Ruby Sparks (Jonathan Dayton, Valerie Faris, 2012)
Los primeros treinta minutos de 'Ruby Sparks' fueron difíciles. Fueron difíciles porque era muy grande la tentación de quitar esa película para evitarme hora y media de cabreo y blasfemias contra la trama, cosa que nunca fue mi actividad favorita de un viernes noche. Me los pasé así, gritándole a la pantalla: -Venga, de verdad, ¿un escritor más con crisis creativa? ¿no bastaba ya con los 50.000.000 de películas sobre este tema? -Una chica que va de loca, qué locura, se ha tirado a la piscina vestida, uuuh, qué chica libre, moderna, "perfecta" aunque sea más fea que pegarle a un padre y aún encima se crea mona, voy a vomitar. -¿Por qué ese hipster con gafas retro y camisas de cuadro nos esconde su MacBook y enseña al público una flamante máquina de escribir que sabemos que no usa porque son realmente incómodas y las teclas son duras como el demonio? Y así una larga lista de elementos que hacen que no me pueda tomar en serio otra estúpida película americana cortad...