
Ce petit coup au coeur quand la lumière s'éteint et que le film commence
4 de junio de 2012
Death Proof (Quentin Tarantino, 2007)
Hace unos meses que me entraron muchas ganas de rever todas las películas de Tarantino, y 'Death Proof' era la que más me apetecía de todas ellas. Y viéndola me he dado cuenta de que, dentro de lo que intenta ser, no existe ninguna manera posible sobre la tierra en la que pudiera ser más perfecta. Tarantino no filma nada que se le parezca a la vida, Tarantino filma nuestros mejores sueños. En technicolor y 35 mm.


3 de junio de 2012
David and Lisa (Frank Perry, 1962)
'David and Lisa' se sitúa desde el punto de vista del loco, y eso es algo que en algunos momentos me resultó excesivamente irritante e incomprensible, porque hablamos aquí de locura real, no de las típicas locas adorables de las que hablé hace poco. Y la locura real no es nada cool, sino que no tiene sentido del ridículo, ni de la estructura, y se balancea a su antojo sobrepasando los límites.
Pero sobre todo, si algo tienen de maravilloso las películas sobre locos, es que siempre están a favor de ellos y en contra de aquellos llamados normales. Recuerdo 'Shock Corridor', una película absolutamente increíble, en la que uno de los locos mascaba chicle frenéticamente para quedarse dormido, ya que cuando estás dormido, nadie diferencia a un loco de un cuerdo.
En 'David and Lisa' hay un momento de confrontación entre los locos y los "normales". Lisa, una adolescente esquizofrénica muy guapa por cierto, se acerca en la estación de autobuses a una familia de normales para mirarlos. La hija de la familia normal pregunta ¿quién es esta chica?, a lo que su padre le contesta que sea quien sea es una maleducada. Lisa se presenta y el padre acaba agrediéndola y gritándoles a todos que están locos y que aurrinan la ciudad mientras abandonan la estación malhumorados. Entonces, los locos, salen también de la estación, afectados y resentidos, y le gritan a la familia normal la misma frase que estos acaban de decir, completamente alterados, mientras estos, los normales, los estirados, se alejan a paso normal sin inmutarse siquiera, fríos ante la realidad y altivos como los que no tienen miedo porque se creen en posesión de la razón, sin importar las circunstancias.
Y entonces David, el otro de los locos, les grita algo que no podría ser más cierto: If you're normal, who wants to be normal?

Pero sobre todo, si algo tienen de maravilloso las películas sobre locos, es que siempre están a favor de ellos y en contra de aquellos llamados normales. Recuerdo 'Shock Corridor', una película absolutamente increíble, en la que uno de los locos mascaba chicle frenéticamente para quedarse dormido, ya que cuando estás dormido, nadie diferencia a un loco de un cuerdo.
En 'David and Lisa' hay un momento de confrontación entre los locos y los "normales". Lisa, una adolescente esquizofrénica muy guapa por cierto, se acerca en la estación de autobuses a una familia de normales para mirarlos. La hija de la familia normal pregunta ¿quién es esta chica?, a lo que su padre le contesta que sea quien sea es una maleducada. Lisa se presenta y el padre acaba agrediéndola y gritándoles a todos que están locos y que aurrinan la ciudad mientras abandonan la estación malhumorados. Entonces, los locos, salen también de la estación, afectados y resentidos, y le gritan a la familia normal la misma frase que estos acaban de decir, completamente alterados, mientras estos, los normales, los estirados, se alejan a paso normal sin inmutarse siquiera, fríos ante la realidad y altivos como los que no tienen miedo porque se creen en posesión de la razón, sin importar las circunstancias.
Y entonces David, el otro de los locos, les grita algo que no podría ser más cierto: If you're normal, who wants to be normal?

