista perdido que se emociona con cinismo (dos términos difíciles de combinar) ante todo aquello que descubre y a lo que quiere aferrarse con todas sus fuerzas por miedo a perderlo. Woody Allen es ese prejubilado que siente la imperiosa necesidad de seguir trabajando para sentirse vivo porque su trabajo es en realidad la sangre que corre por sus venas, el celuloide que vela sus ojos, y el ruido del motor es aquello que impulsa cada uno de sus movimientos. Cualquiera puede ver eso. Woody Allen es aquel que da aliento a nuevos talentos, aunque para hacerlo tenga que poner en marcha una solución chapucera como meterlos en la ducha para que canten ópera, si de ese modo puede seguir haciendo lo que le gusta. Filmar, producir músicos, llámale x. Y la crítica dice: la voz que este hombre ha descubierto es única, una joya, pero hay que matar al loco que se le ocurrió esa puesta en escena y no permitirle volver a hacerlo nunca más. No lapiden a Woody Allen. Él nos ha dado el cine y solo quiere seguir dándonoslo un poco más.

 

Red Lights (Rodrigo Cortés, 2012)

'Red Lights' nos ha aburrido la fiesta de pijamas son sus tópicos, absurdidades nivel insulso y demases, pero, ¿¿y lo hermoso que es Cillian Murhpy??


18 de septiembre de 2012

While the City Sleeps (Fritz Lang, 1956)

Diálogos que no están masticados ni triturados para su fácil digestión.


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Madrid, 1987 (David Trueba, 2011)

Había olvidado el placer de los planos fijos y calmados que concentran por sí solos un valor incalculable. Es fácil asociar la modernidad con estas películas plagadas de una infinidad de planos vacíos bochornosos, un aturdimiento para que el espectador no se aburra, olvidando que Eisenstein no pertenece exactamente al siglo XXI. Sin embargo existe esta cierta tendencia que no podemos obviar, y con la que intento reconciliarme por todos los medios sin llegar a ser capaz. Ese filmar porque sí, más y más y más y siempre vacío, un simple esteticismo que me aburre. Contra este esteticismo vacío se planta Trueba, poniendo en bocas de los personajes de José Sacristán y María Valverde este diálogo:

Ella: Mira, es bonito este plano, del niño en el colchón en la camioneta, y la luna llena entre los árboles.
Él: Demasiado bonito. Por suerte llega una puta con un cliente y se ponen a follar ahí al lado.

'Madrid, 1987' es una píldora llena de modos de ver las cosas con las que estoy completamente de acuerdo, por lo que es difícil escapar a su encanto que no se encuentra precisamente a flor de piel. En un momento él se queja de la universidad donde ella está estudiando periodismo diciendo: ¿acaso a un perro le enseñan a ser perro? Y me pregunto yo, y los cineastas, ¿deberían aprender a ser cineastas? ¿es cineasta, puede llegar a ser cineasta aquel que no nace con ello en las entrañas? Hay mucha genre que cree que el arte es trabajo, yo nunca lo negaría, pero creo que el arte, principalmente y de un modo primario y animal, es algo que se lleva en la sangre, algo que no se puede fingir y falsear. El resto es técnica perfeccionada.

Me encanta que el enorme peso de la película recaiga sobre únicamente tres cosas: los actores, el espacio y el tiempo. Ahí es nada. Los encerramientos tan largos siempre me parecieron una peripecia que sólo los buenos pueden permitirse, y Trueba trata el tiempo como si fuera algo suave y dulce que se desliza paralelamente a este espacio cerrado, las 6 de la tarde, ¿qué estarías haciendo si estuvieras fuera?. Ese fuera, ese 1987, pertenece a nuestra imaginación, y por lo tanto podríamos pensar que tiene un color y un olor aleatorio, pero en mi mente se sienten de una manera muy específica.

María Valverde siempre fue un poco mi guilty pleasure. He visto casi todas sus películas y no puedo escapar a esa inocencia tan insultante de la que parece hacer gala y que le permite precisamente hacer los papeles más eróticos de la historia del cine español. No será la más guapa, pero precisamente por eso me gusta su belleza: no es sencilla, tuvo que trabajarla, como una pantera en medio de tanta vulgaridad.

