30 de junio de 2012

Extraterrestre (Nacho Vigalondo, 2011)

No os podéis imaginar la alegría que me dio cuando ayer vi que por fin podía descargarme 'Extraterrestre'. Fui la persona más triste del universo cuando tras tener la fecha de estreno apuntada en mi calendario meses ha, no fue estrenada en ninguno de los cines de ninguna de las ciudades que me pillaban a mano. Me da más rabia aún cuando es el casi único director español al que quiero darle el dinero de mi entrada, las veces que haga falta.

Yo por Vigalondo siento mucha debilidad. Podría pasarme horas hablando de las cualidades que tiene no sólo como director sino como "escritor sobre cine", pero como me pasa con la gente que me gusta mucho, las palabras se me enredan en la garganta y luego soy incapaz de decir nada coherente o comprensible para los demás. En otras palabras, no soy capaz de explicarme. Creo que le pasa algo parecido a Vigalondo, aunque no lo mismo, porque él, como comunicador, es capaz de explicar y transmitir a la perfección toda la pasión que le transmite una escena de tal película, o tal conflicto sobre el plagio de ideas. En este sentido, a veces siento que es un poco el Truffaut de nuestra época, aunque nunca sentí demasiada simpatía por este francés. Truffaut sabía de cine hasta límites insospechados, sin embargo sabía tanto que luego cuando se ponía a hacer una película, éstas no estaban a la altura: eran mediocres, a medio camino, sosas, les faltaba algo: vida. No es que a Vigalondo le pase eso, porque prácticamente todos sus cortos son obras maestras y tanto 'Extraterrestre' como 'Los Cronocrímenes' son maravillas, es simplemente que siempre tengo la impresión de que no luce tanto como debería. Viendo 'Extraterrestre' me embarga esta sensación, la de estar ante una película que se me presenta de una forma aparentemente sencilla, que tiene una riqueza inabarcable detrás de cada concepto, de cada plano. Todo lo que hace es digno de ser visto una y otra y otra vez y analizado con lupa, y si eso no te va, siempre puedes verlas como películas en el sentido más puro de la palabra, historias que te llevan de un sitio a otro y luego te depositan en tu lugar.

Tras ver mi tan esperada  'Extraterrestre' me quedo con esta sensación de estarme perdiendo muchas cosas detrás. De todo lo que esconden esos magníficos momentos de la imagen como mediación, ese aire voyeurista tan de Hitchcock, gente que mira a otra gente que mira algo, y así en una mise en abyme eterna. Del arte de coger situaciones clásicas y retorcerlas hasta el extremo, hasta que sangran. De sentir la presencia de este algo más ahí, amenazadora, pero no llegar a alcanzar su verdadero sentido. Supongo que los extraterrestres son así.
 

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29 de junio de 2012

Du côté d'Orouët (Jacques Rozier, 1973)

Decía Miguel en un e-mail que me envió el 24 de junio:

"Me gusta mucho la idea de no tener que explicar/contar nada. Menuda tentación; la de ir simplemente siguiéndola..."


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28 de junio de 2012

The Pervert's Guide to Cinema (Sophie Fiennes, 2006)

‘The Pervert’s Guide to Cinema’ no podría ser más interesante, y en dos horas y media y gracias a Slavoj Žižek aprendí más sobre el cine y la vida que en los 6 años que llevo estudiando el primero.

(A propósito de City Lights) "Creo que esta es la metáfora de nuestros infortunios. Con qué frecuencia cuando amamos a una persona, no la aceptamos como de hecho ella es. Aceptamos a esa persona en la medida en que quepa en las coordenadas de nuestra fantasía. Nos confundimos, identificamos erróneamente a esa persona, por eso cuando descubrimos que estábamos engañados, el amor puede rápidamente transformarse en violencia. No hay nada más peligroso, más letal para la persona amada que ser amada por lo que no es, sino por ajustarse a un ideal."