Black Mirror (Charlie Brooker, 2011)
La gente hablaba mucho de 'Black Mirror' así que ayer a la noche, sin demasiada cabeza como para centrarme en una historia de más de hora y media, me puse a verla (y a acabarla, irremediablemente).
Podría hablarse de 'Black Mirror' como unidad, es evidente que los tres episodios tienen mucho en común, pero sobre todo el miedo, la exageración de una situación más o menos actual y verídica hasta límites insospechados (y muy "graciosos" en alguno de los casos). Sin embargo 'Black Mirror' es una trilogía que puede analizarse independientemente.
El himno nacional: Me encanta. Es una de esas bromas de bar, grotescas y sin piedad, tipo "¿qué preferirías, que mataran a tu madre o follarte a un bebé?". Ya solamente el hecho de plantearse y filmar una elección así de un modo serio y elegante se merece un aplauso. Para los que no conozcan la historia y resumiendo: el Primer Ministro tiene que follarse a un cerdo en directo y sin trampas y difundirlo por la televisión si quiere evitar que maten a la Princesa Susannah que está secuestrada. Otro aplauso por encuadrar esta situación en el ambiente político, sin informarnos demasiado sobre los tejemanejes anteriores de este personaje, sino única y exclusivamente sobre su status social, la cara al público. Todo esto está aderezado con una difusión imparable llevada a cabo por las redes sociales y consecuentemente por el boca a boca. Twitter, Youtube, Facebook, teléfonos móviles con la teconología punta. Otro aplauso por hacer que el tema principal (la fuerza y el alcance de las tecnologías) parezca relegado a un segundo plano (algo hecho con sutilidad y elegancia que pierde ligeramente el segundo episodio). 'El himno nacional' plantea una situación que parece ridícula e irrisoria que finaliza como un drama de una pesadez y angustia insoportable. Y la hipocresía de los medios de comunicación que tan pronto pactan como dejan de pactar, que nunca pierden de vista el negocio y siempre tienen tan lejos la cuestión humana, la avidez por mostrarlo absolutamente todo, por una transparencia cegada. Y los planos de los rostros de la gente con muecas de repugnancia pero a la vez sin poder apartar la vista de la pantalla, tan culpables como los demás. Para que algo sea visto hace falta uno que enseñe, y otro que mire. Aún queriendo más aplausos y por si pensabas que esta brillante sátira no podía llegar más lejos, se introduce en el último momento una crítica más: el mundo del arte ¡postmoderno! (se me llena la boca al decir esta palabra). Y un meneo de cabeza por parte del espectador, preguntándose aterrorizado una importante cuestión que se repite ante los tres episodios: ¿A dónde vamos a parar?

15 millones de créditos: Como he dicho antes, la segunda entrega me gustó menos porque me pareció más extrema y más obvia, demasiado. Menos elegante. Me recordó muchísimo a 'Wall-E', a la escena en la que vemos ese otro planeta donde todos son gordos y visten de rojo y cambian al azul si la voz en off dice que ahora está a la moda, y beben batidos sin parar y no tienen sentimientos ni ganas de tenerlos. Ese mundo donde nada es real, ni existe la mínima posibilidad de que algo lo sea. '15 millones de créditos' es el presente elevado a la enésima potencia. Un mundo cruel que a la vez guarda muchísimas similitudes con el modo en el que la sociedad funciona ahora mismo. Mi favorita: la de las millones de personas (espectadores de aquellos que alcanzan un sueño, ajenos a la vida, tranquilos en sus camas) que gracias a sus pedaleos en la bicicleta consiguen generar la energía suficiente como para que los focos que iluminan a los otros, a los que consiguen algo, puedan dar luz. ¿No os suena? A mí mucho. También me ha encantado ese final tan negro, en el que la única persona que parecía dispuesta a luchar por algo, a sacrificar lo que fuera por obtener algo real, acaba formando parte del engranaje que odiaba hasta la náusea. Al fin y al cabo, parece que la ley del morir o matar es la que rige a los seres humanos.

Tu historia completa: Los recuerdos son unos de los materiales más interesantes para el cine, la literatura, la fotografía o la música. Parece que el pasado siempre pesa más que nosotros, como una sombra que nos arrastra siempre hacia atrás y que, inevitablemente, nos dificulta el avance. 'Eternal Sunshine of The Spotless Mind' ya había considerado que los recuerdos podrían convertirse en algo tangible y moldeable con lo que trabajar, aunque sólo en dos movimientos básicos: mantener o borrar. 'Tu historia completa' va más allá y nos presenta nuestros recuerdos como una imagen audiovisual integrada en nuestro cuerpo, 24 horas filmando, 365 días al año, toda tu vida: tu historia completa. Rebobine, pausa, zoom, play, borrar. Imagínense nuestras vidas con esta posibilidad. Yo lo he hecho, y mi primer pensamiento positivo fue: qué bien cuando cuentas una historia a alguien en plan "y me dijo esto y luego lo otro, ¿crees que me quiere?", y se lo puedes enseñar con un solo botón, la realidad vista a través de tus ojos, sin subjetivizaciones posibles, sin omisiones. Luego te entra el pánico y pienso que no podría mantener una relación sentimental con nadie si existiera la posibilidad de conocer absolutamente todo su pasado. Le pediría, por ejemplo, que me enseñara alguna de sus pasadas relaciones sexuales, aún a riesgo de rotura de corazón, porque yo soy así de masoquista. Y ante cualquier duda, examinaría el momento concreto del recuerdo de esta persona. El olvido nunca sería una excusa. Ni el "ya pasó". Es brillante y muy inteligente presentar cómo esta esclavitud de la memoria puede conducir a una persona hasta la locura y aurrinarle la vida.

