The Tree of Life (Terrence Malick, 2011)

'The Tree of Life' me ha dejado un poco confusa. Leo una crítica que dice: "¿Obra maestra o gran fraude? Probablemente, las dos cosas." Y sí, por momentos la belleza de todos y cada uno de los planos es tan extrema e insoportablemente desmesurada, que el argumento parece una excusa reducida a una línea de guión, y el resto es placer simple y puramente audiovisual. Como sentarse durante horas a observar imágenes absolutamente perfectas e hipnóticas. Es genial, pero, ¿me conduce a alguna parte la belleza si es vacía?
Los 25 minutos de imágenes de peces, dinosaurios, nubes, cielo, fuego, luces, colores, que tanto me han recordado a la odisea en el espacio llevada a cabo por Kubrick, han hecho que más de una persona abandonara la sala, no dispuesta a aguantar las dos horas y media de National Geographic. Andrea y Joy reían durante estas imágenes. Alba, sentada en otra fila, empezaría a llorar minutos más tarde. Ahí el fraude y ahí la obra maestra.

Luego sientes que no, que no es vacía en absoluto, que Terrence Malick está jugando a ser Dios y durante muchos momentos de la película lo consigue con creces. Que está intentando filmar La Vida, nada más y nada menos, desde que nace hasta que muere. Y crees estar ante la obra absoluta, la más perfecta enciclopedia del ser, y te fatigas, y creces, cumples años ante la película, y quieres cerrar los ojos a medida que la vida no se acaba, pero simplemente no puedes hacerlo porque estás atrapado por la belleza tan profunda y táctil de estar en el mundo.

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