30 de abril de 2013

Four Rooms (Allison Anders, Alexandre Rockwell, Robert Rodriguez, Quentin Tarantino, 1995)

Cuando tenía 16 años descargarse una película era una tarea que podía llevar días y días. El modem conectado a la línea telefónica que se desconectaba cada vez que alguien llamaba, el Kazaa echando humo mega a mega. Esto llevaba a que durante esos dos años previos a la explosión de accesibilidad cultural rápida y eficaz, conseguir una película por estos medios fuera poco menos que una tortura. Y las películas que yo quería ver no se encontraban facilmente en los videoclips (oh pobre niña marginada por el imperante comercial del momento). Es por esa razón que Four Rooms, una de las películas que había conseguido descargarme en mis tiernos días porque había un episodio filmado por Tarantino, fuera quemada en mil visionados que disfrutaba semanalmente.

No había vuelto a verla desde entonces y ya sabéis cómo van estas cosas. Los nervios previos al reencuentro. El temor a la decepción. Preguntarse quién ha cambiado, si ella o tú. Mágicamente, Four Rooms parece mantenerse en su mismo lugar y yo en uno bastante parecido. En realidad la sensación es la misma: es imposible ver esta película sin preguntarte por qué este niño, probablemente el mejor actor infantil del universo, nunca se convirtió en una estrella.



21 de abril de 2013

Primos (Daniel Sánchez Arévalo, 2011)

Repito la crítica que escribí la primera vez que vi Primos, porque es muy difícil encontrar películas que permanezcan iguales en ti cuando las revisitas. Es señal de que algo va bien.



'Primos' me ha gustado mucho (mucho más de lo que esperaba que me fuera a gustar). Qué digo, al menos durante estos tres minutos que han pasado desde que ha acabado, me ha gustado ¡muchísimo! Me parece una película absolutamente llena de encanto cuando olvidas que intenta hacerte reír de vez en cuando.

Entonces me pregunto por qué. Qué diferencia esta película de cualquier otra de esas comedias un poco muy estúpidas que no hacen ni maldita la gracia. El sonido.
El sonido en el cine es una de esas cosas que no me llaman la atención a primera oída, y soy muy consciente de que es algo básico. Cuando estuve en la escuela de cine estuvimos estudiando durante seis meses única y exclusivamente el sonido en el cine y lo que más me sorprendía de su arte era lo invisible que era. Y comprendo que ahí radica toda la diferencia. Por ejemplo: tenemos una escena de esas típicas de exaltación, en la que los personajes salen a la calle y en una serie de planos independientes se nos narran acciones divertidas y variadas. En cualquier comedia barata, esto vendría acompañado de una canción animada, a un volumen avasallador que te impondría una falsa emoción de euforia porque las imágenes no se valen por sí mismas. Pero 'Primos', sin embargo, te ofrece la misma escena con un sonido muy particular. La música está increíblemente baja, no es ni música. Es un silbido, un murmullo, algo suave y melancólico y vivo y los sonidos reales (pasos, ropa que se roza, el pelo moviéndose al aire, campanas a lo lejos...) se escuchan con una intensidad muy clara pero a la vez muy naturalista, que te hace sentir un yo he estado ahí completamente acogedor, como volver a casa. La música y los sonidos son aquello que podría estar sonando en tu cabeza.
Ocurre otra vez en una escena en la que los protagonistas, envalentonados, se suben al escenario a cantar una canción de los Backstreet Boys para dedicársela a los amores de su vida. En cualquiera de esas otras malas películas de las que hablo, As long as you love me habría sonado altísima, devorando el resto de los elementos cinematográficos a su alrededor, convirtiéndose en otra escena de esas de momentazos que jamás (jamás) ocurren en la vida real. La vida real es otra cosa. La vida real es lo que nos muestra aquí 'Primos', con apenas una base musical intuída y las voces de los protagonistas desafinadas y torpes, mostrando exactamente lo que son: los perfectos antihéroes. Fracasados, un poco gilipollas, débiles, perdedores. Y su encanto reside precisamente en este patetismo en el que todos nos podemos sentir identificados.

