26 de marzo de 2013

Los amantes pasajeros (Pedro Almodóvar, 2013)

Cada vez que Almodóvar saca una película, todo el mundo se muere de ganas de verla. Su estreno es un gran acontecimiento, que es algo que no se puede decir sobre las obras de demasiados directores actuales. Porque Almodóvar tiene la suerte de que no solo sus devotos van al cine a ver sus películas, sino también aquellos que le odian con amargura.

Qué voy a decir, Almodóvar es facilísimo de odiar. Basta con que seas homófobo, retrógrado, purista, o demasiado serio. Porque si hay algo que creo que es imprescindible a la hora de disfrutar de las películas de Almodóvar es no tomarse la vida, ni el cine, ni a uno mismo demasiado en serio. Y esta aparente superficialidad choca con ese Deseo de nuestro querido Pedro de sugerir temas profundos de fondo. Véase las referencias nada camufladas a la crisis, a la malversación de fondos, a los escándalos económicos o al gusto del Rey por el sadomasoquismo. O esos pequeños dramas sentados en las butacas y disfrazados con colores estridentes: la hija que se escapó de casa, el asesino a sueldo con sentimiento de culpa, los remordimientos, etc. Sí, todo eso está ahí porque creo que es la manera que Almodóvar tiene para justificar sus "momentos locos". Sus momentos "te has pasado". Cree que esa es la manera adecuada de darle un transfondo a la comedia porque, hay una cosa curiosa, y es que a toda película dramática se le supone una profundidad porque se asume que el drama es profundo de por sí, pero parece como si las comedias necesitaran una doble base para sustentarse y no ser una estupidez. Almodóvar utiliza como colchón una aparente profundidad dramática o conciencia que creo que le hace más daño que otra cosa.

Hay gente que es buena hilvanando varios tonos, pero a mí Almodóvar me gusta cuando se deja llevar. Cuando es tanto o tan poco. Cuando no tiene que justificar una escena en la que dos maricas acaban de follar y uno de ellos sale con semen en la comisura de sus labios y aparece otro para quitárselo y acto seguido chuparse el dedo, siguiéndola con un momento tierno patrocinado por Paz Vega. En definitiva, y como a muchos otros, el Almodóvar que me vuelve loca es aquel que hizo Pepi, Luci y Bom y se divertía con Chus Lampreave sin más preocupaciones. El que no tiene miedo al qué dirán, el que es libre y está desatado y nos hace llevarnos las manos a la cabeza con sus barbaridades.

Esta mañana tuve la suerte de estar en la conferencia de prensa que dieron Miguel Ángel Silvestre y Blanca Suárez, y contaron una anécdota que creo que engloba el "toque Almodóvar". Hay una escena en la que el personaje de Miguel Ángel Silvestre se acerca a la cabina del avión y le cuentan la gravedad del asunto. Que el avión puede estrellarse y que todos morirán. Entonces él le pregunto cómo afrontar esa escena: ¿entraría en pánico? ¿se echaría a llorar? Almodóvar le respondió que no, que no reaccionaría de ninguna manera, que se quedaría indiferente, como si le acabaran de contar lo que habrá para cenar. Añadiendo: Y eso, es la comedia.

Gran parte de los mejores momentos de Los amantes pasajeros se producen porque los personajes no se mueven mediante la lógica, y eso me gusta. Una pareja que se pone a follar en el pasillo al lado de un personaje que sigue leyendo el periódico con desidia. En ese sentido, Los amantes pasajeros es un El Ángel Exterminador a la moderna y a todo color. Un encerramiento que desata a los personajes y los conduce hacia sus más bajas (altas) pasiones, les desinhibe y les otorga el don de la sinceridad absoluta ante una posible muerte inminente. El miedo a la muerte es aquel que nos libera y el sexo, el camino hacia esta liberación.

Os dejo con la canción de los créditos finales, que es muy bonita.


17 de marzo de 2013

Spring Breakers (Harmony Korine, 2012)

Spring Breakers sería una de las últimas películas en cartelera que iría a ver si no fuera porque empecé a leer críticas por todas partes que decían que lo que hacía que pareciera una película de mierda era paradójicamente ironía. Leí un titular magnífico que decía que era una especie de obra hecha por Godard a tope de Red Bull. Pero sobre todo leí lo que me dijo mi queridísimo Cibrán (Tenreiro) (Uzal). Nadie podría hablar mejor de ella. Os dejo con su maravillosa crítica para Los 35 milímetros.

