29 de enero de 2014

Monty Python's The Life of Brian (Terry Jones, 1979)

Cool Runnings (Jon Turteltaub, 1993)

Casi lloro al final.


Yves Saint Laurent (Jalil Lespert, 2014)

Sería injusto decir que odio la moda, porque la verdad es que no la entiendo. Sería injusto decir que no soy capaz de empatizar con una historia de gays, porque la verdad es que soy una mujer, que no se puede sentir como hombre. Aunque entiendo de otros sentimientos que conciernen a los hombres: la venganza, el desprecio, el amor. Debe ser por esto que Yves Saint Laurent no me dijo nada y a la vez me dañó un poco, como un ciervo con una astilla en la pata, me dejó malherida saliendo de la sala, un poco cabizbaja, con un poso de tristeza en el estómago.

Yo venía dispuesta a despotricar de la Comédie-Française. Yo, como extranjera en Francia, nunca llegué a entender este snobismo que suponía ser un actor de la Comédie-Française. Es una especie de círculo vip, de actores con pedigree a los que se le supone un talento superior. Cuando publicitan una película francesa, ponen en letras bien grandes: PIERRE NINEY, de la Comédie-Française. Y luego los otros. Los bastardos. Los pequeños. Los menores.

Pero entonces le vi a él. Pierre Niney. Y me pregunté, cómo, un ser humano, puede condensar tanto talento, tanta belleza, tanto hipnotismo. Y me dije a mí misma: tres hurras por la Comédie-Française.


22 de enero de 2014

Gremlins (Joe Dante, 1984)

Solo hay una cosa mejor que volver a ver los Gremlins. Hacerlo a tres en compañía de dos maxipizzas de miel, nueces y queso de cabra.


About Time (Richard Curtis, 2013)

Solo diré una cosa:

If I could have it back all the time that we wasted, I'd only waste it again. If I could have it back, you know I would love to waste it again. Waste it again and again and again...


Las brujas de Zugarramurdi (Alex de la Iglesia, 2013)

Fui a ver esta película hace, al menos, 3 semanas. Sin embargo luego me olvidé de que la había visto, y en revancha me acordé del sentido primario de este blog: reterner las películas. Condenada a la memoria de poisson rouge, que dicen los franceses, mi cerebro solo retiene aquello que le cala de alguna manera, y de pasada. Lo que supongo que es una mala noticia para Las brujas de Zugarramurdi, con la que me reí en unos primeros minutos y me llevé las manos a la cabeza acompañadas de un WTF en otros.  Con la buena intención con la que acudí a la sala.

El otro día, cuando volví a ver All About Eve, me di cuenta de que no recordaba casi nada, y sin embargo algunas escenas estaban claras en mi cabeza como si las hubiera visto 200 veces, gesto por gesto, palabra por palabra. Esas películas no necesitan retención, no te las podrías quitar de la piel ni aunque quisieras, ni aunque frotaras durante toda tu vida. Estamos hechas de ellas. 

21 de enero de 2014

Cabadzi - Digère et recrache

Último videoclip, recién salido del frío de enero. Es una canción que Cabadzi nunca tocó en concierto porque para ellos no tenía sentido, ya que habla de soledad, de miseria sexual, del deseo de apartarse del mundo. No se escucha entre varios, no se ve entre varios. Este videoclip se ha de ver en soledad y con los cascos bien puestos.


15 de enero de 2014

The Secret Life of Walter Mitty (Ben Stiller, 2013)

The Secret Life of Walter Mitty es la típica película igual que todas las demás típicas películas pero que vista en el momento adecuado, con la sensibilidad adecuada (influenciada, quizás, por el dolor de haber metido los dedos cuando tu amada decidió cerrar la puerta del coche de un portazo y te tuviste que tirar sobre el suelo mojado del parking retorciéndote de dolor ante la visión de tus tres dedos negros y sangrantes), puede hacerte llorar y estremecer un poquito en las escenas con música dulce y tristona pero existencial que te invita a vivir, que te invita a irte a Islandia a ver un volcán, a Groenlandia a lanzarte desde un helicóptero a un barco, que te invita a qué sé yo, vive la vida, sal de tu oficina, apaga el ordenador, sal a bailar, no chatees, liga en directo, no hagas fotos, vive el momento, guárdalo en tu cabeza, hazlo tuyo.

Si tuviera que ser amable, si tuviera que ser una buena chica y decir algo bonito de Walter Mitty, diría también que en ella se pronuncia una de las frases más cierta en la historia de las frases: Beautiful things doesn't ask for attention. Pensad en ello. Ay, y la banda sonora.



The Wolf of Wall Street (Martin Scorsese, 2013)

Hay 5 ó 6 escenas en The Wolf of Wall Street que hacen de lo que sería derroche de vacío estándar que no conduce a ninguna parte, un ejercicio de ostentosidad digno de ser visto.