Las tres historias son tan pesimistas, oscuras y honestas que no nos dejan mucha libertad a la hora de tener una opinión sobre la tecnología, los medios de comunicación o las redes sociales. Y te preguntas: ¿Hemos llegado demasiado lejos? Pues sí, ya hemos llegado demasiado lejos.
El himno nacional: Me encanta. Es una de esas bromas de bar, grotescas y sin piedad, tipo "¿qué preferirías, que mataran a tu madre o follarte a un bebé?". Ya solamente el hecho de plantearse y filmar una elección así de un modo serio y elegante se merece un aplauso. Para los que no conozcan la historia y resumiendo: el Primer Ministro tiene que follarse a un cerdo en directo y sin trampas y difundirlo por la televisión si quiere evitar que maten a la Princesa Susannah que está secuestrada. Otro aplauso por encuadrar esta situación en el ambiente político, sin informarnos demasiado sobre los tejemanejes anteriores de este personaje, sino única y exclusivamente sobre su status social, la cara al público. Todo esto está aderezado con una difusión imparable llevada a cabo por las redes sociales y consecuentemente por el boca a boca. Twitter, Youtube, Facebook, teléfonos móviles con la teconología punta. Otro aplauso por hacer que el tema principal (la fuerza y el alcance de las tecnologías) parezca relegado a un segundo plano (algo hecho con sutilidad y elegancia que pierde ligeramente el segundo episodio). 'El himno nacional' plantea una situación que parece ridícula e irrisoria que finaliza como un drama de una pesadez y angustia insoportable. Y la hipocresía de los medios de comunicación que tan pronto pactan como dejan de pactar, que nunca pierden de vista el negocio y siempre tienen tan lejos la cuestión humana, la avidez por mostrarlo absolutamente todo, por una transparencia cegada. Y los planos de los rostros de la gente con muecas de repugnancia pero a la vez sin poder apartar la vista de la pantalla, tan culpables como los demás. Para que algo sea visto hace falta uno que enseñe, y otro que mire. Aún queriendo más aplausos y por si pensabas que esta brillante sátira no podía llegar más lejos, se introduce en el último momento una crítica más: el mundo del arte ¡postmoderno! (se me llena la boca al decir esta palabra). Y un meneo de cabeza por parte del espectador, preguntándose aterrorizado una importante cuestión que se repite ante los tres episodios: ¿A dónde vamos a parar?

15 millones de créditos: Como he dicho antes, la segunda entrega me gustó menos porque me pareció más extrema y más obvia, demasiado. Menos elegante. Me recordó muchísimo a 'Wall-E', a la escena en la que vemos ese otro planeta donde todos son gordos y visten de rojo y cambian al azul si la voz en off dice que ahora está a la moda, y beben batidos sin parar y no tienen sentimientos ni ganas de tenerlos. Ese mundo donde nada es real, ni existe la mínima posibilidad de que algo lo sea. '15 millones de créditos' es el presente elevado a la enésima potencia. Un mundo cruel que a la vez guarda muchísimas similitudes con el modo en el que la sociedad funciona ahora mismo. Mi favorita: la de las millones de personas (espectadores de aquellos que alcanzan un sueño, ajenos a la vida, tranquilos en sus camas) que gracias a sus pedaleos en la bicicleta consiguen generar la energía suficiente como para que los focos que iluminan a los otros, a los que consiguen algo, puedan dar luz. ¿No os suena? A mí mucho. También me ha encantado ese final tan negro, en el que la única persona que parecía dispuesta a luchar por algo, a sacrificar lo que fuera por obtener algo real, acaba formando parte del engranaje que odiaba hasta la náusea. Al fin y al cabo, parece que la ley del morir o matar es la que rige a los seres humanos.