"El nuevo artefacto de Harmony Korine es una cosa insólita. Está tan cerca del cine experimental más radical como de Gandía shore, y eso lo hace enormemente disfrutable desde cualquiera de las dos perspectivas. Y, a pesar de eso, no es una película cómoda ni conformista, ya que Korine parece haber encontrado una extraña lucidez que le hace ir un paso por delante de cualquier crítica que pueda hacérsele. Aún así, la de Carlos Boyero es una obra maestra de la descalificación.

El reparto de Spring Breakers puede llevar a pensar que el objetivo de Korine es desmitificar a los símbolos de la cultura infantil americana más conservadora (Selena Gómez y Vanessa Hudgens lo son) a través de confrontarlos con un realismo extremado por la estética MTV. Pero la película se desenvuelve de una manera que contradice cualquier postura concreta, ya que no hay una toma de postura crítica ni ridiculista con respecto a los comportamientos de los personajes. Esto es parte de su audacia, ya que la simple puesta en escena de una superioridad moral progresista habría hecho de Spring Breakers algo con muy poco interés.

El argumento de la película puede echar algo de luz sobre todo esto: cuatro chicas que viven en una de esas ciudades anónimas perdidas por Estados Unidos quieren marcharse a Florida en sus vacaciones de primavera. Cuando llega el momento, no tienen suficiente dinero, así que tres de ellas atracan una cafetería encapuchadas y con armas falsas. La cuarta en cuestión, Faith (Selena Gómez), no lo sabe. Llegan a Florida y se embarcan en una fiesta permanente de bikinis, drogas y sexo, menos Faith porque es una buena chica y hace un poco de contrapunto. La policía desmonta una orgía y las mete en la cárcel, de donde las saca Alien (un James Franco desbocado), un rapero traficante de drogas que vive su vida a lo Tony Montana y ve en ellas potencial.

Korine relata todo esto con un nuevo estilo narrativo que es seguramente su mayor hallazgo. La historia no funciona de forma exactamente lineal, sino en una especie de ritmo regresivo propio del videoclip, en el que las consecuencias pueden aparecer tanto antes como después de su causa. También es propio de la borrachera: pasado, presente y futuro se juntan en un mismo punto. La sensación es de entrar en una espiral espídica durante noventa minutos, en la que la música nunca cesa. Por eso, en su continuidad visual y su renuncia a las convenciones de Hollywood, es pura experimentación. Lo inteligente de la idea es precisamente lo demencial de construir un experimento alrededor de un reparto tan comercial liderado por cuatro chicas en bikini viviendo una fiesta permanente. La idea parte probablemente de la construcción de los ritmos de visionado que funcionan actualmente: se ve la televisión mientras se twitea, con el ordenador abierto buscando información y la programación funcionando a través de resúmenes, avances y repeticiones. Korine ha trasladado eso al cine y puede abrir los ojos a cierto público americano confrontándolo con ciertas contradicciones alrededor de la moral, la violencia y los objetivos en la vida de cualquier joven sin aspiraciones.

Sin embargo, avisábamos de que la película va un paso por delante. Se mueve en un equilibrio posibilitado por su narrativa, que la hace estar tan cerca (o tan lejos) de la crítica social como de la apología del desfase del spring break. Harmony Korine no se vincula a ninguna posición, se mueve en una visión amoral, o que al menos no juzga, y eso es lo que le permite, en medio de toda la locura, encontrar verdades. América puede estar bastante podrida, pero divierte a sus espectadores. Spring Breakers es un producto genuinamente americano, fruto de esa tensión. Como toda gran película, no explica al espectador lo que debe sentir, sino que deja que construya sus emociones y sus conclusiones. Probablemente tengan mucho de incomodidad y mucho de haberlo pasado en grande. Como en toda gran borrachera."


Dark Horse (Todd Solondz, 2011)

Todd Solonz es uno de nuestros pequeños genios de lo grotesco, de lo perverso, lo retorcido, el "mal ambiente" que se esconde tras una de las fotografías más coloristas y alegres de los 90 a esta parte.

