Curse of Chucky (Don Mancini, 2013)

Ayer fue la Nuit Fantastique, organizada en Nantes a manos de la Absurde Séance. En los últimos años he podido disfrutar de unas cuantas "noches fantásticas". El principio es siempre el mismo: películas de terror/serie b/mal ambiente, comida basura hasta el vómito, mantita, buena compañía, churros al amanecer, qué mejor.

Sin embargo, todas se quedan a la sombra de las organizadas por Cineuropa. Recuerdo un año en el que salí de la sala a las 14h del mediodía tras haber entrado a las 20h del día anterior y sentir que eres un ser humano venido de otra galaxia, con las ojeras grabadas a fuego y los ojos inyectados en sangre y vísceras de toda la noche y el sabor a ira y tensión aún en la boca. Y es que las programaciones del Cineuropa eran casi siempre caviar en bandeja. No tenían miedo a proyectar la triología del odio de Sion Sono regalándote 8 horas y media de peleas entre cuerpos descuartizados y alternártela con una bizarrada llena de humor sobre violaciones grupales a manos de Armando Bó y pasarte después cosas como Hors Satan, la película más lenta del universo después de El caballo de Turín. Todo eso a un precio al que casi daba ganas de dejarle el doble de propina y un chocolate calentito con churros al amanecer. Ay. Nunca volví a encontrar nada parecido.

Claro que si tengo en cuenta estas noches fantásticas que Santiago me regaló, la Nuit Fantastique de ayer fue lo más parecido a un aborto que he experimentado en mi vida. Tan solo 4 películas de las cuales solo 2 me llamaban la atención. La noche empezó con Chucky y la disfruté como una enana y pasé sustos de saltar en la butaca y me reí a carcajadas (paralíticas y lesbianas, what else?) y luego de repente, zas, una película sobre un doctor Frankenstein nazi que en la II Guerra Mundial en Moscú construye seres recolectando miembros de los caídos. A los 15 minutos ya estaba durmiendo, teniendo en cuenta que la noche anterior había dormido cuatro horas y que al "día siguiente" me tenía que levantar a las 8:30 para ir a trabajar, nada, que nos hacemos viejos. Una gallega (aquí tendría que haber escrito galleta pero como no he dormido, gallega me parecía una opción igual de aceptable) reseca a la que llamaron desayuno a las 3:30 de la noche y a la cama, pensando en la vieja gloria que fui.



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