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Trans-Europ-Express (Alain Robbe-Grillet, 1966)

Esta chica se llama Marie-France Pisier, e interpreta a una prostituta en Trans-Europ-Express. Marie-France se parece a Anna Karina. Sonríe como Anna Karina, se maquilla como Anna Karina, se peina como Anna Karina. Habla francés como Anna Karina. Pero no es ella. No tiene su fuerte acento, no se mueve como un cuchillo afilado a veces ni con esa dulzura infantil e inocente otras. No tiene su boca, no tiene sus muecas. Serge Gainsbourg nunca se fijaría en ella. No baila como ella, no se comporta en la cama como Anna Karina lo haría. El aire no se mueve igual entre su pelo, la vida no aterriza de igual modo en su cuerpo. Muchas chicas se parecen a Anna Karina. Pero ninguna es ella.


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Un amour de jeunesse (Mia Hansen-Løve, 2011)

Hay un momento clave en ‘Un amour de jeunesse’. Y no son sus diálogos vivos y palpitantes, como cuando le arrancas el corazón a un animal y este todavía late unos segundos en tus manos mientras se desangra, como esas nécoras que retuercen aún sus pinzas acostadas sobre el hielo picado. Estos diálogos, en ese estado agónico que separa la vida de la muerte, le sientan como un guante a esos personajes que sientes que alguna vez te han espiado, alguna vez te han visto hacer lo que haces, decir lo que dices. Es lo que llaman naturalidad, que es una de las cosas más difíciles de fingir por su contradicción, y que nada tiene que ver con la triste y gris realidad.

No. No son los diálogos, ni esos personajes tan tristes que hasta parecen apáticos, ni esa música desconcertante, ni esos cortes certeros que te quitan el aire durante un segundo. El momento clave de ‘Un amour de jeunesse’ es cuando estando en una pequeña clase de arquitectura, el profesor pregunta a sus alumnos qué palabra asocian con la oscuridad. Y estos, secundarios a los que no conoces, responden: noche, vacío, secreto, muerte, el pasado. Y tú estás esperando que Camille, la protagonista de esta historia, diga esa palabra clave que el profesor quiere escuchar como siempre ocurre en el cine: la memoria. Y esperas, pero todos hablan y ella calla, no dice nada, no despunta, no brilla. Ese momento nunca llega. Camille no tiene la respuesta perfecta, no tiene un guión al que pueda aferrarse.
Y ese, ese es el exacto momento en el que el cine deja de ser cine, parece convertirse en la vida.



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Home (Ursula Meier, 2008)

Siempre me gustan los personajes más callados. Los que parecen no sentir nada, y luego de repente, sin decir nada ni a nadie, un día se van y nunca vuelven.


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La chispa de la vida (Álex de la Iglesia, 2011)

Alex de la Iglesia en general y ‘La chispa de la vida’ en concreto me gustan porque supuran rabia y odio y mala leche. El pero es que esta rabia está demasiado controlada, aunque supongo que es parte del proceso de pasar de la cabeza (de las entrañas, donde habita esa rabia) al papel y luego a la gran pantalla, y que inevitablemente, parte de esa furia se pierde en ese largo viaje llamado proceso de construcción.

La rabia de Alex de la Iglesia es distinta, es una rabia más identificable, más concreta. Le tiene rabia a los modernos, y a las guapas que rechazan a los feos y a los medios de comunicación y todas las alimañas que se alimentan de las vidas de los demás a cambio de un poco de espectáculo. ¿Y quién no? Es una rabia diferente a la que podría tener el tipo este gordo de los documentales, una rabia publicitaria, demagoga y falsa. Es diferente a la rabia de Ken Loach, una rabia tipo Angelina Jolie y las ONG’s, sentimentaloide y tan vacía como impuesta. Alex de la Iglesia tiene la rabia como marca de autor, y la lleva con su estilo personal hasta las últimas consecuencias. Es precisamente por eso que creo que ‘La chispa de la vida’ tiene suficiente odio y dispara a punto fijo, pero podría ser más: más divertida, más cínica, más sutil. Me explico: criticar un canal ponzoñoso que se llama Antena 5. ¿Sabéis a qué me refiero? Por detalles absurdos como ese me recuerda a los vídeos más cutres del universo que yo grababa con 8 años en los cuales hacía que entrevistaba a un torero que se llamaba Jesulín de Meurique.