De adolescente me flipaba mucho con sus películas, las veía todas una y otra vez, pero un día todo cambió, no sé si yo o él. El caso es que todo se volvió como más tímido, más taimado, más sutil. Cuando un director hace un cine inteligente e ingenioso, tipo Woody Allen o Michel Gondry, le pides que vaya a más, que cada vez sea más ingenioso, más inteligente, más auténtico. Cuando un director hace el tipo de cine que Solondz hace, le pides que cada vez sea más ácido, más corrosivo, más crítico, que tenga más mala leche. Cuando este director hace lo contrario, lo sientes como un retroceso y la decepción te invade. Algo así me ha pasado con sus últimas tres películas.

'Dark Horse' es buena retratando el patetismo de lo cotidiano. Ese llegar a casa todos los días y encontrarte la misma imagen con ligeras variaciones. La televisión encendida, los rostros perdidos, los cerebros desconectados. No sé por qué razón, la imagen de gente viento la televisión es una de las más depresivas que conozco. Nada me pone más triste que entrar en una casa y escuchar la tele de fondo y ver a una persona sentada frente a ella con esa expresión de "todo ha acabado" en su cara.




En este sentido 'Dark Horse' es un retrato de un tipo triste, un freak patético como ya lo habían sido antes muchos de sus personajes, pero sin más. Nada detrás de eso. Ni acidez, ni perversión, ni nada grotesco. Nada nuevo bajo el sol.

16 de marzo de 2013

Who's Afraid of Virginia Woolf? (Mike Nichols, 1966)

En la historia del cine encontramos una gran cantidad de películas de amor, sin embargo mis preferidas son las películas de odio. El odio conlleva venganza, rencor, el peso del pasado, la ira, la violencia. Todas estas emociones que son tan poderosas que representan el tema ideal para hacer cine con ellas.

Recuerdo especialmente dos películas sobre una pareja que se odia. La primera es 'La guerra de los Rose', una de las películas que más veces vi cuando era pequeña, que cuenta la historia de una pareja desde que se conocen hasta que se matan (el curso natural de toda relación de pareja). La segunda película es 'Carnage', de mi adorado Polanski. 'Carnage' se parece muchísimo a '¿Quién teme a Virginia Woolf?'. Dos parejas, un espacio cerrado, hipocresía al inicio que conduce hasta la explosión de odio al final.


'¿Quién teme a Virginia Woolf?' es una mezcla explosiva, una fórmula matemática que funciona a la perfección. La película tiene momentos de tensión y momentos para tomar aire y respirar profundamente, y están alternados de una manera tan sublime que es imposible escapar al encanto macabro de la historia.

La ficción y la realidad son confundidas a menudo. Todo el mundo conoce la historia de amor entre Elizabeth Taylor y Richard Burton, y es por ello que la película se convierte en un juego en el que imaginar qué cantidad de sentimientos reflejados en la pantalla son reales y cuántos falsos. Es mucho más difícil fingir el odio que el amor. Esa chispa de rabia que brilla en los ojos de los protagonistas de esta película imprescindible.


To the Wonder (Terrence Malick, 2012)

'To the Wonder' es como un viaje en barco. A algunas personas, como a mí, les encanta viajar en barco. Les encanta sentir el viento frío en la cara, el dolor del pelo enredándose, el vaivén interminable que hace tu cabeza girar, ese ligero mareo que se parece a volar. A otras personas, como a mi madre, no les gusta viajar en barco. Prefieren los medios de transporte tradicionales, aquellos que, ante todo, le permiten realizar el trayecto con los pies en la tierra: autobuses, trenes, coches. Historias tradicionales, que cuentan con una trama evidente.

Cuando viajas en tren puedes estar seguro de una cosa: de que vas a llegar a tu destino. De que todas tus preguntas se verán resueltas, que no habrá sorpresas. No hay claustrofobia, ni vértigo, ni temor. Viajar en barco es otra cosa. Hay un sinfín de imprevistos que pueden surgir, de oleajes que pueden cambiar tu trayecto, la fuerza del viento contra la que luchar. Y desde luego, nunca conoces de antemano el puerto al que vas a llegar. Ni dónde ni cuándo ni como.

