Le silence de la mer (Jean-Pierre Melville, 1949)
No vi demasiadas películas de Jean-Pierre Melville, y sin embargo le tengo un especial cariño. Porque fue suya una de las primeras películas clásicas que vi conscientemente y que me hicieron sentir amor y curiosidad por el cine clásico. Ésta fue 'Le Samouraï', que además en España fue llamada 'El silencio de un hombre'.
Así que sí, Melville es un hombre muy silencioso, y es curioso porque no nació con el cine mudo. Sin embargo creo que es de esos que, como se suele decir, las mata callando.
Ésta es una de las muy pocas veces que encuentro que la voz en off está justificada y el sonido tan, tan bien utilizado. No puedo casi ni creerme que sea una ópera prima.
La premisa es apetecible: un oficial nazi, un anciano y su sobrina, conviviendo. Y entonces, todo menos el silencio. Durante todo el metraje, el anciano y su sobrina, heridos, cabreados, resentidos, frustrados, no abren la boca ni un segundo, mientras que el oficial nazi expone de una manera extremadamente sensible su alma. Quién nos iba a decir que tuviera una, pero para mi sorpresa, me descubrí diciendo "pobre" refiriéndome a él numerosas (dos) veces.
Es así pues como se establece este diálogo que es en realidad un monólogo. Esa manera de hablar con todo lo demás que no son las palabras. De hablar con el cine.

Así que sí, Melville es un hombre muy silencioso, y es curioso porque no nació con el cine mudo. Sin embargo creo que es de esos que, como se suele decir, las mata callando.
Ésta es una de las muy pocas veces que encuentro que la voz en off está justificada y el sonido tan, tan bien utilizado. No puedo casi ni creerme que sea una ópera prima.
La premisa es apetecible: un oficial nazi, un anciano y su sobrina, conviviendo. Y entonces, todo menos el silencio. Durante todo el metraje, el anciano y su sobrina, heridos, cabreados, resentidos, frustrados, no abren la boca ni un segundo, mientras que el oficial nazi expone de una manera extremadamente sensible su alma. Quién nos iba a decir que tuviera una, pero para mi sorpresa, me descubrí diciendo "pobre" refiriéndome a él numerosas (dos) veces.
Es así pues como se establece este diálogo que es en realidad un monólogo. Esa manera de hablar con todo lo demás que no son las palabras. De hablar con el cine.

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