13 de junio de 2015

Ojalá te hubieras quedado.

Me despierto en medio de la noche aunque en realidad sé que todavía no he conseguido dormirme. Sé donde estoy porque he estado aquí antes. Es un estado malsano entre el sueño y la realidad, una tierra de nadie sin dios ni rey ni gobierno, donde estoy sola y todo puede ocurrir(me).

Pues eso, tengo este sueño, aunque sé que esta noche seré incapaz de dormir, en el que estoy yo y estás tú. Estamos los dos en este espacio donde el tú real seguramente se encuentre en esos instantes, a las 5 de la mañana. Sé que todavía no te has ido a dormir. Yo, sin embargo, no puedo estar en este espacio, pues estoy en mi cama pensando en ti y en lo que estás haciendo hasta la enfermedad.

En este sueño, en el que estás tú y estoy yo y está este espacio donde tu yo real está en estos instantes, hablamos. Pienso por un instante en ese pasaje de Blue Velvet, in dreams I walk with you. in dreams I talk to you. in dreams you’re mine all of the time. we’re together in dreams. Es bello y es triste que solo te reunas conmigo en sueños, y a la vez, te agradezco que hayas venido a la cita, sé que tienes otras cosas que hacer y que no son conmigo.

Este tú paralelo que está ahí sentado conmigo a las 5 de la mañana me dice que no está follando con esa otra persona en este instante. Y yo te miro a los ojos y quiero creerte, porque estás ahí, como un fantasma pero ahí, diciéndome esto. Pero entonces levantamos la mirada, a la vez, y vemos a tu yo real besando a esa otra persona. Es un beso lento, eterno, quisiera que se acabase de una vez. Nos volvemos a mirar y te encoges de hombros. Me dices, lo siento. Me dices, la vida es así. Me dices, no te quiero. Me dices, déjame libre. Me dices,

-Sabes lo que mi yo real está haciendo en estos instantes, a las 5 de la mañana.
Y yo te respondo,
-Pero al menos uno de tus tús está aquí conmigo.

Y me despierto. Aunque todavía no me había dormido. Sé que este lugar es el único en el que podré tenerte. Y me pregunto sobre el valor de la fantasía y de lo ilusorio. Me siento capaz de hacer las maletas y renunciar a la vida y mudarme a este lado imaginario. El sueño eterno. Donde puedo hablarte. Donde eres mía, todo el tiempo, para siempre.

22 de marzo de 2015

La otra persona.

Soy otra persona. Cuando nací, me otorgaron una cara y un cuerpo. Una cara específica, con unos rasgos que fueron evolucionando unos 4 años en una sucesión lógica. Mientras tanto, yo estaba en alguna otra parte.  A los 4 años mi cara se convirtió en otra persona. Siempre fui corta de memoria, así que no puedo ser consciente de si mi alma, o ese ente transparente que hace que yo sea así, de esta terrible manera, también cambió. Si esta yo, su primera versión, sintió el cambio de cara, o fue una nueva yo la que vino a habitar esta nueva apariencia, sin hacer demasiadas preguntas (pues lo que no quieras oír no lo preguntes, no lo preguntes nunca, ya que es innecesario que nos enseñen lo que llevamos en el tuétano, lo que sientes caer dentro de ti, más dentro cada vez, blablabla).

La segunda yo mantuvo esta apariencia otros 4 años, como unas elecciones generales, antes de la siguiente mutación. Una vez más privada de recuerdos, solo tengo las fotografías como prueba. Fotos de las de carrete, de las palpables, de las que no se pueden editar, de las sin filtro. Todo lo real que puede ser una representación en película de este instante, ya perdido, en el que yo era otra persona, mientras esta persona que soy yo esperaba paciente, en alguna otra parte.



Este proceso de transformación radical se produjo unas 4 veces en mi vida hasta el presente. Los intervalos comenzaron a ser más largos, más tristes. Tuve que aguantar sin rechistar cada uno de mis nuevos rostros: el de las pecas y pelo claro, el de los ojos negros azabache y la cara redonda, el de la nariz puntiaguda y el pelo oscuro. Todos venían y se imponían y te aguantas, esta es tu nueva cara.  Me descubrí no identificándome con todas esas cosas que supuestamente me habían ocurrido. Sintiéndome ajena a todas esas ciudades en las que supuestamente viví, extraña a todas esas personas que supuestamente conocí, con las que hice el amor o la guerra. Poniendo el duda el valor real de vivir.

Como todo cambio, este es imperceptible salvo con el paso del tiempo. Es hoy, viendo todas aquellas fotos de personas completamente distintas pero atribuídas al mismo nombre y apellidos y DNI y grupo sanguíneo B positivo y todo lo demás, que me perturbo al no poder identificarme con este pasado. Me pregunto, entonces, si todos estos recuerdos son míos o son de ella. Me pregunto dónde están todas estas ellas, y a donde irá esta de hoy. ¿Existen solo en el papel fotográfico o me están esperando, observando, juzgando en alguna parte? ¿Sufrieron en su desaparición? ¿Acaso alguien las echa de menos, aparte de mí? 




"La gente no cambia", me decía siempre mi madre, como prueba irrefutable de que todo en esta vida son causas perdidas, que hay que dejarlo ir, pasar a otra cosa, no tener esperanza, no creer en el amor, no creer en el perdón. Mientras ella le daba una oportunidad tras otra a esos hombres que le decían te juro que voy a cambiar, telojuro, mi amor para decepcionarla una y otra vez.