Cuando viajas en barco, cuando ves 'To the Wonder', no sabes dónde estás. Es como estar en medio de un bosque rodeada por árboles de más de 10 metros de altura, que apenas te dejan vislumbrar unos rayos de sol y unos rayos de nubes y empiezas a girar sobre ti misma, utilizas tus pies como eje de rotación, y te sientes mareada pero no puedes parar, y cuando lo haces, alrededor solo hay náuseas y un dulce dolor de cabeza, un no saber dónde, cómo hacer esto, cómo vivir el amor, cómo atacar a la vida.

'To the Wonder' es una película táctil que te sorprende acariciando el terciopelo de las butacas de cine buscando una sensación a la desesperada. Es una película fría por momentos, cuando quiere meterse como un viento violento atravesando tu cuello y dándote un escalofrío de tristeza y vacío. Es una película cálida cuando te ofrece un amor sobre suelo enmoquetado con rayos de calor aterrizando sobre los cuerpos, naranjas y brillantes. 'To the Wonder' es una película que se puede oler y huele a salvaje. A tierra mojada y a trigo alto, huele a correr hacia ninguna parte, perdida y dañada. Pero sobre todo huele a mar agitado, huele a dejarte mecer por las olas mientras te invita a dejar las preguntas inútiles para los que viajan en tren.

No la vean si no les gusta viajar en barco.


12 de marzo de 2013

Dans la maison (François Ozon, 2012)

Cuando tenía 19 años o así me dio por ver toda la filmografía de François Ozon, creo que solamente porque era francés y obnubilada por la Nouvelle Vague pensaba que eso era sinónimo de calidad. El caso es que era uno de los pocos directores que a pesar de que cada película suya que veía pensaba "bah, no es para tanto", aún así seguía viéndolas, una tras otra, casi como si fuera un reto o tuviera que ganarme el derecho a opinar.

Ayer vimos 'Dans la maison' y nos ha gustado. Podría ponerme a hablar del brillante juego de espejos que se establece a tres niveles y que se alterna hasta confundirse, pero estoy segura de que mucha gente lo ha hecho ya. Lo bonito de 'Dans la maison' es que es inclasificable. Es, por momentos, una comedia tímida que se torna algo turbio y misterioso, se vuelve cruel de repente casi sin quererlo y luego muestra piedad y humanidad en momentos insospechados pasando por atisbos de drama o terror. Y esto es algo que el profesor de literatura francesa no es capaz de aceptar. No es capaz de soportar que su alumno sea inclasificable. Que lo que escriba no sea especialmente realista o costumbrista o naturalista o de misterio. Que no se decida entre uno de los rusos o un Flaubert. En definitiva, que sea libre a la hora de moldear a sus personajes a su antojo. Eso es algo que no le gusta a demasiada gente: la libertad. Las cosas nuevas, difíciles de meter dentro de un cliché.

'Dans la maison' ejerce una reflexión sobre el arte oxidado, por un lado con este alumno que irrita a su maestro por el simple hecho de escaparse a su entendimiento: es decir, ser más listo que él. Y por otra parte con su mujer, que trabaja en una ridícula galería de arte por la que desfilan piezas que representan lo atípico y que de igual modo, escapan al entendimiento de la gran parte de los espectadores, pero como entran en el mundo del comercio, la gente se esfuerza por encontrarles una explicación.



Por otra parte adoro que el protagonista sea un fracasado y me hace infinitamente triste ese momento en el que, al final de la película, descubrimos que él también ha escrito hace muchos años un libro sobre una historia de amor banal que "no estaba a la altura de los escritores que él admiraba". Mis profesores siempre me dijeron que para hacer cine primero tienes que ser un gran espectador, ver muchísimo cine, saber sobre todos. Para mí esto nunca supuso un problema, sino todo lo contrario: los deberes se convierten en placer, y lo habría hecho aunque me lo prohibieran. Sin embargo esto no es ninguna garantía y luego llega ese joven con talento que no conoce a Flaubert ni a Salinger pero es capaz de escribir relatos que embaucan sin ninguna técnica ni base preestablecida. Y eso duele, ¿eh?