En ese sentido creo que sí, ‘La chispa de la vida’ peca de falta de sutilidad y peca de algún que otro mal actor (Salma Hayek, lo peorcito, ¿era necesario?), personajes un poco simplones y estereotipados hasta decir basta, un poco planos (tengo el guión constantemente en mi cabeza, imaginándome a Alex diciendo: este porque representa la integridad profesional, este es el villano, este es el bueno insobornable…), y detalles cómicos que se quedan a medio camino, que no acaban de encajar y que necesitaban explotar. Sí, creo que eso es lo que le falta a esa chispa: una explosión. Rabia sin control que se extienda por todas partes, veneno en las venas, subir a la montaña y gritar con todas tus fuerzas. Demoler.

19 de junio de 2012

Moonrise Kingdom (Wes Anderson, 2012)

C’est le temps de l’amour, le temps des copains et de l’aventure… y bam, una casita de muñecas, unas tijeras y sangre en el costado. Ese es el color y el sabor de Moonrise Kigdom, salsa agridulce, a veces suave y a veces salvaje, y es también el color y el sabor de Wes Anderson en general, ninguna sorpresa.

Moonrise Kingdom es un pequeño cuento de amor y aventuras de dos indomables, dos desarraigados y renegados, como acostumbran a ser sus protagonistas. Personajes al margen del mundo corriente, que se fabrican su propio mundo acorde a sus gustos y necesidades. Quién pudiera. Y es así como se nos cuenta la historia de Pierrot y Marianne, todavía en los años 60, pero a más color, si es que era posible. Personajes que en su maleta de superviviencia sólo meterían tres libros, un arma y un tocadiscos y después, nuestra pequeña playa.








Me gustó mucho Moonrise Kingdom porque no existe. A veces las películas me gustan porque me hablan de algo familiar que me toca de alguna u otra manera, sin embargo Moonrise Kingdom me habla de algo que no existe (no así, no al menos) y que quisiera tanto que existiera. Ya no están de moda los finales felices pero es que Wes Anderson siempre fue muy clásico a su manera, un clásico moderno. No es tarea fácil sin que te tachen de vacío, de pomposo, no sé ¿existe alguien en el mundo a quien no le guste Wes Anderson? ¿Alguien que se resista a esas miradas fijas, tristes, inquisidoras y frías a cámara?

Moonrise Kingdom es la más preciosista de las postales enviada desde un país que está muy lejos, es un encuadre desencuadrado, es un insulto a pon aquí la cámara, vigila el aire, ¿no crees que ese personaje está un poco demasiado a la derecha? y a la vez es un travelling perfectamente medido y equilibrado que nos remueve con su delicadeza. Es por tanto una suerte de riesgo que camina por la cuerda floja, una bomba que no sabes por qué lado va a explotar, adrenalina en las venas cuando todavía son jóvenes y hay necesidad de sentir el dolor, el mañana es insignificante y nada en el mundo concentra tanta energía como el aquí y el ahora. Es volver atrás, a este temps de l’amour, a viajar ligero de equipaje, no tener más que un vestido, el mar, y las ganas.

11 de junio de 2012

She Wore a Yellow Ribbon (John Ford, 1949)

El crepúsculo de John Wayne

-Demasiado tarde, Nathan. Tú vendrás conmigo. Cazaremos búfalos juntos. Fumaremos pipas. Somos muy viejos para guerras.

-Sí, somos muy viejos para guerras, pero los viejos deberían parar las guerras.