El 10 de marzo del 2015 me operaron de apendicitis, y tras dos extracciones de sangre me enviaron una carta a casa recordando mi grupo sanguíneo: A negativo. Y en ese instante fui consciente de que la última versión de mí que creía  viva, ha desaparecido con las otras versiones. Versiones caducas, obsoletas, versiones que tanta gente ha dejado de querer. Todas esas yos que ya nadie ama. Necesitaré años para apreciar esta última transformación, para lamentarme por el presente regocijándome en el pasado. Sufriendo por lo perdido en vez de luchar por ganar. Como siempre hice. Como siempre haré. Porque la gente no cambia.

20 de octubre de 2014

Still the Water (Naomi Kawase, 2014)























Mommy (Xavier Dolan, 2014)

Creo recordar (y no sé si esto es cierto porque solo se lo escuché a alguien decir, y todo se terjiversa, o lo leí en alguna parte, o quién sabe, mi memoria es horrible), que Godard dijo sobre él mismo que era un director viejo haciendo películas de joven y que Xavier Dolan era un director joven haciendo películas de viejo (a propósito de Mommy).

A mí Mommy (y me desgarra contradecir a mi ídolo) no me parece una película vieja. Tiene algo que muy pocas películas tienen, y es un corazón. Pienso en Mommy como un producto del doctor Frankenstein, un pequeño ente al que alguien le introdujo un corazón, y este cobró vida, y empezó a moverse y a hablar y a sentir por él mismo. A Mommy se le sale el corazón por la boca, de tanta emoción y tanto amor y tanto odio y tanta pasión y tanta contradicción que tiene.

Mommy no es vieja, pues ninguna película vieja había experimentado con el formato (¿cómo no se le ocurrió a nadie antes?). Encierras a tus personajes en un formato cuadrado y minúsculo que incluso en una sala de cine se hace pequeño. Los cierras con llave, los ahogas, los exprimes hasta que no ves ni sientes otra cosa que a ellos. Y luego, cuando las cosas van a mejor, haces que el protagonista empuje fuerte con sus manos el lado izquierdo y el derecho de la pantalla, y que la convierta en 16:9. Y si todo se vuelve a teñir de negro, encójelos otra vez, poco a poco. ¿Qué película vieja haría eso?

Mommy no es vieja. Mommy es mitad adolescente y mitad adulta, pero ni siquiera cuando sea vieja será vieja.


Enemy (2013) / Prisoners (2013) (Denis Villeneuve)

Hay un cine, un tipo de cine, que es capaz de meterte dentro de sus películas. De cabeza, como quien se tira al mar (que no a una piscina, que aquí no hay seguridad ni límites ni bordillos) desde un acantilado. Una vez estás atrapado entre sus aguas, nada puede salvarte. Ni siquiera los títulos de crédito del final te arrebatarán esa angustia, ese malestar general provocado por haberte implicado demasiado en la historia. Por haberla vivido (pues el cine hay que vivirlo y no verlo). Ya lo dicen algunos: no te impliques, quédate seguro, no salgas de tu zona de confort, acurrúcate en el canapé, ve comedias banales, ríete, no pienses. Duerme tranquilo. Los hombres capaces de llevarte al mar, son los llamados Autores. Los que te dejan al borde de la piscina, no nos interesan.


Mes copines / Pourquoi pas moi / Si vous n'aimez pas la montagne

Cuando te das cuenta de que eres lesbiana y te echas tu primera novia, lo primero que haces (después de disfrutar del sexo como si no hubiera un mañana) es ver todas las series y películas con temática lésbica que encuentras.

Primero pasarás por The L Word, una serie que solo es buena porque trata sobre lesbianas. Y así con todo. Te ves cien películas que no valen para nada, PERO, que hablan de eso que a ti te interesa ahora. Ese mundo aparte del que no sabes mucho y quieres saberlo todo. Es una especie de morbo curioso, una especie de tratamiento para sentirte normal. Para sentir que puedes encajar en algún lado. El cine se convierte en un medio. Los heteros no necesitan esto, porque nacen rodeados de películas y series de todo tipo que les hablan de la norma sexual. Crecen viendo Ghost, Dirty Dancing, Jumanji, saben todo lo que siempre quisieron saber sobre el amor y el sexo, y no tienen necesidad de preguntar.

Hace 3 años y medio, cuando quise, quizás, formar parte de esa cultura que me era tan ajena y con la euforia de lo nuevo, me tragué cientos de películas absurdas, como Mes Copines, o Pourquoi pas moi, recomendadas por mis dos nuevas y únicas amigas lesbianas. Películas en las que la sexualidad de las protagonistas toma un primer plano y lo inunda todo.

Yo siempre quise hacer algo, un corto, una película, donde el hecho de ser lesbiana fuera como ser morena, pesimista o checa. Algo ligero (porque ya estoy harta de tanto drama). Y que esa ligereza fuera una posición política. Por eso este verano hice Si no os gusta la montaña, una webserie híbrido entre el cortometraje y el videoclip. Espero poder hacerlo más y mejor, algún día.



18 de septiembre de 2014

Palo Alto (Gia Coppola, 2013)

Cada vez que veo una de estas películas pseudoprofundas que se supone que retratan la adolescencia, me pregunto qué tipo de adolescentes se sienten tan vacíos, como robots, mudos, mirando un punto fijo con la mirada negra y deshumanizada, como si no sintieran ni padecieran nada más salvo un cosquilleo interno. Yo recuerdo la adolescencia como todo lo contrario: como agitación e ira, dolor, rabia, enamoramientos desproporcionados, sentimientos exagerados, teenage drama. Estos adolescentes de las películas de las chicas Coppola suelen ser como corderos lobotomizados sin corazón ni sangre en las venas que lo bombee. Me dan ganas de zarandearlos. Me recuerdan a esa canción de PJ Harvey:

My my, a little toy
He's just a mommy's boy
Where's your liver, where's your heart?
Where's all your woman parts?