Detachment (Tony Kaye, 2011)

Creo que hacía muchísimo tiempo que no veía ninguna película que me daba tantas ganas de vomitar como 'Detachment'.

Por una parte me cabrea hasta límites inimaginables esta sobredosis de drama tan facilona que es un insulto. Una película que arranca con una música tristona de telenovela y no cesa hasta el final. Esas situaciones retorcidamente ridículas sin un rayo de luz: que si la niña puta violada y sin hogar, que si la gorda suicida artista frustrada, que si los padres son malos, los niños malos, el abuelo violador moribundo, la madre muerta. En serio, basta. Ya sé que el mundo es un lugar oscuro pero tampoco hay que pasarse. La realidad tiene matices, no es un gran pozo de desolación y violencia. Y hablo de la realidad porque la película pone todo de su parte para fingir un tono realista con los métodos de moda. Que si cámara en mano, que si grano en la película, que si narración fragmentada. Pura basura.

Sin embargo ninguna película que despierta en ti tanta rabia se merece ser ignorada. Quiero decir que es más difícil cabrear que dejar indiferente. En ese sentido le doy un 10 a 'Detachment' porque me ha dejado de todo menos fría. Hasta el punto de que en la escena "voy a coger un martillo y un gato para matarlo" cogí el archivo de película y lo tiré a la papelera con toda la fuerza de mi ratón, para arrepentirme minutos después y volver a sacarla pensando: A ver si esta película de mierda va a poder conmigo.

La foto que ponen todos los críticos para ilustrar sus textos porque es la única estéticamente no vomitiva de toda la película.


9 de marzo de 2013

This Is Forty (Judd Apatow, 2012)




Harold and Maude (Hal Ashby, 1971)

Creo que solo había visto una película antes en las que la relación entre una persona de una edad y otra de otra muy lejana o un parentesco me había provocado un poco de impacto y esa fue 'El soplo al corazón', una de las mejores películas de Louis Malle en la que la película avanza y así al final casi sin darte cuenta tienes a una madre y a su hijo enamorados y practicando sexo (o así lo recuerda mi memoria, hace más de 6 años que la vi y no recuerdo ni qué hice hace 6 minutos, igual solo se daban unos besitos, quién sabe).

El caso es que algo parecido me ha pasado con 'Harold and Maude', yo la estaba viendo, tan tranquila, pensando que era la historia de dos personas que habían tenido la suerte de encontrarse en el mundo y que se tenían mucho cariño y zas, de repente me los encuentro en la cama desnudos y me pongo a flipar mucho. Supongo que también ayuda que la cara del actor deje su edad en un punto un poco incierto. Yo no le echo más de 12 años, luego resultó que tenía 22 o una cosa así muy loca. Y 12 a 80 es demasiado incluso para una chica del siglo XXI joven y abierta como yo.

Algunas personas que aprecio o quiero mucho adoran esta película (todas, en realidad) y eso me puso un poco triste porque yo no fui capaz de adorarla, sino todo lo contrario. Me moví entre el aburrimiento y la estupefacción final pero ni siquiera en el buen sentido, y odio cuando me pasa eso con las llamadas "películas de culto" porque siento que he fallado, que he hecho algo mal, me he equivocado y no sé en qué.

¿Cómo puede esta persona con esta cara y ese cuerpo ser un adulto y no un niño?


3 de marzo de 2013

La pájara (Jimina Sabadú, 2013) (#LittleSecretFilm)

La verdad, y Dios me perdone, es que no tengo ni idea de quién es Jimina Sabadú. Busqué su nombre en Google pero mi pereza es tan supina que apenas tuve paciencia para retener dos datos y ver un vídeo suyo en youtube donde parece una chica íntegra, inteligente e infantil, tres cualidades difíciles de conjugar.

Jimina, yo no te conozco a ti, y tú no me conoces a mí, pero me gustaría abrirte la cabeza, para ver lo que llevas dentro, porque parece interesante, o todo lo contrario.