Siempre me hace mucha gracia cuando la gente critica el cine español porque son precisamente películas como estas las que la gente no ve, y es precisamente música como esta (Irene Tremblay aka Aroah cantando la preciosa canción de los títulos de crédito) el tipo de música española que la gente no escucha. Me da tanta pena lo que nos estamos perdiendo y lo que como consecuencia de esto perderemos para siempre.


-Por dentro estoy aplaudiendo



-Un poco de música ayudaría.



-No, la música estorba siempre. En las películas la ponen como señal de tráfico para los espectadores. Ahora te tienes que emocionar, ahora te tienes que asustar. Yo sé perfectamente, cómo tengo que sentirme en este momento.


17 de septiembre de 2012

Weeds (2005-2012)

Llevo 7 años de mi vida viendo 'Weeds' así que puedo asegurar que nunca supe enfrentarme a los finales de series con mucha valentía, o madurez, o raciocinio. Más bien todo lo contrario. Siempre los afronto con una nostalgia desgarradora, un vacío muy doloroso, aunque nunca nada fue comparable como acabar 'Six Feet Under' por la primera vez, lo que me costó una semana sumida en la más profunda y apagada de las depresiones. No me va a pasar eso con 'Weeds' pero cómo voy a echar de menos a Nancy Botwin y su pequeño clan.

Conozco a gente que fue dejando 'Weeds' por el camino. Yo estuve a punto de dejarla en la 1º o 2º temporada (no recuerdo), en el episodio final en el que Agrestic arde en llamas, pero por la simple razón de que me pareció un cierre tan absolutamente perfecto que nada de lo que podía venir tras ese incendio final podría estar a la altura. Ojalá pudiera haber guardado aquel sabor de boca para siempre, pero decidí seguir con la familia, en lo bueno y en lo malo. Nunca supe decir que tal o cual temporada es peor que la otra porque cuando pienso en las series pienso en ellas como un todo, así que solo quiero decir que estoy muy contenta de no haber abandonado a esta madre leona y a sus cachorros, porque con todos sus aciertos y desaciertos, he llegado hasta aquí. Hasta este último capítulo desgarrador y nostálgico, donde Nancy es absolutamente El Padrino que reúne a su familia y es capaz de mirar hacia atrás con esa humanidad cuya ausencia la ha caracterizado durante 7 años. Por fin, Nancy se ha hecho humana y sufre como nunca antes lo ha hecho porque la calma ha llegado a su vida. El trabajo está hecho, ahora es el momento de sentarse en el jardín y comerse una naranja mientras ves a los demás jugar.

'Weeds' siempre ha sido una maestra de los finales de temporada, y no me esperaba menos de este capítulo final. Un plano de 4 minutos en los que la vemos sentada, sola, y cómo su familia se une a ella, uno a uno. Y vemos sus caras, en el silencio más absoluto, sus ojos llorosos y cómo se muerden los labios. No vemos qué hay delante de ellos porque el futuro es irrelevante, lo que importa es cómo lo enfrentas y afrontas. Imaginamos que la nieve. Imaginamos que la noche oscura, fría y melancólica. Sabemos todo lo que hay detrás, lo que queda a sus espaldas, y es por eso que cada una de sus muecas, de sus lágrimas, de sus arrugas o de sus balas incrustadas en la cabeza son, cariño, las que nos han traído hasta aquí.

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11 de septiembre de 2012

The Misfits (John Huston, 1961)

Marilyn Monroe fue esa maravillosa actriz de la cual uno no recuerda exactamente si sus ojos fueron azules: recuerda el delicioso guiño de sus ojos, el diseño ligeramente amargo de su brillante boca roja, el famoso vestido carmesí de Niagara que se adhería a su piel como una llama, la combustión interna de su garganta mientras la besaban... No es poco. Un desatino criminal de los hombres que la rodearon -en sus films y en la vida real- marcó su destino: exigirla que se mostrara, además de encantadora, inteligente. ¡Qué insensata manía! Como si mostrarse simplemente encantadora no fuese en ella una prueba de sublime inteligencia.

Juan Marsé.

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5 de septiembre de 2012

Pijama's Party: The Dictator, V/H/S

Última fiesta de pijamas antes de la desintegración inminente provocada por septiembre donde las expectativas y fe depositadas en nuestra capacidad estomacal fueron desmesuradamente sobrestimadas a razón de una pizza grande por cabeza. Solo aguanté despierta dos películas y un descubrimiento para mí: Party & Co (¿dónde se escondió durante todo este tiempo?).