10 de enero de 2014

You're Next (Adam Wingard, 2011)

Pienso en ese tipo de errores que te acompañan toda la vida. Tienes 13 años y te compras un disco porque la carátula es bonita o inspiradora o parece prometerte música de la que a ti te gusta y resulta que es Gigi D'Agostino. Tienes 20 años y te compras un libro porque la portada parece prometerte una historia deprimente, que es lo que te va en ese momento, y acabas con un libro de Paulo Coelho en la estantería. Y tienes 27 años y ves una película solo porque su trailer te promete que va a ser gamberra e inteligente, sádica y divertida. Y te tragas You're Next. Tropezando con la misma piedra since 1986.



Nymphomaniac. Volume I (Lars von Trier, 2013)

Me gusta mucho cuando en Nymphomaniac la amiga de Joe le dice, susurrándole al oído, en una especie de movimiento que se detiene, con un ligero vaivén de su cabello:

-The secret ingredient of sex is love.

Lo dice de una manera tan segura de sí misma, con un punto de erotismo romántico tan inquietante, como si te estuviera contando la verdad más absoluta de todas las que existen, que casi parece que Joe se lo cree. Lo dice de un modo tan excitante que hasta yo estoy por creerla. Y me gusta mucho enlazar este momento con el final de la primera parte. Entre lágrimas de ausencia de dolor, Joe grita:

-I can't feel anything.

Una y otra vez, como si a fuerza de gritar fuera a despertar algún nervio dormido, algún músculo, el corazón, los pulmones, una punzada en el cuerpo. Pero nada sucede. Te acuestas con el que pensabas que podría ser el amor de tu vida esperando un milagro, una redención, algo que te haga darte cuenta: así que el sexo era esto. Por eso tanto revuelo. Buscas tu final feliz con fundido a negro. Y entonces, en ese preciso momento, no sientes nada. Nada salvo vacío. Nada salvo rutina. Movimientos mecánicos, los mismos de siempre, la misma polla, el mismo sudor, el mismo olor, el mismo estertor con cada embestida, con cada orgasmo descoordinado. Salvo que son todas diferentes, y tú ya no eres capaz de darte cuenta de cuál es la verdadera. Pero gracias a Lars, Joe no es Cenicienta besando miles de pollas para saber cuál es la correcta, tras la cual se esconde el príncipe. Es bastante más inteligente que eso. Es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que la maldad es más complicada que la maldad. Que el sexo es más complicado que el sexo. Y que al otro lado no hay nada que valga más la pena que el placer, efímero, sucio y adrenalínico del ahora.

Solo se puede entender la triste excitación de Joe si entiendes a Peggy Lee cantando Is that all there is.

Is that all there is, is that all there is?
If that's all there is my friends, then let's keep dancing.
Let's break out the booze and have a ball
If that's all there is.




Yo solo espero que Joe baile más y más fuerte en la segunda parte.

3 de enero de 2014

A Touch of Sin (Jua Zhang Ke, 2013)

Hay una escena increíble en A Touch of Sin. Está esta mujer que trabaja de recepcionista en un balneario, y ella no es una puta. Algunas otras chicas sí lo son, hacen masajes, hacen felices a los hombres. Pero ella, esta chica, ella no es ninguna puta. Sin embargo un hombre la toma por tal. ¿Qué haces en esta habitación si no eres una puta?, le pregunta. Ella no tiene muchas respuestas salvo repetirle, repetirle una y otra vez, vete, vete, vete, largo, no soy una puta, no soy una puta.

Entonces este hombre empieza a pegarle. Le pega una bofetada haciendo que ella se caiga en el sofá por la fuerza del golpe, suficiente para derrumbarla pero no tanto como para hacer que se rinda. Así que ella se levanta, mirándole cara a cara, enfrentádose contra su mirada. Y él le pega otra bofetada, y ella se cae, y se levanta acto seguido, rápida, digna, amenazante. Le pega, se cae, se levanta. Le pega, se cae, se levanta. Le pega, se cae, se levanta. Le pega, se cae, se levanta. Esto se repite durante muchísimos minutos. Y ella siempre se levanta con esa mirada que nos deja helados, con la belleza de la mirada de alguien que no tiene miedo.

Don Jon (Joseph Gordon-Levitt, 2013)

Don Jon tiene la mala suerte de parecer una mala película. Es el caso Eternal Sunshine of the Spotless Mind, traducida en España como ¡Olvídate de mí! con un risueño Jim Carrey en la portada. Son películas que se venden a un tipo de espectador que piensa que va a ver otra cosa y luego resulta que no es así. Y todo el mundo se enfada.

Don Jon parece la historia de un musculoso obsesionado con el porno que se liga a Scarlett Johansson, pero es mucho más que eso. Es, también, el primer largometraje escrito y dirigido por ese bombón llamado Joseph Gordon-Levitt, quien una vez fue riquiño al lado de Zooey Deschanel. Y es que el chico no es tonto y sabe meternos a todos en el bolsillo: a los que no quieren nada y a los que queremos más.

Don Jon no es perfecta. Tiene un final deplorable y en varios momentos se tambalea entre lo mismo de siempre y algo fresco. Pero tiene a Scarlett Johansson interpretando una de las escenas más ridículas y a la vez eróticas que he visto en mucho tiempo.