Cuando ves 'La Pájara' hay dos cosas que saltan a los ojos sobre todo lo demás:

1. La calidad técnica. Yo no soy una de esas personas que se quitan el sombrero que no llevo ante los efectos especiales o una fotografía preciosista que va por libre y no al lado de la historia, sino todo lo contrario. Con esto quiero decir que que vaya a calificar 'La Pájara' de una pobreza técnica escandalosa no lo digo como algo negativo sino mercamente descriptivo. Estoy 100% segura de que es a propósito, pues es físicamente imposible no hacer bien una panorámica.

2. WTF. Estamos en el siglo S. XXI donde Apichatpong hizo una película con un gorila gigante así que todo lo que podría sorprendernos ver a un murciélago gigante o demás bichos disfrazados queda bastante amortiguado. Sin embargo tras ver 'La Pájara' sientes que no has entendido nada demasiado bien y te visualizas como un niño pequeño desorientado que no sabe si llorar o aplaudir. Algunos críticos prefieren calificar esto de "fantasía". Yo lo llamaría "ser una maestra del WTF".


Nova (Ezequiel Romero, Bruno Teixidor, 2013) (#LittleSecretFilm)

'Nova' es lo que pasaría si 'Extraterrestre' y 'Melancolía' se encontraran al final de una tarde paseando por un parque ya desierto. Creo que la gente, alguna gente, cuando ve 'Nova' o cualquier otra película de LitteSecretFilm puede pensar "no está nada mal para estar hecha en 24 horas", o, "no está nada mal para estar improvisada". Ese es el pensamiento erróneo, pues las grandes obras no se toman la improvisación o el contrarreloj como un contra sino como algo que poner a favor del resultado: algo que no solo lo apoye sino que aún encima lo mejore. Lo que típicamente se conoce como aprovecharse de las circunstancias, el famoso menos es más.

Eso es lo que hace 'Nova': utilizar este hipernaturalismo en pro de una atmósfera indescriptible. Ese titubeo de los personajes que no saben hacia qué dirección orientar su frase en pro de una ambientación de rareza en la que nadie sabe qué está pasando ni cómo vamos a salir de esta. Y de eso se trata la ciencia ficción. Nadie lo sabe, ni siquiera sus propios protagonistas, ni siquiera sus propios directores. Es por eso que este pequeño obstáculo que cualquier otro creador hubiera tratado de sobrevolar o sortear para no ver la narración afectada por él, se convierte en el corazón de oro de 'Nova', que explosiona de un modo invisible para la gran mayoría,  pero perceptible para aquellos que permanezcan con los sentidos bien alerta.

Bachelorette (Leslye Headland, 2012)

'Bachelorette' es una buena mala película. Es una buena mala película para esos sábados a la tarde acompañada en los que estás enferma y ni ganas de comida basura tienes. Es una buena mala película para esos días en los que hacer una suma de dos cifras de cabeza se convierte en una tarea titánica y necesitas algo simple, directo y en vena.

Además, 'Bachelorette' me tocó alguna fibra porque pertenezco a esa generación que ahora tiene 26 años, perturbados por ser la edad a la que tus padres ya estaban casados y pariéndote, y esa misma edad en la que es todavía impensable para ti plantearte siquiera qué es eso del matrimonio porque todavía no tienes trabajo estable y no ves tan lejanas aquellas "locuras de juventud".

Por mi parte hay muchas cosas que odio en el universo, pero especialmente dos: los hijos y el matrimonio. En ese sentido, el personaje de Kirsten Dunst queda descartado para mí como identificación. Pero como toda película americana, hay abortos para unos y banderitas estadounidenses para otros, así que me quedaban otras dos: Isla Fisher (conocida por ser la actriz principal de 'Confessions of a Shopaholic' y la mujer de Sacha Baron Cohen, la cual descarté de inmediato porque su sueño no era una boda perfecta pero sí un novio con trabajo (pide poco, la chavala). Todo esto me condujo hacia la tercera en discordia: Lizzy Caplan. A la señorita Lizzy la había visto en dos ocasiones, en Freaks and Geeks en algún episodio que no recuerdo, y en New Girl, haciendo de "novia de Nick que se parece MUCHÍSIMO a Jess" aunque en realidad se parece mucho más a Katy Perry. Esta chica es un poco cocas y está colgada de su ex del instituto, cosa que a mí obviamente no me pasa, sin embargo es la que mejor viste y mejor se peina, la más guapa y la más soez, así que ¡qué más le pides!