V/H/S: Recomendada por nuestro nuevo gurú del cine de terror, Alberto Polo, me gustó bastante porque me la tomé con humor. El hilo conductor me pareció un poco innecesario y el formato está un poco sobreexplotado (quizás vaya siendo hora de tomarse un descanso) sin embargo si dejas de intentar tener miedo y te sumerges un poco en cierto ambiente que te pide a gritos ignorar la credibilidad, es mucho más disfrutable. Mi historia favorita la primera, que no se sabía muy bien si era una gata, una vampiresa o un murciélago o las tres cosas a la vez y me hizo pensar muchísimo en May, una de mis psicópatas favoritas de la historia del cine.

The Dictator: Un no parar de chistes racistas y machistas. Bravo.


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1 de septiembre de 2012

Pijama's Party: Lola Versus, The Pact, Girl in Progress

Diario de una Fiesta de Pijamas nº 763:

La fiesta de pijamas de ayer registró el menor número de integrantes desde su fundación en el verano del 2009: dos. Esto nos hizo recordar la fiesta inaugural, donde todavía respetábamos la regla del 3: un drama, una comedia y una de terror. Cuando las noches de pijama duraban hasta las 6 y pico de la mañana y no éramos comedidas con la comida porque no nos importaba vomitar, aquello era otra cosa. Pero sobre todo nos falta la obra maestra que sirvió para inaugurar este ritual tan teen: Borat. No volvimos a encontrar otra película que nos hiciera reír a todas por igual tanto como Borat, aunque Brüno se le acercó mucho. Próximamente podremos degustar el gran reserva que hemos conservado con mucho autocontrol y que nos recordará a la más pura esencia de la Pijama's Party: El dictador.

El menú de ayer se presentaba un poco inestable. En las últimas fiestas de pijamas habíamos mandado a tomar por culo la comedia y el drama y nos habíamos centrado en tres de terror, pero al ser sólo dos integrantes, como que nos entró un poco el miedo. Así que la cosa terminó en:

Lola Versus: Mucho humor comprobar cómo se ha pervertido la etiqueta "Cine Independiente USA", en la vida vuelvo a confiar en ella. Poco hay que decir de esta película protagonizada por el doble África, la amiga de Eva en Los Serrano, la persona más gris sobre la tierra que intenta construír una especie de discurso feminista llegando a la conclusión de que no puede tener novio porque, cito textualmente, está comprometida consigo misma. A que se te llena la boca. Vaya pelma, sólo fue graciosa cuando África II tocó fondo y se emborrachó mucho e hizo cuatro caralladas, la verdad es que no sé cómo fuimos capaces de acabarla porque hemos crucificado otras películas y las hemos retirado de competición por mucho menos.

Dolores se llamaba Lola
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The Pact: Arte. Es una de las mejores participantes que hemos tenido en la categoría terror si obviamos The Loved Ones y otra de unos niños en un bosque cuyo título no fuimos capaces de recordar. Sé que siempre digo que no me gustan esas películas que evidencian algún aspecto (fotografía, cámara, música) por encima de cualquier otro porque una película es un conjunto y un blablabla, ¡mentira! La forma que tiene de moverse la cámara en 'The Pact' me hace recuperar la fe en la elegancia cinematográfica y me hizo pensar en Hitchcock, que en paz descanse, y que sus súbditos lo vean y continuen su legado. Lo bueno de 'The Pact' es que al contrario de lo que suele ocurrir en el 99% de las películas de terror, no tiene absolutamente ningún momento WTF, lo cual me hace respetarla mucho. Además se mantiene con cuatro cosas cumpliendo así la regla del menos es más: mi favorita de las reglas.

La casa tenía una decoración exquisita.
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Girl in progress: La vergüenza que me da reconocer que vimos esta película aumenta peligrosamente cuando os digo que el título en español es 'Educando a mamá'. Mamá es Eva Mendes lo cual hace las cosas mucho más tragables. Fue curioso porque la película es una basura con final ñoño incluído, pero tiene 4 chistes racistas tan graciosos que valió la pena verla sólo por eso.

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