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7 de junio de 2012

Blood Simple (Joel Coen, Ethan Coen, 1984)

Me faltaban sólo un par de películas de los hermanos Coen por ver porque había abandonado el propósito de tragarme toda su filmografía cuando me topé con 'Arizona Baby' y me quise morir de la vergüenza ajena. No debería haber hecho esto, porque repasando los títulos me doy cuenta de que algunas de las suyas fueron mis películas más favoritas durante la adolescencia, especialmente la niña de mis ojos: El hombre que nunca estuvo allí.

Dicho esto, y años después, me pongo a ver ‘Blood Simple’. Hay resoluciones de escenas tan brillantes, movimientos y emplazamientos de cámara tan perfectos, estratégicos, sorprendentes e innovadores, que se nota demasiado que es un debut. Que el cine les hervía en la sangre y que llevaban años queriendo hacer esto y aquello y lo de más allá, y que en cuanto les dieron la oportunidad intentaron hacerlo todo a la vez. Eso tiene una parte buena y una mala: la mala es que es una película tan buena que mientras la ves no puedes parar de pensar en lo buena que es, e inevitablemente, te sales de ella y te sumerges en un puro y extremo placer cinéfilo. La parte buena es que, pues eso, ¡es una película buenísima!

Si tuviera que quedarme con una sola virtud de ‘Blood Simple’ y sufriendo mucho, los diálogos son dignos de ser tatuados.

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4 de junio de 2012

Death Proof (Quentin Tarantino, 2007)

Hace unos meses que me entraron muchas ganas de rever todas las películas de Tarantino, y 'Death Proof' era la que más me apetecía de todas ellas. Y viéndola me he dado cuenta de que, dentro de lo que intenta ser, no existe ninguna manera posible sobre la tierra en la que pudiera ser más perfecta. Tarantino no filma nada que se le parezca a la vida, Tarantino filma nuestros mejores sueños.  En technicolor y 35 mm.


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3 de junio de 2012

David and Lisa (Frank Perry, 1962)

'David and Lisa' se sitúa desde el punto de vista del loco, y eso es algo que en algunos momentos me resultó excesivamente irritante e incomprensible, porque hablamos aquí de locura real, no de las típicas locas adorables de las que hablé hace poco. Y la locura real no es nada cool, sino que no tiene sentido del ridículo, ni de la estructura, y se balancea a su antojo sobrepasando los límites.

Pero sobre todo, si algo tienen de maravilloso las películas sobre locos, es que siempre están a favor de ellos y en contra de aquellos llamados normales. Recuerdo 'Shock Corridor', una película absolutamente increíble, en la que uno de los locos mascaba chicle frenéticamente para quedarse dormido, ya que cuando estás dormido, nadie diferencia a un loco de un cuerdo.

En 'David and Lisa' hay un momento de confrontación entre los locos y los "normales". Lisa, una adolescente esquizofrénica muy guapa por cierto, se acerca en la estación de autobuses a una familia de normales para mirarlos. La hija de la familia normal pregunta ¿quién es esta chica?, a lo que su padre le contesta que sea quien sea es una maleducada. Lisa se presenta y el padre acaba agrediéndola y gritándoles a todos que están locos y que aurrinan la ciudad mientras abandonan la estación malhumorados. Entonces, los locos, salen también de la estación, afectados y resentidos, y le gritan a la familia normal la misma frase que estos acaban de decir, completamente alterados, mientras estos, los normales, los estirados, se alejan a paso normal sin inmutarse siquiera, fríos ante la realidad y altivos como los que no tienen miedo porque se creen en posesión de la razón, sin importar las circunstancias.
Y entonces David, el otro de los locos, les grita algo que no podría ser más cierto: If you're normal, who wants to be normal?