Tu historia completa: Los recuerdos son unos de los materiales más interesantes para el cine, la literatura, la fotografía o la música. Parece que el pasado siempre pesa más que nosotros, como una sombra que nos arrastra siempre hacia atrás y que, inevitablemente, nos dificulta el avance. 'Eternal Sunshine of The Spotless Mind' ya había considerado que los recuerdos podrían convertirse en algo tangible y moldeable con lo que trabajar, aunque sólo en dos movimientos básicos: mantener o borrar. 'Tu historia completa' va más allá y nos presenta nuestros recuerdos como una imagen audiovisual integrada en nuestro cuerpo, 24 horas filmando, 365 días al año, toda tu vida: tu historia completa. Rebobine, pausa, zoom, play, borrar. Imagínense nuestras vidas con esta posibilidad. Yo lo he hecho, y mi primer pensamiento positivo fue: qué bien cuando cuentas una historia a alguien en plan "y me dijo esto y luego lo otro, ¿crees que me quiere?", y se lo puedes enseñar con un solo botón, la realidad vista a través de tus ojos, sin subjetivizaciones posibles, sin omisiones. Luego te entra el pánico y pienso que no podría mantener una relación sentimental con nadie si existiera la posibilidad de conocer absolutamente todo su pasado. Le pediría, por ejemplo, que me enseñara alguna de sus pasadas relaciones sexuales, aún a riesgo de rotura de corazón, porque yo soy así de masoquista. Y ante cualquier duda, examinaría el momento concreto del recuerdo de esta persona. El olvido nunca sería una excusa. Ni el "ya pasó". Es brillante y muy inteligente presentar cómo esta esclavitud de la memoria puede conducir a una persona hasta la locura y aurrinarle la vida.

Las tres historias son tan pesimistas, oscuras y honestas que no nos dejan mucha libertad a la hora de tener una opinión sobre la tecnología, los medios de comunicación o las redes sociales. Y te preguntas: ¿Hemos llegado demasiado lejos? Pues sí, ya hemos llegado demasiado lejos.
Etiquetas:
15 Million Merits,
15 millones de créditos,
Black Mirror,
Brian Welsh,
Charlie Brooker,
el himno nacional,
Euros Lyn,
Otto Bathurst,
The Entire History of You,
The National Anthem,
tu historia completa,
TV
1 de junio de 2012
Apflickorna (She Monkeys) (Lisa Aschan, 2011)
Miguel me dijo que tenía que ver ‘She Monkeys’ para
explicársela. No la vi por ese motivo, por la razón que explicaré a
continuación, sino porque me encantó el trailer:

En palabras no moderadas, lo de necesitar “explicar y
comprender” una película me parece una soberana estupidez. Me lo parece desde
hace mucho tiempo, pero sobre todo y para mí, quedó confirmado desde Lynch.
Cada vez que alguien me dice “no la he entendido” o hace alguna pregunta sobre
cualquier lógica narrativa, me pongo de mal humor. He de decir que siento más
debilidad por aquellas películas que me hacen preguntas más que por aquellas
otras que me las contestan, por aquellas películas que me permiten un margen de
movimiento y libertad a la hora de plantearme una historia o un sentimiento o
un dilema, que por aquellas que me insultan con su obviedad y su evidencia.
Hace mucho tiempo que el espectador es considerado un integrante de la obra,
así que ¿por qué no darle un poco de trabajo?
Y luego, tras ver ‘She Monkeys’ me pregunto, ¿realmente qué
es lo que hay que quiere Miguel/la gente comprender? ¿Un fin, el por qué de
haber hecho esa película, una escena en concreto, a dónde quiere llegar? Creo
que todas esas preguntas son igual de inútiles. Creo que el tiempo de las
explicaciones ha muerto, de las estructuras cerradas y las tramas explícitas.
No hay nada que responder. En esta película hay dos chicas, y les pasan cosas.
Y hay caballos, hay Suecia sucia y noches furtivas y rivalidad. Hay sexo. Hay
una furia animal que parece incontrolable, y hay maldad y para mí, hay algo muy
cercano a algún que otro punto de mi vida, en el que fui una de esas chicas, o
las dos a la vez. Qué más respuestas se podrían necesitar.