Hay más cosas que me cautivan en esta película española. Ese viaje iniciático de tres personajes tan diferentes y tan caricaturescos y que el resto de la película sea un eterno retorno. Un retorno al pueblo, y para más inri, un pueblo en fiestas. Y pienso en Julio de la Rosa cantando Pueblo en fiestas con esos pájaros de atardecer sonando de fondo, ese piano, alguna sirena, la puerta de un coche que se cierra, caminas por la piedra, calles estrechas, húmedas, una chaqueta al anochecer. Fui a verte a aquel pueblo y estaban en fiestas. La gente en la calle parece feliz. Recuerdo tu cara, era toda sorpresa, ¿es que ya no te acuerdas de mí? La noche rompió en fuegos artificales y escuchaba una guerra. Di, ¿cómo estás? Bien sin ti. Un buen final suena así. Y entonces, los fuegos artificiales estallan en el cielo negro. Y un barco pirata se lanza hacia él, dejando atrás a todos los miedos y a los malos y a los males.

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No. Algo menos siniestro. 'Primos' es Quiet Town de Josh Rouse. Menos violenta y dolorosa. Más amable, para hacerte sentir bien cuando acabe y no una vez más solo en la miseria. But for now, I want to stay in this quiet town.
'Primos' vive más en tu cabeza que en todos esos lugares que hay fuera de ella. Vive en el recuerdo y en el deseo y ataca a nuestro instinto irrefrenable de volver. De volver a casa, de volver al primer amor, de volver a la vida antes del miedo, la vida antes de la vergüenza. Volver a la vida antes de que ésta se fuera a la mierda.

10 de abril de 2013

Blow Out (Brian de Palma, 1981)

Este plano es, probablemente, el mejor plano que Brian de Palma ha ideado en todo su cine.

Seis puntos sobre Emma (Roberto Pérez Toledo, 2011)

Cualquier película del mundo en la que salga Verónica Echegui, la mejor actriz española seguida muy de cerca por Rocío León, merece la pena ser vista.


Animals (Marçal Forés, 2012)

Hace muchos años (y aquí viene la confesión de la vergüenza) compraba la Fotogramas cuando salía el dvd de los cortometrajes premiados del año, o una cosa así. La gran parte de ellos eran cortos hechos por alumnos de la ESCAC, y todos tenían una cosa en común: que todos eran el mismo. Los mismos diálogos, la misma fotografía, el mismo estilo de montaje, la misma supuesta frescura que no es tal, una corrección técnica impecable al servicio de historias a cada cual más vacías y superficiales. Cuando tuve la oportunidad de ver Animals en el Festival de Cinéma Espagnol, el propio director definió su película como "una de las apuestas más arriesgadas de la ESCAC". Ahí yo ya estaba esperándome, al menos, un remake de Las margaritas con tintes Maya Deren. Cuál fue mi sorpresa al encontrarme lo mismo de siempre, incluso cuando habían pasado unos 7 años desde aquellos cortos de las ESCAC, todo seguía siendo lo mismo pero con más metraje, ninguna evolución, ningún cambio, solo una explosión desatada de modernidad por todos los costados.

Animals narra la angustia interior (oh) de un niño de papá rico y superficial, muy bien peinado que, pobrecito, cuántos problemas, tiene un amigo imaginario, el oso de Ted pero en educado. El director dijo que había incluído un poco su universo y su pasión por los comics pero lo único que fui capaz de escuchar fueron cuatro comentarios sobre Black Hole, al parecer el único comic del mundo. Los comentarios profundísimos sobre estos grupos de música o "referencias culturales" son: es molt maca, cool o mola. Cuatro momentos de delirio musical metidos con calzador y un final mezcla de Elephant y Yeah! Yeah! Yeah!, mi corto preferido de la ESCAC y del mismo director que en mi opinión tendría que haberse quedado en eso, en un corto. Animals quiere hacer creer al público que calla más de lo que cuenta pero la única razón de hacer eso es para esconder el hecho de que en realidad no cuenta nada.

No todo es tan terrible y es que aunque a muchos nos pese, la modernidad se ha impuesto como un estilo. Al principio los modernos eran definidos por el tipo de cine que les gustaba, pero ahora los modernos se han decidido a coger una cámara y hacen sus propias obras las cuales son, por supuesto, un popurrí de modernismo que pese a quien le pese, es tan bonito de ver como vacío.


9 de abril de 2013

Els nens salvatges (Los niños salvajes) (Patricia Ferreira, 2012)

Pese a lo mucho que me gusta el cine sobre adolescentes, siempre siento ese pequeño atisbo de ridiculez que solo es posible ignorar por otro adolescente que esté inmerso en esa realidad. Solo los adolescentes deberían poder escribir y dirigir películas sobre los adolescentes. Cautivar ese punto y aparte en el que todo ser humano se ha sumergido pero nadie parece recordar sentir.