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Black Mirror (Charlie Brooker, 2011)

La gente hablaba mucho de 'Black Mirror' así que ayer a la noche, sin demasiada cabeza como para centrarme en una historia de más de hora y media, me puse a verla (y a acabarla, irremediablemente). Podría hablarse de 'Black Mirror' como unidad, es evidente que los tres episodios tienen mucho en común, pero sobre todo el miedo, la exageración de una situación más o menos actual y verídica hasta límites insospechados (y muy "graciosos" en alguno de los casos). Sin embargo 'Black Mirror' es una trilogía que puede analizarse independientemente.  

El himno nacional: Me encanta. Es una de esas bromas de bar, grotescas y sin piedad, tipo "¿qué preferirías, que mataran a tu madre o follarte a un bebé?". Ya solamente el hecho de plantearse y filmar una elección así de un modo serio y elegante se merece un aplauso. Para los que no conozcan la historia y resumiendo: el Primer Ministro tiene que follarse a un cerdo en directo y sin trampas y difundirlo por la televisión si quiere evitar que maten a la Princesa Susannah que está secuestrada. Otro aplauso por encuadrar esta situación en el ambiente político, sin informarnos demasiado sobre los tejemanejes anteriores de este personaje, sino única y exclusivamente sobre su status social, la cara al público. Todo esto está aderezado con una difusión imparable llevada a cabo por las redes sociales y consecuentemente por el boca a boca. Twitter, Youtube, Facebook, teléfonos móviles con la teconología punta. Otro aplauso por hacer que el tema principal (la fuerza y el alcance de las tecnologías) parezca relegado a un segundo plano (algo hecho con sutilidad y elegancia que pierde ligeramente el segundo episodio). 'El himno nacional' plantea una situación que parece ridícula e irrisoria que finaliza como un drama de una pesadez y angustia insoportable. Y la hipocresía de los medios de comunicación que tan pronto pactan como dejan de pactar, que nunca pierden de vista el negocio y siempre tienen tan lejos la cuestión humana, la avidez por mostrarlo absolutamente todo, por una transparencia cegada. Y los planos de los rostros de la gente con muecas de repugnancia pero a la vez sin poder apartar la vista de la pantalla, tan culpables como los demás. Para que algo sea visto hace falta uno que enseñe, y otro que mire. Aún queriendo más aplausos y por si pensabas que esta brillante sátira no podía llegar más lejos, se introduce en el último momento una crítica más: el mundo del arte ¡postmoderno! (se me llena la boca al decir esta palabra). Y un meneo de cabeza por parte del espectador, preguntándose aterrorizado una importante cuestión que se repite ante los tres episodios: ¿A dónde vamos a parar?



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15 millones de créditos: Como he dicho antes, la segunda entrega me gustó menos porque me pareció más extrema y más obvia, demasiado. Menos elegante. Me recordó muchísimo a 'Wall-E', a la escena en la que vemos ese otro planeta donde todos son gordos y visten de rojo y cambian al azul si la voz en off dice que ahora está a la moda, y beben batidos sin parar y no tienen sentimientos ni ganas de tenerlos. Ese mundo donde nada es real, ni existe la mínima posibilidad de que algo lo sea. '15 millones de créditos' es el presente elevado a la enésima potencia. Un mundo cruel que a la vez guarda muchísimas similitudes con el modo en el que la sociedad funciona ahora mismo. Mi favorita: la de las millones de personas (espectadores de aquellos que alcanzan un sueño, ajenos a la vida, tranquilos en sus camas) que gracias a sus pedaleos en la bicicleta consiguen generar la energía suficiente como para que los focos que iluminan a los otros, a los que consiguen algo, puedan dar luz. ¿No os suena? A mí mucho. También me ha encantado ese final tan negro, en el que la única persona que parecía dispuesta a luchar por algo, a sacrificar lo que fuera por obtener algo real, acaba formando parte del engranaje que odiaba hasta la náusea. Al fin y al cabo, parece que la ley del morir o matar es la que rige a los seres humanos.