27 de mayo de 2012
The Asphalt Jungle (John Huston, 1950)
Creo que el marketing que acompaña al mundo del cine es una soberana estupidez. Resulta ridículo que Marilyn Monroe (quien, admitámoslo, no es que fuera una actriz especialmente brillante) protagonice todos los carteles promocionales de 'La jungla de asfalto', cuando en dos horas de metraje, aparece en pantalla un total de dos minutos, si me apuras. Además sus momentos estelares se convierten en ridículos. Parece ser que cuando está en pantalla la cámara no es capaz de separarse de ella, como si estuviera aprovechándola al máximo, y sin embargo es algo contradictorio con la trama y con el devenir de la historia. Además, no soporto ver a una persona fingiendo llorar con la cara completamente maquillada y sin atisbo de lágrimas.

En ese sentido, Jean Hagen, que interpreta al personaje de Doll, se come a Marilyn con patatas. No sólo ocupa diez veces más del metraje y con diginidad, sino que sabe llorar con ganas y no le importa que el rímel se le corra y que su cara no aparezca perfecta en la cámara.

Por lo demás, hay una escena aislada que me ha recordado a cierto señorito filmando a su novia.

En ese sentido, Jean Hagen, que interpreta al personaje de Doll, se come a Marilyn con patatas. No sólo ocupa diez veces más del metraje y con diginidad, sino que sabe llorar con ganas y no le importa que el rímel se le corra y que su cara no aparezca perfecta en la cámara.

Por lo demás, hay una escena aislada que me ha recordado a cierto señorito filmando a su novia.
19 de mayo de 2012
Guest (José Luis Guerín, 2010)
'Guest' es la prueba irrefutable de que ser cineasta no es un oficio. Un oficio es mecánico y tiene horarios y límites y cuatro paredes, generalmente. Ser cineasta, y sobre todo amar el cine, no sabe de días ni de cansancio y no sabe qué es no ser cinesta, no sabe qué significa no amar el cine, ni siquiera sabe parar de mirar salvo cuando duerme. Saber hacer cine es saber mirar, no me cabe ninguna duda. La realidad está delante para todos y de igual modo, y sólo algunas personas saben interpretarla o saben verla. Se dice fácil y rápido. Saber ver. Estoy leyendo el libro que escribió Patti Smith sobre Robert Mapplethorpe y Robert le decía siempre a Patti: Nadie ve como nosotros, Patti. Nadie ve como nosotros, Patti, una y otra vez.
'Guest' es un manifiesto del saber mirar. Me encanta cuando las personas miran a cámara y sientes como si te estuvieran mirando a los ojos, como si estuvieran al otro lado, increpándote, acusándote o comprendiéndote. Si estas personas miran a cámara es porque delante de ellos no hay ojos. Lo que tienen delante es un objetivo, igual de redondo, igual de brillante, igual de ávido.

La vida es siempre material de filmación, es de lo que están hechas las historias y también las no-historias, sin guión, sin intérpretes. Uno de los personajes le dice a Guerín: Todavía no me ha aclarado usted si documental y película es lo mismo. Chantal Akerman lo aclara al final, gritando que no hay diferencia. Y cita a nuestro querido Jean-Luc: una buena ficción tiene siempre algo de documental en ella, y un buen documental siempre tiene algo de ficción. Yo misma todavía no he sido capaz de distinguir dónde acaba la vida y empieza el cine, y viceversa.
'Guest' es un manifiesto del saber mirar. Me encanta cuando las personas miran a cámara y sientes como si te estuvieran mirando a los ojos, como si estuvieran al otro lado, increpándote, acusándote o comprendiéndote. Si estas personas miran a cámara es porque delante de ellos no hay ojos. Lo que tienen delante es un objetivo, igual de redondo, igual de brillante, igual de ávido.