El artista y la modelo (L'artiste et son modele) 2012, Fernando Trueba

El artista y la modelo tiene en mi cabeza dos antecedentes muy claros. Uno es La bella mentirosa, la sedante caída en picado rodada por Rivette. En ella hay una historia, y el otro día me recordó Joy que cuando acabamos de verla, seguimos oyendo las pinceladas durante al menos una hora. Así de incrustada se nos quedó esa película. El segundo referente viene curiosamente de la mano de su hermano menor, David Trueba: Madrid, 1987.

Lo que une a estas tres películas es el artista: pintor, escultor y escritor, y la mujer como musa o objeto precioso a mirar. Mujeres que siempre son jóvenes y escandalosamente bellas. Hombres que siempre son viejos y han llegado a una especie de corredor sin fondo. El que hace y el que es hecho. En las tres películas hay una especie de obstáculo que no es más que los demonios, incapacidades o frustraciones del artista. Lo hemos visto cientos de veces, sobre todo con metaforma de "hoja en blanco". Sin embargo hay algo que une a estas tres obras y es su manera de deleitarse.

Se produce aquí una hermosa metáfora. El creador que contempla la realidad para convertirla en imagen, y esto a su vez es reconvertido en imágen fílmica para ser observada por nosotros. Hay algo bello en todo eso. Algo dulce y delicado. El dejarse llevar contemplando la imagen de este contemplador. La paz interior de la belleza vacía. Y la belleza de las cosas simples.



4 de abril de 2013

El muerto y ser feliz (Javier Rebollo, 2012)

A girl, a gun.
 
 

Nuit Fantastique (Insensibles & Lobos de Arga)

La Nuit Fantastique del Festival de Cinéma Espagnol reunía dos películas. A la primera, Lobos de Arga, llegué treinta minutos tarde. A la segunda, Insensibles, me fui treinta minutos antes. Yo que pensaba que la primera iba a ser una mierda y la segunda iba a molar y fue justamente al revés pues con Lobos de Arga me rei muchísimo y Insensibles pues qué os puedo decir, creo que solo me salí de una sala de cine antes de que la película acabara una vez en mi vida, con 14 años, cuando fui a ver No es otra estúpida película americana y ¡resulta que sí lo era!

Lobos de Arga tiene unos actores fetén, humor gallego del bueno, momentos muy irrisorios y una de las cosas más importantes para triunfar en la comedia salvo que seas Billy Wilder: no se toma muy en serio a sí misma.  

Matad a quien queráis menos al perro.

Insensibles es, probablemente, una de las peores películas que vi en toda mi vida. Àlex Brendemühl es oficialmente el peor actor que existe. Parece un bisnieto de Nosferatu intentando interiorizar las emociones. ¿Y por qué vocaliza tan mal? Aparte de eso, la película intenta de un modo torpe y ridículo crear una intriga o unos pseudomomentos gore que en teoría deberían tener en vilo o al menos producir asco en el espectador, pero la máxima reacción que logra es llevarse las manos a la cabeza y fundirse lentamente en la butaca queriendo creer que todo es una mala broma, que aún encima ni siquiera tiene gracia.

  Aquí, asimilando emociones.

2 de abril de 2013

Blancanieves (Pablo Berger, 2012)

Creo que es muy difícil por no decir injusto, por no decir impropio, encasillar en palabras esta hermosa crueldad que se narra en cada uno de los planos de Blancanieves. Hablar de la belleza que hay en el dolor extremo de cada una de las acciones, de la pureza cegadora que late en los ojos de Blancanieves. Creo que es muy difícil no perderse en el halo de luz que aterriza sobre la pantalla, en la suavidad y la certeza y ese empujar un poco más fuerte que Pablo Berger nos regala.

Blancanieves es una nueva forma de ver la pesadilla de los hermanos Grimm, aunque está filmada de un modo en absoluto nuevo. Sin embargo, la riqueza del montaje, de las metáforas, las sutilezas, la elegancia y lo maravilloso de sus movimientos de cámara la situan en una obra digna de Frank Borzage, o de cualquier otro de aquellos que tuvieron que aprender a prescindir de las palabras. Ojalá todos tomáramos ejemplo y pudiéramos (re)aprender a hablar más con los ojos que con la boca.