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Tu historia completa: Los recuerdos son unos de los materiales más interesantes para el cine, la literatura, la fotografía o la música. Parece que el pasado siempre pesa más que nosotros, como una sombra que nos arrastra siempre hacia atrás y que, inevitablemente, nos dificulta el avance. 'Eternal Sunshine of The Spotless Mind' ya había considerado que los recuerdos podrían convertirse en algo tangible y moldeable con lo que trabajar, aunque sólo en dos movimientos básicos: mantener o borrar. 'Tu historia completa' va más allá y nos presenta nuestros recuerdos como una imagen audiovisual integrada en nuestro cuerpo, 24 horas filmando, 365 días al año, toda tu vida: tu historia completa. Rebobine, pausa, zoom, play, borrar. Imagínense nuestras vidas con esta posibilidad. Yo lo he hecho, y mi primer pensamiento positivo fue: qué bien cuando cuentas una historia a alguien en plan "y me dijo esto y luego lo otro, ¿crees que me quiere?", y se lo puedes enseñar con un solo botón, la realidad vista a través de tus ojos, sin subjetivizaciones posibles, sin omisiones. Luego te entra el pánico y pienso que no podría mantener una relación sentimental con nadie si existiera la posibilidad de conocer absolutamente todo su pasado. Le pediría, por ejemplo, que me enseñara alguna de sus pasadas relaciones sexuales, aún a riesgo de rotura de corazón, porque yo soy así de masoquista. Y ante cualquier duda, examinaría el momento concreto del recuerdo de esta persona. El olvido nunca sería una excusa. Ni el "ya pasó". Es brillante y muy inteligente presentar cómo esta esclavitud de la memoria puede conducir a una persona hasta la locura y aurrinarle la vida.




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Las tres historias son tan pesimistas, oscuras y honestas que no nos dejan mucha libertad a la hora de tener una opinión sobre la tecnología, los medios de comunicación o las redes sociales. Y te preguntas: ¿Hemos llegado demasiado lejos? Pues sí, ya hemos llegado demasiado lejos.

1 de junio de 2012

Apflickorna (She Monkeys) (Lisa Aschan, 2011)

Miguel me dijo que tenía que ver ‘She Monkeys’ para explicársela. No la vi por ese motivo, por la razón que explicaré a continuación, sino porque me encantó el trailer:






En palabras no moderadas, lo de necesitar “explicar y comprender” una película me parece una soberana estupidez. Me lo parece desde hace mucho tiempo, pero sobre todo y para mí, quedó confirmado desde Lynch. Cada vez que alguien me dice “no la he entendido” o hace alguna pregunta sobre cualquier lógica narrativa, me pongo de mal humor. He de decir que siento más debilidad por aquellas películas que me hacen preguntas más que por aquellas otras que me las contestan, por aquellas películas que me permiten un margen de movimiento y libertad a la hora de plantearme una historia o un sentimiento o un dilema, que por aquellas que me insultan con su obviedad y su evidencia. Hace mucho tiempo que el espectador es considerado un integrante de la obra, así que ¿por qué no darle un poco de trabajo?

Y luego, tras ver ‘She Monkeys’ me pregunto, ¿realmente qué es lo que hay que quiere Miguel/la gente comprender? ¿Un fin, el por qué de haber hecho esa película, una escena en concreto, a dónde quiere llegar? Creo que todas esas preguntas son igual de inútiles. Creo que el tiempo de las explicaciones ha muerto, de las estructuras cerradas y las tramas explícitas. No hay nada que responder. En esta película hay dos chicas, y les pasan cosas. Y hay caballos, hay Suecia sucia y noches furtivas y rivalidad. Hay sexo. Hay una furia animal que parece incontrolable, y hay maldad y para mí, hay algo muy cercano a algún que otro punto de mi vida, en el que fui una de esas chicas, o las dos a la vez. Qué más respuestas se podrían necesitar.


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