La vida es siempre material de filmación, es de lo que están hechas las historias y también las no-historias, sin guión, sin intérpretes. Uno de los personajes le dice a Guerín: Todavía no me ha aclarado usted si documental y película es lo mismo. Chantal Akerman lo aclara al final, gritando que no hay diferencia. Y cita a nuestro querido Jean-Luc: una buena ficción tiene siempre algo de documental en ella, y un buen documental siempre tiene algo de ficción. Yo misma todavía no he sido capaz de distinguir dónde acaba la vida y empieza el cine, y viceversa.
17 de mayo de 2012
Dark Shadows (Tim Burton, 2012)
Mi relación con Tim Burton es vieja. Cuando era pequeñita mi madre tenía la colección de "Cine de hoy" (el hoy eran los 90) donde uno de los títulos era 'Eduardo Manostijeras'. Me vi toda esa colección, y mis preferidas las repetía hasta la saciedad. Eran otros tiempos y la cultura cinematográfica se construía en base a los videoclubs y los VHS que tenías en casa. 'Eduardo Manostijeras' era de mi favoritas, por lo que la pude ver, sin exagerar, más de 30 veces. Claro que no sabía quién era Tim Burton, ni siquiera reconocía a Winona Ryder ni a Johnny Deep incluso años después, cuando supe quienes eran Winona Ryder y Johnny Deep.
Tim Burton no era un director que me volviera loca, pero por alguna razón cada vez que salía una película suya, iba a verla. Sin más. Es curioso que haya establecido esta fidelización por alguien que tampoco me parece un genio y cuyas películas olvidaba una vez abandonaba la sala, sin excepción. Las únicas que vi y re-vi con placer fueron 'Eduardo Manostijeras' y 'Mars Attacks'. Después de ver 'Sombras tenebrosas' pienso que quizás sea el momento de dejar de ir al cine por él.
'Sombras tenebrosas' no es la peor película del mundo como parecía anunciar su trailer. Sin embargo tiene momentos tan ridículos que solamente puedes agachar la cabeza y darte una palmada en la frente mientras te invade la vergüenza ajena y te preguntas "pero... ¿por qué?". Es una película increíblemente irregular y mal organizada, hay hilos de la trama como la historia de amor que aparecen y tardan una eternidad en reaparecer, y luego al final de la película pretenden hacernos creer que eran el leitmotiv cuando apenas sabemos nada salvo que se querían mucho. Aunque por otra parte agradezco esto porque esa historia de amor es un co-ña-zo absoluto y la cara de muñeca pepona e inocente de la chica me irritaba hasta decir basta. Sin embargo agradecí que la historia de amor-odio entre Johnny Deep y mi adorada Eva Green diera tanto juego, porque es lo único que le da un poco de vida a la película si nos olvidamos de los momentos épicamente bochornosos. ¿Qué le va a dar vida sino, el personaje del niño problemático del que no sabemos nada salvo que es problemático, la adolescente rebelde que en el último minuto le da por convertirse en una niña-lobo, los chistes fáciles sobre el contraste secular? Pero no todo fue tan terrible como pinta, al menos tenemos la oportunidad de ver en acción a la actriz más bella del universo justito después de Natalie Portman:

Tim Burton no era un director que me volviera loca, pero por alguna razón cada vez que salía una película suya, iba a verla. Sin más. Es curioso que haya establecido esta fidelización por alguien que tampoco me parece un genio y cuyas películas olvidaba una vez abandonaba la sala, sin excepción. Las únicas que vi y re-vi con placer fueron 'Eduardo Manostijeras' y 'Mars Attacks'. Después de ver 'Sombras tenebrosas' pienso que quizás sea el momento de dejar de ir al cine por él.
'Sombras tenebrosas' no es la peor película del mundo como parecía anunciar su trailer. Sin embargo tiene momentos tan ridículos que solamente puedes agachar la cabeza y darte una palmada en la frente mientras te invade la vergüenza ajena y te preguntas "pero... ¿por qué?". Es una película increíblemente irregular y mal organizada, hay hilos de la trama como la historia de amor que aparecen y tardan una eternidad en reaparecer, y luego al final de la película pretenden hacernos creer que eran el leitmotiv cuando apenas sabemos nada salvo que se querían mucho. Aunque por otra parte agradezco esto porque esa historia de amor es un co-ña-zo absoluto y la cara de muñeca pepona e inocente de la chica me irritaba hasta decir basta. Sin embargo agradecí que la historia de amor-odio entre Johnny Deep y mi adorada Eva Green diera tanto juego, porque es lo único que le da un poco de vida a la película si nos olvidamos de los momentos épicamente bochornosos. ¿Qué le va a dar vida sino, el personaje del niño problemático del que no sabemos nada salvo que es problemático, la adolescente rebelde que en el último minuto le da por convertirse en una niña-lobo, los chistes fáciles sobre el contraste secular? Pero no todo fue tan terrible como pinta, al menos tenemos la oportunidad de ver en acción a la actriz más bella del universo justito después de Natalie Portman:

Suscribirse a:
Entradas (Atom)